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Sábado, 20 de Julio de 2019

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El arzobispo no aporta pruebas contra Román aunque reconoce lo problemático de su grupo

  • Monseñor Martínez dice que siempre ha actuado como le ordenaba el Vaticano
  • El prelado asegura que condieró verosímil el relato del denunciante de abusos sexuales
  • Asegura que David nunca le dio detalles sobre hechos en los que basar la condena
  • El arzobispo achacaba algunos posibles males del clero granadino a las "influencias jesuíticas recibidas" en su formación

El arzobispo de Granada: "Nunca supe de los abusos sexuales de los romanones" / VÍDEO: ATLAS

Quinta jornada del juicio por el caso de presuntos abusos sexuales en la Iglesia de Granada. El arzobispo ha confirmado la existencia del "clan de los Romanones", aunque no con ese nombre.

Ha calificado al grupo como un problema constante para los propios curas y para la diócesis, por sus discutidas formas pastorales; aunque ha asegurado que nunca ha recibido como obispo ninguna queja relacionada con implicaciones sexuales ni del grupo ni del padre Román, único acusado en el caso.

El arzobispo no ha dudado en admitir ante el tribunal el liderazgo férreo de Román Martínez sobre su grupo de curas. Sin embargo, monseñor Martínez no ha podido aportar al tribunal ningún dato concreto que sirva de prueba condenatoria contra el padre Román.

Para contratiempo de la acusación, el abogado del joven denunciante, ha tenido que renunciar al posible testimonio de cargo de un joven que en su día también denunció a Román por abusos sexuales, aunque la denuncia no prosperó. La prueba ha caído por la incomparecencia del joven por segundo día consecutivo.

Monseñor Martínez ha dicho al tribunal que desde el primer momento él mismo otorgó verosimilitud al relato que le hizo el joven denunciante como también se la otorgó la primera investigación eclesial. Sin embargo, el prelado ha dicho que David, el chico que llegó incluso al Papa con su denuncia, no le habló nunca ni de masturbaciones ni de penetraciones; solo de "lo que había sufrido en la parroquia desde los 14 años; de que lo buscaban para relaciones homosexuales; y de que los curas se exhibían desnudos en la casa".

El arzobispo ha rebajado a meras conjeturas iniciales sus indicaciones al Vaticano en las que, en un primer momento, llegó a hablar de la necesidad de investigar a todos los curas del grupo de Román al considerar que pudieron haber sido víctimas de abusos sexuales siendo seminaristas para después pasar a ser cómplices.

Monseñor Martínez ha explicado al tribunal que siempre actuó en el caso como le fue indicando el Vaticano. Además, ha asegurado que la investigación interna de la Iglesia contra el padre Román y la docena de curas y seglares inicialmente denunciados está parada por el Vaticano desde que el juez instructor del caso civil así lo pidió. Se retomará, por tanto, cuando se produzca la sentencia, como ha confirmado a los periodistas tras salir de declarar como testigo. El prelado granadino ha mostrado su confianza en la justicia

Tras su declaración, el arzobispo ha sido recibido en Plaza Nueva con gritos contra la pederastia en los que, además, se le pedía que vigilase a sus curas. Los gritos, proferidos por varias jóvenes del entorno familiar del denunciante, pedían al arzobispo que se levantase del suelo, en referencia a la oración que, junto a varios canónigos, realizó en la catedral tumbados boca abajo. El prelado ha declarado en el juicio que esa oración se hizo para pedir perdón por los pecados de la Iglesia y no como reconocimiento expreso de ninguna responsabilidad concreta.

Los Romanones

El arzobispo de Granada ha reconocido ante el tribunal que el grupo del padre Román ha sido siempre un problema para la diócesis de Granada y que su líder actuaba en nombre de los miembros del colectivo, que trabajaba y vivía al margen del resto de curas.

A preguntas de la magistrada ponente, Monseñor Martínez ha dicho que es bueno que los curas puedan vivir en comunidad. Con los periodistas, sin embargo, ha sido más breve en la calle pero más explícito, al asegurar que siempre que la vida "sea sana" en esos grupos.

El arzobispo ha dicho que su relación con Román Martínez fue correcta pero distante y que la existencia de un grupo cerrado de curas que él controlaba era algo "notorio". Ha venido a decir la personalidad de Román es arrolladora. De hecho, en un informe preliminar al Vaticano llegó a hablar de una posible respuesta violenta del sacerdote ante alguna agresión que el grupo considerase estar recibiendo del exterior.

El prelado llegó a calificar al grupo por escrito de "cerrado con defensa exacerbada" de sus intereses, algo que hoy no ha negado. Esos documentos formaban parte del expediente canónico del caso que el arzobispo entregó al juez tras varias peticiones en este sentido. Monseñor Martínez ha dicho este viernes que la investigación interna fue entregada al juez civil solo cuando el Vaticano, la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo autorizó expresamente.

En esos documentos secretos, el arzobispo achacaba algunos posibles males del clero granadino a las influencias jesuíticas que podrían haber recibido en su formación.

Monseñor Martínez ha aprovechado entonces una pregunta sobre el asunto para atacar indirectamente a la Facultad de Teología de Granada. Incluso ha llegado a decir que algunos de sus profesores han tenido que ser separados por Roma de su cátedra. El arzobispo retiró a los seminaristas de la Facultad y creó un instituto propio de formación universitaria para los seminaristas de la diócesis granadina.

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