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Viernes, 28 de Febrero de 2020

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Aun sin trofeos, un Antonio Ferrera en estado de gracia se adueñó de la tarde

López Simón cuajó al tercero, el mejor toro del encierro del Pilar, pero falló con la espada, mientras que Padilla pechó con el peor lote

El torero Antonio Ferrera sujeta la cabeza a su segundo toro, de la ganadería de El Pilar, durante el par de banderillas en la decimotercera corrida de abono de la Feria de Abril en la Real Maestranza de Sevilla / ()

Aun sin cortar orejas, aunque en su primero hubo petición más que suficiente, el diestro extremeño Antonio Ferrera se adueñó del festejo celebrado este Sábado de Farolillos en La Real Maestranza y puede que de la Feria, mostrando el estado de gracia por el que atraviesa en todos los tercios y dejando para el recuerdo un toreo a la verónica sublime por lento y templado.

Se han lidiado toros de El Pilar -el quinto como sobrero- bien presentados, mansos en conjunto y de escaso juego a excepción del tercero, un toro muy noble que humilló mucho en la muleta.

Juan José Padilla, de grana y oro con cabos negros, ovación en ambos.

Antonio Ferrera, de grana y oro, vuelta al ruedo tras petición y vuelta al ruedo tras dos avisos.

López Simón, de tabaco y plata, ovación y silencio.

La plaza registró casi tres cuartos de entrada en tarde soleada y calurosa.

Padilla le aplicó oficio y temple a un primer toro con muy poca vida, que llegó agotadito a la muleta. El cuarto lo brindó al público y en los medios le enjaretó un par de series estimables, pero el toro y con él la faena fue a menos.

La tarde fue de Ferrera, que le pudo al manso segundo en la querencia de chiqueros después de que el animal lo pusiera complicado en el tercio de banderillas compartido con Padilla al echar la cara arriba. Cayó baja la estocada, pero hubo petición que no atendió el palco. En el quinto, llegaron las mejores verónicas por templadas y casi a cámara lenta de lo que llevamos de Feria, un quite torerísimo y un intenso par de banderillas. Lamentablemente, el toro, que parecía bueno, se partió una mano antes del tercer par y, ya con el tercio cambiado, fue devuelto a corrales en un gesto de sensibilidad taurina por parte del presidente. Con el sobrero, tan noble como justito de fuerza, otra faena plena de temple y oficio a media alturita que terminó poniendo al público en pie. La pena fue que ese toro se puso complicado para entrarle a matar, tapándole la salida al torero y poniéndolo en serios apuros.

López Simón se llevó el mejor toro del encierro, el tercero, una animal noble, muy humillado y que embestía tan templado que resultó algo pastueño y faltó de emoción. Pero el madrileño lo aprovechó en varias series por ambos pitones. Tenía una oreja en la mano y dependiendo de la espada podrían haber sido dos, pero los tres pinchazos previos a la estocada definitiva lo dejaron todo en una fuerte ovación para toro y torero. El sexto, sin fuerzas, no le dio opciones peses a que Simón lo intentó en vano.

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