Últimas noticias Hemeroteca

Martes, 10 de Diciembre de 2019

Otras localidades

El sacrosanto derecho a ser un perfecto gilipollas

En su columna número 44, Manu Sánchez, la dedica a la libertad de expresión

Lo que más me gusta del humor es su maravillosa capacidad de joder, lo de divertir: una lúdica consecuencia inevitable, ya que jodidos unos, se ríen los de enfrente, pero sinceramente, si me dan a elegir, a alguna gente que la entretenga su puñetera madre. Yo hago humor porque molesta. Y el secreto radica en saber elegir bien a quién. En la puntería está el mérito. Reírse, puede uno reírse de todo, y de todos, pero poder no es querer, y querer no es saber. El humor es la forma más limpia de matar, la única que concibo, el humor es el crimen perfecto, donde la víctima queda viva, para poder contestar o para ver como sus enemigos se descojonan de ella, y si la broma es realmente buena el propio matado hubiera preferido un tiro y el tirador queda finalmente absuelto. Ponerle límites al humor es la última gran trampa, la pantomima definitiva, la conspiración de los imbéciles, golpe de Estado de mediocres y malajes, que si tuvieran huevos y capacidad en lugar de con denuncias, contestarían con un chiste mejor y entonces descubrirían el placer de quedar realmente satisfechos. El humor es el eufemismo que los necios han descubierto ahora para conjurar contra el más intocable de los derechos: la libertad de expresión.

Lo único peor que los que atacan este derecho diciendo que el humor es un agravante intolerable, son los que para defenderlo argumentan el humor como si fuera un inocente atenuante, como ir drogado, actuar bajo miedo insuperable o sufrir alguna alteración psíquica: “Solo es una broma, no puede usted molestarse”. ¿Solo?...y les parecerá poco. Si es una broma, no solamente puede molestarse, debe molestarse, y si soy yo quien se la ha hecho para molestarlo, espero que no pueda evitar darse por jodido, así que no sabe cuánto me alegro. El humor hace daño. ¡Gracias a Dios! Si no paren que me bajo. La gran complicación es conseguir dañar solo a quien se pretendía hacerlo.

El humor es la máxima expresión de la libertad de ella misma. El humor no es más que la forma generosa de esa libertad ejercida con inteligencia, del que no se conforma con expresarse si no que además quiere echarse unas risas. La pirueta social que hace la mala leche para poder pasearse en público, la hija educada y simpática de la ostia sin manos, pero con gracia.

La libertad de expresión es el Sacrosanto e inalienable derecho que todo el mundo tenemos a quedar como un perfecto gilipollas. Como diría el belga Raoul Vaneigem en su libro “Nada es sagrado, todo se puede decir”: “No hay un uso bueno o malo de la libertad de expresión, tan solo un uso insuficiente”. Que todo el mundo diga absolutamente lo que le de la gana, sin más frenos ni cortapisas que las consecuencias sociales que sean capaces de asumir. Ríanse absolutamente de lo que les de la gana, pero que no pretenda Arévalo que lo adoren los gangosos. ¿Le encanta Hitler? Dígalo si quiere, pero no espere que lo inviten a muchos cumpleaños. ¿Adoras a Franco? Grítalo cara al sol porque yo defenderé desde la sombra de una cuneta tu libertad para hacerlo. ¿Te hacen gracia los atentados de ETA? Adelante, haz bromas en Twitter, pero no esperes encontrarme entre los que se estarán riendo. No existe mayor ingenuidad que pensar que se puede terminar con los gilipollas prohibiéndolos. Hay más carajotes que botellines y más malajes que perros descalzos. No quiero que los admiradores de los dictadores se lo callen en público porque está prohibido, si no porque socialmente sea lógicamente un suicidio. Quien crea que Carrero Blanco era la bomba que lo diga, y que lo ponga por las nubes, pero Tampoco quiero que hacer chistes de atentados terroristas sea subversivo, rebelde ni trasguesor. Dejen ejercer a los gilipollas su derecho a gritar que lo son. Tolerar no es avalar. No les den más excusas para seguir escondidos. Son nuestros familiares, consiguen ser nuestros amigos, se hacen pasar por nuestros vecinos y están cerca de nuestros hijos. Déjense de leyes que los protejan. La libertad de expresión no se toca. Dejen de intentar ponerle límites a la libertad, no olviden que el humor es precisamente la mejor forma de saltárselos. A fin de cuentas el humor es la cristalización más inteligente de la mala leche del ser humano, y de ahí le viene su carácter de inevitable, impredecible, inenjaulable y por supuesto infinito. Saber hacer un buen chiste con mala baba conlleva una gran responsabilidad.No le teman a la libertad. No le busquen los límites porque no los tiene. No quieran esconderse a ustedes mismos que vivimos rodeados de gilipollas. Aprovechemos para identificarlos. Y no les teman, para eso estamos los graciosos, para no dejarlos vivos ni de broma. Y por mucho que quieran prohibirnos, en el fondo lo que les jode… es que además de ser más listos que ellos, nos odian porque estamos buenos.

Fdo: Uno que cree en la libertad de expresión como el mayor de los tesoros, y lo único sagrado. Ya sea gracioso o no lo expresado. Uno que tiene la suerte de hacer reír a quien quiere pero sobre todo el lujo de joder a quien pretende. Porque los límites del humor no se ponen por fuera, si no por dentro y yo seré un gracioso para uno y un gilipollas para otros. Pero que lo que más me gusta del humor es su maravillosa capacidad de joder, y a los gilipollas que los entretenga su puñetera madre.

FUERA:

Uno que piensa seguir usando el humor con odio contra el yogur de pera, el que parte las pizzas en el Telepizza pero mu flojito y el que por humillar compra delante de ti las cajas de preservativo de doce. Y el que se ofenda que desenfunde y si le joden mis chistes, que se la juegue y me responda con otro. Y no me negarán que la mala idea del ser humano no conoce horizonte ni fin. Yo solo me siento orgulloso de una cosa en mi vida y es en que en el ejercicio del humor siempre jodí justo al que quería joder. Porque el humor jode, y hasta ese que llaman blanco de tartazo y resbalón acaba con un payaso humillado y en el suelo. Yo siempre disfruté más si hacía yo la tarta, elegía yo al payaso y sabía que la humillación se la merecía. Dejen al humor en paz, claro que molesta, tiene que molestar, y los límites nunca se podrán poner por fuera, los límites viven dentro de cada uno. Dicen que la risa es el orgasmo de la mente, y a mi en esta bacanal de masas grises me pone tela ser el gracioso que se tira los cerebros.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?