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Crónica de otra guerra perdida: divisionarios gallegos en Rusia

Gerardo Dorado, a sus 99 años, recupera las vivencias que ha pasado con la División Azul en la URSS

Gerardo Dorado, miembro de la División Azul española en la URSS /

Corrían malos tiempos. Apenas dos años de rematada la Guerra Civil, era 1941, con la hambruna haciendo estragos, en plena efervescencia la Segunda Guerra Mundial y Alemania esperando algún gesto del nuevo gobierno de Franco que finalmente se concretó en la creación de la que se bautizaría como División Azul, ideada, según algunos historiadores por los falangistas. En realidad era la 250 División de Voluntarios Españoles de la Wehrmacht.

En la división azul participaron Unos 46.000 hombres de los que 4.954 murieron

Muchos fueron los españoles que se alistaron en esta aventura, que los conduciría al frente soviético y a un gran número a la muerte o al padecimiento de los implacables gulags. “La gloriosa epopeya de los voluntarios españoles en la lucha contra el bolchevismo”, proclaman desde el Nodo, en la despedida de este contingente del que apenas quedan supervivientes. Los que quedan rondan el siglo.

El hambre, un espíritu aventurero, fidelidad al regimen o incluso jóvenes que pretendían purgar los pecados de sus familias que habían sido republicanos. Esas son algunas de las razones para enrolarse y hacer casi cinco mil kilómetros, los últimos 1200 a pie.

Soldados de la División Azul / Schröter - Biblioteca Virtual de Defensa

Es el caso del lucense Gerardo Dorado, a punto de cumplir 99 años, que vivió en primera persona la Guerra Civil y después se hizo voluntario de la División Azul. En el 37 le llamaron a filas. Se incorporó a Astorga y un mes más tarde ya estaba en el frente en León. “Pertenecíamos a un batallón que venía de África”, se esmera en recordar este divisionario que no pierde la sonrisa, ni el buen humor.

Después otra vez para Africa y ahí, una vez concluida la Guerra Civil, es cuando asoma su empeño de embarcarse en esta odisea que le llevó a Rusia, pasando por Ceuta, luego Sevilla, Berlín y Polonia. Ya desde Polonia más de 1.200 kilómetros “a pie” sorteando temperaturas extremas, la más baja “53 grados bajo cero”. Una experiencia la del frío que le hizo observar como a algún compañero le tuvieron que amputar los veinte dedos, de mano y pies.

“Aún lo cuento hoy”, resopla al tiempo que se recrea en que conoció “varias razas”, en el frente ruso; alemanes, italianos, rumanos, pero “como el español nada” suelta eufórico. La comida fue una de las razones que le llevaron a Rusia, o el hambre en su caso, dentro de ese contingente de unos 46.000 hombres de los que 4.954 murieron, casi 9.000 heridos de los que 2.100 resultaron mutilados y casi 400 fueron hechos prisioneros.

Mariano Tejero es hijo de un oficial lucense que también combatió contra la Unión Soviética (hoy Rusia). Hijo de un teniente que el siete de julio de 1941 era movilizado. Con más suerte que Gerardo habida cuenta que Mariano Tejero (se llamaba igual que el hijo) era teniente, hace el mismo itinerario de Sevilla, Francia y Berlín. El 26 de julio se le designa Jefe Superior al mando de la tercera columna de la División Española de Voluntarios, pero su traslado se hace en una brigada móvil alemana (moto y sidecar) hasta el frente ruso.

“En uno de los combates sufrió congelamiento. Al cabo de un mes le dieron la baja por agotamiento físico”, narra Mariano quien rememora de su padre que “prácticamente no hablaba nada” de su experiencia. “Lo que decía es que pasó mucho frío”, evoca quien guarda su legado con numerosas fotografías de su padre con alemanes, o el sable que le regaló un oficial de la Wehrmacht y también condecoraciones.

En el caso de Gerardo la escasez de comida era tal que rememora con sorprendente precisión como cuando estaba en África le dieron un plato “de caldo, solo con nabizas y 27 garbanzos”.

Miembros de la División Azul con una enfermera / Archivo Biblioteca Nacional de Defensa (CC)

 

El idioma, una barrera

“No les entendíamos nada, ni a los alemanes tampoco”, tercia el anciano que al igual que Mariano Tejero fue herido durante un ataque que sufrió su unidad a cargo de la aviación rusa. No obstante tira de orgullo “patriótico” y dice que fueron capaces de abatir a dos aviones. Apenas habían transcurrido cinco meses y fue hospitalizado. Posteriormente trasladado a Madrid.

Los cinco meses transcurridos no estuvieron exentos de hazañas, como cuando recogieron a doce “niños de la Pasionaria” que estaban abandonados y que los devolvieron de nuevo a España.

También en Alemania antes de partir para el frente, cuenta como él y cinco compañeros más, otro también de Lugo, fueron ignorados en una “cantina” donde habían pedido unas cervezas. Ese compañero de “Las Arieiras (en el extrarradio de la ciudad amurallada) cogió un banco y lo hizo golpear contra una mesa. Llegaron hasta allí policías militares nazis y cuando “llevábamos doscientos metros” gritó uno de los militares españoles “cada uno por donde pueda” y así esquivaron un casi seguro castigo.

