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Domingo, 08 de Diciembre de 2019

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Surnormales

Surnormalidad total, la que vivimos aquí día a día sin la necesidad de ser admirados, valorados, enjuiciados, aprobados, refrendados, despreciados ni mucho menos justificados por nadie

Mi gran amigo Gonzalo Rivas, va en silla de ruedas desde niño gracias a la polio, y dice que Gracias a Dios porque así todo el mundo puede admirar desde arriba su perfecto y envidiable pelo negro, brillante, sano y abundante, ideal para su look Robert de Niro rondeño, que él restriega con elegancia a los piernilargos calvos, enfermedad la alopecia que él reconoce no soportaría y es que Gonzalo opina que eso de que haya calvos es el claro ejemplo de que a Dios muchas veces se le va la mano. Gonzalo, que dice de las personas con discapacidad: que son como los cipreses, que no son tristes pero los ponen en unos sitios, me enseñó desde hace mucho a reivindicar para todos por igual el derecho a la mediocridad. Ya basta de tener que ser virtuoso del violín para compensar la ceguera, o pintar bodegones con los pies para justificar la falta de manos. Todo el mundo tiene derecho a ser mediocre más allá de sus habilidades o falta de ellas.

Y yo hoy hago mío este mensaje para reivindicar desde Andalucía nuestra más absoluta surnormalidad. Surnormalidad total, la que vivimos aquí día a día sin la necesidad de ser admirados, valorados, enjuiciados, aprobados, refrendados, despreciados ni mucho menos justificados por nadie. Ni desde dentro ni desde fuera. Ya vale tener que explicar que aquí hay ferias pero trabajamos mucho, que somos capillitas pero los hay rojos, que tenemos tradiciones pero también poetas, abogados, universitarios, pintores, médicos. Déjennos sencillamente ser surnormales. Sin justificarnos ante idioteces, ataques ni complejos. Surnormalidad pasmosa con la que en esta semana de feria se sale del trabajo con la flor colocada para ir al Real, en algunos casos para seguir trabajando atendiendo forasteros antojadizos de vivir lo nuestro, surnormalidad con la que se escucha carnaval, Leonard Cohen, Puccini, Zenet, Amargura, Camarón, Sabina, Silvio y Raphael en el mismo momento, surnormalidad con la que te gusta Supersubmarina o no te gusta el flamenco, surnormalidad del director de esta casa, que suelta traje y despacho en gran vía para pintarse coloretes en Carnaval de callejera en la Viña, surnormalidad pasmosa, con la que el odontólogo saca romancero, el filósofo es comparsista, o a tu jefe en tu caseta lo has metido tú de socio, surnormalidad con la que muchos trabajan todo el año como un loco para poder pedir sus vacaciones en el Rocío surnormalmente. Surnormalidad con la que se descubre una cura para el Chron y se investiga con células madres y luego se muere en Semana Santa, surnormalidad de tierra roja confesa pero capillita, porque ve en Jesús al revolucionario que nos falta y en su madre a las nuestras que nos aguantan. Tan surnormales que no necesitamos que nadie nos entienda ni nos admire… que nos dejamos querer pero si van a juzgarnos, como dijo el genio, mejor váyanse a la mierda.

Que para eso somos un montón de surnormales. Surnormalidad con la que la vida aquí sigue todo el año, entre luchas de hipotecas, paro, universidades, récords de trasplantes, un campo machacado, pescadores maltratados, puertos ninguneados, fatiguitas y esfuerzos. Pero se siguen empeñando en visitarnos solamente en fiestas, pues nada, pasen y vean, que fiestas hay en todos sitios y no es nuestra culpa que las de los demás a los de aquí poquito nos interesan. Y es lo que tiene el centralismo, que quiere marcar la norma, y pretende conseguir un país de 40 millones de personas en el que 25 vivan en la capital, 10 millones en Barcelona y el resto solo seamos atrezzo y servicios del gran plató para visitantes en el que pretenden convertirnos el resto de España.

La normalidad oficial (que considera normal vivir a 500kms de la playa y servir como típico bocata de calamares) nos sonríe y perdona por surnormales, (y mira que somos los que les mandamos los calamares) y de manera condescendiente y paternalista nos afea la surnormalidad de no pedir perdón por la Expo, y por la Semana Santa, y por las Ferias, y por tener la nieve al lado de la playa, y por Doñana, y el desierto, por Marbella, por los Caños, por Barbate, y aunque no se lo crean por no beber durante todo el año rebujito, perdón por tener de manera tan surnormal arte, gracia, empatía, alegría y hasta coraje. El suficiente como para entender lo que pretendes, ya que querido centralismo si yo fuese tú también lo haría y seguiría tratando a mi tierra como una mentira, como un sueño, como un lugar al que venir solo de escapada y vacaciones, como un fallo del sistema, como una anormalidad entre pintoresca y curiosa… porque así supongo se te hace menos duro volver a tus largos días de barrio periférico, húmedo frío, boina de humo tóxico y mañanitas de metro.

No seré yo quien luche más por despertarte de ese gran error. Ya que entiendo que hacernos sentir de menos es el gran plan que tienes para hacer sentir de más a tu ego. Y es que aquí estamos tan acostumbrados a sufrir y pelear que los días de Fiesta se viven… a diferencia de otros lugares donde cuando llega un día de Fiesta… se huye. Normalmente a vivir nuestras fiestas con nosotros. Y os recibimos con los brazos abiertos porque a fin de cuentas somos surnormales y nos encanta compartir con todo el que quiera fliparlo la surnormalidad del cuento.

Fdo: Un surnormal, enamorado de la surnormalidad con la que somos diferentes; que nos hace únicos y ante la que reivindico dejar de justificarnos, porque ser surnormales es lo que nos defiende de convertirnos como otros sitios, en una sucursal más de cualquier normalísima parte. Y ajolá llegue el día en el que inviertan la energía de mirar por encima del hombro, en sonreír, entender quien sabe de esto, y den el sabio paso de convertirse por fin en un surnormal de los nuestros.

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