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Domingo, 21 de Julio de 2019

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La Policía destaca el testimonio "deshonesto" del padre Román y "honesto" del denunciante

El reconocimiento médico al sacerdote que se siente en el banquillo por supusto abusos sexuales no corrobora los detalles anatómicos descritos por el denunciante

El padre Román, único procesado en el caso conocido como Romanones, en la Audiencia de Granada / ()

Las peritos forenses que realizaron un reconocimiento de la zona genital del padre Román, único acusado del caso Romanones de un delito de abuso sexual continuado con acceso carnal contra un menor, han descartado que éste presente las características descritas por el denunciante.

Lo han hecho en la séptima sesión del juicio que se celebra en la Sección Segunda de la Audiencia de Granada contra el sacerdote, que se enfrenta a la petición de la Fiscalía de nueve años de cárcel, y al que practicaron en noviembre de 2014 un examen fisiológico.

Aunque el denunciante explicó en sus declaraciones que el cura presentaba manchas, estaba circuncidado y tenía estrías, los forenses han descartado la operación de fimosis y no han sido concluyentes respecto a la pigmentación de la piel.

También han detallado en su declaración que no realizaron un examen forense a la presunta víctima sobre posibles lesiones provocadas por los hechos denunciados y han aclarado que las violaciones o posibles penetraciones dejan huella física en función de la desproporcionalidad de fuerzas de los implicados.

En la sesión de hoy también han declarado el inspector jefe de la Unidad Central de Inteligencia Criminal de la Policía Nacional y una inspectora del mismo área que realizaron un análisis de conducta de los testimonios vertidos en diferentes declaraciones por el sacerdote y su denunciante.

Se trata de la primera vez que un juzgado granadino cuenta con una prueba de análisis de conducta, por lo que han recalcado que sus periciales se mueven "siempre en el terreno de la hipótesis" aunque tienen una base teórica y resultan "rigurosos".

En sus informes, que han ratificado durante el juicio, concluyeron con un análisis de una de las declaraciones de imagen y sonido del acusado que su testimonio fue "bajamente honesto", al contrario que el denunciante, de cuyas palabras y comunicación oral y corporal concluyeron que ofrecía un testimonio "altamente honesto".

Han reconocido que la presunta víctima "incurrió en errores o contradicciones" aunque también que su actitud fue de "alta honestidad, justo lo contrario" a la declaración del sacerdote, "compatible con la deshonestidad".

Los agentes han descrito un tic en una pierna mantenido por el denunciante durante media hora, "una muestra de la intensidad emocional de lo que está relatando" y que estuviera "más cerca que lejos" de los investigadores, porque no los veía una amenaza, actitud contraria a la que han descrito del único acusado.

Han considerado que pese al tiempo pasado existía entre víctima y procesado un "vínculo muy poderoso a pesar de que sea por una experiencia traumática, como pasa en casos de violencia de género con mujeres que sufren un infierno".

Sobre el padre Román, los agentes de la Unidad Central de Inteligencia Criminal, psicólogos además con formación especializada, han explicado que exhibía "mucha diferencia" en su comportamiento cuando hablaba de "temas inocuos" que cuando lo hacía sobre preguntas acusatorias y han destacado de él un "manejo emocional".

Han descrito además su uso del humor durante su detención y la falta de simetría en el reflejo de sus emociones, que se presenta cuando no es "del todo real o puede ser fingido" y que trató de controlar sus reacciones para, hipotéticamente, "ocultar información que le pudiera perjudicar".

Los agentes han reiterado que el denunciante no simuló respuestas en los cuestionarios que le realizaron.

El juicio continua la próxima semana con dos sesiones para nuevas periciales y las conclusiones definitivas de las partes.

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