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Miércoles, 29 de Enero de 2020

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‘Casi tres décadas desde el primer cadáver sobre la arena’

Forman parte de las estadísticas, pero son mucho más que eso. Son personas que un día decidieron cruzar la frontera que separa el sur del norte

Firma Carmen González, ‘Casi tres décadas desde el primer cadáver sobre la arena’

Forman parte de las estadísticas, pero son mucho más que eso. Son personas que un día decidieron cruzar la frontera que separa el sur del norte. Muchas de ellas, incluso, han dejado y siguen dejando la vida a golpe de ilusiones que jamás serán cumplidas. Muchos son rescatados, pero otros muchos, y el número concreto nunca se sabrá, se quedan por el camino. Las rutas de la inmigración irregular han vuelto a reactivarse en las aguas del Estrecho de Gibraltar.

La llegada de pateras, de madera o hinchables, a veces muy pequeñas, vuelve a ser constante. El ejemplo lo tenemos el pasado fin de semana. Desde el viernes día 16, más de cincuenta personas fueron rescatadas y trasladadas a Tarifa o Barbate. Una cifra que asciende a más de 150 si nos remontamos al pasado 24 de marzo. Según datos oficiales, la cifra de personas rescatadas en aguas del Estrecho en lo que va de año y hasta primeros de abril asciende a 735. Y eso sin hablar de los rescatados en el Mar de Alborán o en Canarias.

Pero atrás quedan los muertos, inmigrantes que nunca llegarán a ver la Europa de sus sueños, entre ellos una madre y su hija de diez años, aprisionadas bajo la patera junto a la isla de Alborán, hace pocos días.

El año que viene se cumplirán treinta desde que apareció en la tarifeña playa de Los Lances el primer cadáver. Fue el 1 de noviembre de 1988. Era un joven magrebí y se había ahogado. Apareció a primeras horas del día tumbado, boca arriba, sobre la arena. Muy cerca, había una embarcación de madera. La Guardia Civil localizó a varios hombres deambulando por la carretera. Todos habían salido la noche anterior de Tánger tras haber pagado 35.000 pesetas (unos 210 euros/entonces mucho dinero). Más tarde fueron apareciendo otros cadáveres. Viajaban 23 personas y solo sobrevivieron cinco, los únicos que sabían nadar. No se trataba de un naufragio. Se confiaron, creyeron que no cubría y se ahogaron.

Recuerdo perfectamente la fotografía de este joven. La imagen la tomó mi compañero profesional durante muchos años Ildefonso Sena y dio la vuelta al mundo. Ahí comenzó la tragedia del Estrecho. Sin lugar a dudas sin la Cruz Roja, sin los efectivos de Salvamento Marítimo o de la Guardia Civil, habría más muertes. Primero llegaban marroquíes hombres, luego mujeres, niños, menores no acompañados. Luego subsaharianos.

Y luego llegó el visado, lo que generó un aumento de llegadas de inmigrantes sin “papeles”. Personas que intentaban llegar a Europa buscando un sueño, el que se mostraba a través de las TV. Y todo esto ha ido unido a los problemas relacionados con la trata de seres humanos: racismo, xenofobia, agresiones sexuales etc y, por supuesto, las mafias. Controles en el Estrecho y después otras rutas: Almería, Murcia, Canarias... Y después la ley de extranjería.

Entonces surgieron los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE): En la comarca tenemos dos, uno en Algeciras y otro en Tarifa, el primero es una antigua prisión y el segundo pertenecía a antiguas instalaciones militares. Ni uno ni otro cumplen condiciones de habitabilidad, pero ahí están. Ahora el Gobierno nos vende un nuevo CIE para Algeciras: “moderno y social”, decía el alcalde hace unos días. Pero habría que tener claro que estas personas, hombres y mujeres inmigrantes no han cometido ningún delito y están encerrados. Incluso comparten espacio con algún delincuente.

A veces se les llama “ilegales”, pero resulta que no hay personas ilegales, sino situaciones concretas de ilegalidad. Tampoco, creo que haya que hablar de “avalancha” o “invasión”. Son términos inadecuados para referirnos a la llegada masiva de estas personas.

El terrorismo, por desgracia, ha puesto además en los últimos años el foco de atención y nuestros miedos dirigidos hacia el inmigrante, hacia el refugiado. Hacia esas miles de personas que, huyendo de las miserias de las guerras solo buscan una vida tranquila, fuera del objetivo de cualquiera de los bandos. Afganistán o Siria, país este último donde la guerra ha expulsado a millones de refugiados, primero a través de la ruta de los Balcanes, después utilizado la ruta Libia-Sicilia, en la que siguen perdiendo la vida miles de personas. Pero si esta ruta se bloquea, quién puede asegurar que los flujos de inmigración de esa zona no se deriven hacia el oeste. Entre Argelia y Almería o Murcia, por ejemplo, hay cien kilómetros menos que entre la costa Libia y la isla italiana.

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