Sábado, 15 de Agosto de 2020

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Mario Ocaña

‘Contra la violencia machista’

La violencia contra las mujeres es un azote que no cesa, que debería avergonzar a nuestra sociedad como en otro tiempo lo hizo la existencia de la pena de muerte o de la esclavitud.

Firma Mario Ocaña, 'Contra la violencia machista'

Llevamos un año trágico. La violencia contra las mujeres es un azote que no cesa, que debería avergonzar a nuestra sociedad como en otro tiempo lo hizo la existencia de la pena de muerte o de la esclavitud. El caso es que, desgraciadamente, es raro el día en que no se nos pone el corazón en un puño viendo escenas que parecen sacadas de una película de terror, y en la que los protagonistas son una mujer maltratada y su maltratador.

¿Nacemos siendo violentos o eso es algo que se aprende en el entorno familiar y social? A mi me parece que los cachorros de cualquier especie, incluida la nuestra, no nacen con esas inclinaciones a la violencia. Por lo tanto: si la violencia se aprende ¿por que no se puede aprender la no-violencia?

Estoy seguro de que se puede enseñar y me consta que en muchos centros educativos se hace un gran esfuerzo por parte de profesores, tutores y padres por educar a los niños y a las niñas en la resolución de problemas por medio del acuerdo o del dialogo sin recurrir al bofetón o la patada.

Claro está que el entorno social hoy está mucho más lejos que el colegio o la familia. No dejan de sorprenderme los arquetipos, los papeles, que la sociedad, a través de los medios de comunicación de masas, intentan imponernos – consiguiéndolo muchas veces – de los roles que deben adoptar los niños/hombres y las niñas/mujeres.

Quizás un primer paso para ir eliminando esa desigualdad que nos marca casi desde la cuna sería exigir la existencia de un modelo educativo en el que niños y niñas coexistiesen desde su más tierna infancia, aunque en un país como el nuestro pedir cordura y racionalidad pedagógica a los que nos gobiernan es como intentar andar sobre el mar sin acabar en el fondo.

Tampoco estaría demás eliminar o reducir las desigualdades que existen en cuestiones laborales en las que, salvo excepciones, son las mujeres las que salen peor paradas y más discriminadas. Puede que eso – la igualdad salarial, cultural y económica – hiciese que para la mentalidad machista desapareciera el concepto de inferioridad femenina que es, según los expertos, la causa principal del mal trato.

En estos días la ONU en el Día Internacional por la eliminación de la Violencia contra las Mujeres ha urgido a los líderes políticos del mundo a arbitrar medidas para acabar con esta lacra, entre ellas ratificar los acuerdos internacionales, adoptar y cumplir leyes para poner fin a la impunidad de los maltratadores, hacer que la justicia sea accesible a mujeres y niñas, poner fin a la impunidad frente a la violencia sexual, presupuestar recursos adecuados, aumentar la conciencia pública y la movilización social, involucrar a los medios en la creación de una opinión antiviolencia, etc.

Confiemos que seamos capaces de eliminar más pronto que tarde esta violencia sin sentido de los corazones de las personas.

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