La propaganda franquista, se dedicó en esos años del 41 al 43, a mancillar la imagen del dictador soviético al que se señalaba como el “georgiano sanguinario”. Un reclamo, el del anti comunismo, que no caló tanto entre la tropa. Gerardo asegura que los españoles “trataban muy bien” a los prisioneros rusos frente a los alemanes. Los españoles rebajaban tanto la vigilancia que hasta se permitían jugar a las siete y media, para controlar a los prisioneros en tanto que los nazis cuando los capturaban los ataban con alambres de espino, una crueldad que no dejaba indiferente al contingente español que incluso les ofrecían comida a los rusos.

Despedida a los soldados integrantes de la División Azul tras una comida en el patio del Hospital Militar de Mola antes de Partir / Vicente Martín (Kutxa Fototeka)

 

La Guerra Civil, el primer conflicto

Este veterano divisionario combina serenamente esta “epopeya” con episodios de la Guerra Civil. El uno de agosto de 1937 fue incorporado a filas. Cuatro años después combatía contra los soviéticos. Sin perder cohesión en el relato llega a justificar el porqué de esta guerra, de nuevo perdida. “Fue por pagar una deuda que tenía Franco con Alemania, porque cuando fue la Guerra (civil) aquí mandaron una expedición”.

Unos 9.000 españoles fueron heridos, de los que 2.100 resultaron mutilados

Muchos de los combatientes experimentaron la crueldad de la batalla en el cerco a Leningrado, que no pocos investigadores se afanan en destacar que ha sido de los más violentos asedios en la historia de la humanidad, con miles de muertos. Las autoridades soviéticas reconocieron en su momento que fueron 600.000, una cifra que según algún historiador se podría doblar. Novecientos días, con sus novecientas noches, con presencia también de españoles.

Gerardo tampoco fue ajeno a este lance y revive con lucidez como en medio de la batalla, él y sus “compañeros” se encontraban a un lado “del puente”. Frente a frente con el enemigo. Se abastecían de agua, tenían que burlar a los soviéticos, a través de un lago que estaba helado y tenían que descender al mismo sorteando un sinfín de obstáculos naturales para hacerse con el líquido elemento.

Al joven soldado en aquel momento, con 23 años, originario del concello lucense de Baleira, se le ordenó ir a la “cabeza del puente”. “Ten cuidado me dijeron”, y en eso que vio aproximarse hasta la posición que defendían los españoles a “tres o cuatro rusos” con trajes blancos mimetizados que se confundían con la nieve. “Venían vestidos de blanco, que casi no se notaban. Avisé al cabo que me dijo déjales que se acerquen y haz fuego. Los dejé acercar y disparé con el fusil ametrallador hasta que cayeron todos”, cuenta entusiasmado y presumiendo de sus dotes bélicas.

Despedida a los soldados integrantes de la División Azul tras una comida en el patio del Hospital Militar Mola antes de partir / Iñaki LL (Kutxa Fototeka)

No se quedó ahí. Al día siguiente de la escaramuza a alguien se le ocurrió utilizar esos cadáveres a modo de escaleras para bajar al lago y hacerse con agua potable. “Pasábamos por encima de los cadáveres y así estuvimos un mes en que avanzamos para delante”, describe con total espontaneidad y minuciosamente, con la naturalidad con la que dibuja su paso por el frente ruso. “Aún lo cuento hoy”, bromea y sonríe delante de su hija y su yerno que lo saca a la calle y lo acompaña, también abriéndose a los recuerdos y vivencias del casi centenario.

Fueron meses muy intensos los que se guardan en la memoria de Gerardo, que se lanzó a la guerra por el hambre y que no tiene reparos en confesar en muchos momentos de la conversación. Forma parte de la historia de este país y de ese batallón de españoles espoleados por el franquismo y los falangistas que no se amedrentaron ante el frío, ni ante otras calamidades, que supieron convivir con la población soviética y que fueron testigos de otra guerra perdida, la que se pierde en el silencio de la tundra rusa teñida de la sangre también de miles de españoles.

 

La dificultad de obtención de datos sobre los divisionarios

Es difícil saber cuantos gallegos y, por tanto lucenses, se alistaron en esa división, dado que los reclutamientos se podían realizar en las capitanías generales o también a través de las jefaturas provinciales de la Falange y de los Requetes. Otra posibilidad es que la captación se hiciera a través del Ministerio del Ejército.

Casi 400 españoles fueron hechos prisioneros

Una de las directoras técnico del Archivo Militar General de Avila, María Teresa López, ahonda en las dificultades para ofrecer ese dato, sobre gallegos en el frente ruso. No obstante confirmó que en dicho archivo conservan “52 cajas” de documentos que se corresponden con la provincia de A Coruña, cada caja puede contener entre 20 y cien expedientes de divisionarios gallegos, incluso alguno más.

Es de la única provincia gallega que se conservan expedientes, porque en las otras tres, Ourense, Pontevedra y Lugo, no se guardan esos registros militares, lo que no quiere decir que no hubiera alistamientos en esas tres provincias también.

Otro de los cuerpos presentes en el frente ruso fue el de la Guardia Civil, que hizo veces de Policía Militar, en un principio con el desplazamiento de 31 agentes al mando de un capital en julio de 1941. También en el cuerpo benemérito fueron numerosas las bajas, por lo que el contingente fue elevado a un capitán, seis tenientes, seis sargentos, 14 cabos y 40 guardias, todos ellos conocedores de la lengua alemana. La Guardia Civil ejerció de policía militar aunque en algunas ocasiones se vieron obligados a combatir como infantería al agotarse las reservas divisionarias.

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