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Viernes, 20 de Septiembre de 2019

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Cuando menos es todo

Rojo Valentino reflexiona sobre el término danés Hygge. Una filosofía de vida que os proponemos practicar.

Desde hace unos meses no paro de leer, de ver y de hablar del término danés Hygge.
Seguramente muchos sabréis de qué os hablo, pero para quienes no tengan ni idea, les diré que es un concepto que recoge todo aquello que se puede hacer para encontrar la felicidad en las pequeñas cosas. No por nada, Dinamarca es el país con los habitantes más felices del mundo. Y no me extraña. Aunque lo del clima, para un rato vale pero, donde esté el sol de mi Valencia ¡que se quite lo demás! Eso sí que da vida y alegra los corazones. ;)
El caso que la primera vez que leí sobre el tema sentí muchísima curiosidad. Tanta que a los pocos días ya tenía en mi poder el libro de Meik Wiking (todo un best seller) con la portada más bonita que he visto en mucho tiempo y que ha elevado este estilo de vida a la categoría de religión para algunos (entre los que me incluyo).
En realidad, al leer el libro me di cuenta que, sin saberlo, llevo practicando el hygge cada día. A medida que he ido cumpliendo años y metas (y también sufriendo los golpes de la vida) he ido convenciéndome de que hay que valorar lo más sencillo, lo más cotidiano, porque en ello reside la felicidad real. Vale que cuando pasas por una de tus tiendas favoritas y cargas como una mula consigues mucha felicidad al momento peeeero, ya sabéis a lo que me refiero.

Como en este rincón escribo sobre la felicidad, se me ha ocurrido que podría compartir con vosotros algunas de las prácticas que sigo en mi día a día o, al menos, habitualmente y que os permitirán vivir una vida muy hyggeliana:
- Encender velas (puede parecer una bobada pero, en cualquier época del año me anima, me relaja y crea un ambiente delicioso en casa)
- Dejar el teléfono móvil durante la noche en otra habitación. Nada de tecnología a partir de una determinada hora. Desconecta.
- Dejar la cama hecha y la habitación recogida antes de salir de casa. Da sensación de limpieza, de orden y, al llegar a casa, todo se ve de otro color.
- Dar al menos un paseo al día. Ahora los doy con mi perrita y mi bebé. Súper recomendable.
- Tratar de no acumular y guardar muchas cosas o mucha ropa que no usemos. Menos, es más. Y se puede vivir sin tanto. Y mejor, de hecho.
- Intentar darte un baño al menos una vez al mes. Crear una especie de spa casero. Un pequeño-gran lujo a nuestro alcance.
- Practicar la gratitud diaria. Si lo acompañamos por unos minutos de meditación, redondearemos la perfección.
- Intentar ejercitarte. Yo soy muy poco deportista, la verdad. Ahora estoy muy interesada en seguir con Pilates y además quiero iniciarme en el mundo del yoga. Seguiremos informando.
- Llamar más. A tu familia. A tus amigos.
- Disfrutar de tu casa. De nuestro pequeño espacio-oasis. Sacarle el máximo partido a las horas que pasamos en ella.

¿Qué os parece? ¿Compartís alguna de estas prácticas conmigo? Se me ha olvidado quizás una idea que, aunque no sé si estrictamente es muy hyggeliana, sí que os diré que es un imprescindible para mí: cambia tus pensamientos para cambiar tu vida. Es algo mágico que te realmente marca la diferencia. ¿Os animáis a probarlo?

Rojo Valentino

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