Martes, 24 de Noviembre de 2020

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Manu Sánchez

Generación Ignacio

Su columna número 48, Manu Sánchez, la dedica al español asesinado en el último atentado terrorista de Londres

El humorista Manu Sánchez

El humorista Manu Sánchez / Cadena SER

Ignacio Echeverría es un héroe. Un joven valiente, con principios, que luchó contra el terror hasta dar su propia vida por el prójimo. Un joven que hoy hace sentir a todos orgullosos de la condición del ser humano, los skaters y hasta de los españoles. Y eso que precisamente lo que lo convierte en héroe es la certeza de que la mayoría de nosotros hubiésemos corrido a escondernos justo en dirección contraria. Ríos de lágrimas y tinta merecidos para este mártir que, patín en ristre, hoy a todos nos reconcilia con la vida y nos hace lamentar su muerte. Un joven que hoy todos queremos que nos represente, pero que cada medio de comunicación está tratando como un caso aislado. El ángel puntual. La rara avis… nada de aprovechar para hablar de la Generación Ignacio, la Quinta Skater o los EsLuPA, que estudian, luchan y patinan. Hoy, el héroe que nos hace sentir orgullosos es de todos, aunque sea joven; no como esos casos de jóvenes despreciables, maleducados y parasitarios que sí parece que son solo del año que los parió y que definen a toda su generación, y cada vez que alguna noticia de estos aparece no hay prostático entendido ni vetusto tertuliano que no aproveche para decir que el problema de todo son precisamente esos, los jóvenes, porque “está la sociedad que se están perdiendo los valores”.

¡¡PERDIENDO!!... como si hablase la generación que los había juntado todos, rollo bolas de dragón, aunque viendo el plan que llevan, yo no creo que sus valores ni siquiera sean de ellos, robados a lo mejor. Qué ridículo e injusto ver dar lecciones contra el Pokémon GO a la generación que se enganchó a la heroína. Qué nivel de desvergüenza y soberbia amnésica lleva a cada generación a creerse inmaculada, irreprochable y moralmente superior a la anterior y lo que es peor, a la siguiente, de manera crónica? No cabe ni un carajote más en la historia opinando que “los jóvenes de hoy en día ya no tienen vergüenza”. Sea el día que sea. ‘Ea’, ¡¡otra vez!! Porque como los de antes tenían vergüenza, TODOS, sin excepción; pues sentencia dictada, declarada toda la juventud: culpable. ¡¡Otra vez!! Igualito que ‘endenante’, que se quemaban las iglesias con gente dentro y se fusilaban entre hermanos, y se hacían sus holocaustos pero con educación. Que las mujeres no entraban en la universidad, y lo que es peor, ni en los bares, pero se iba por la calle tranquila, con sus piropitos buenos o su marido del brazo, el día que él la sacaba ‘pa’ pasear sus valores, sus 10 o 12 chiquillos y que habían apalabrado el casamiento la mayor. Valores y educación de poder batirse en duelo, a muerte, pero eligiendo educadamente si a florete o arcabuz, todo el mundo su navaja, y los jóvenes de hoy no conocen lo bonito del que blasfeme, a la plaza y a quemarlo del tirón, ejecuciones bonitas, que si su horca, el garrote, su cabra del campanario, y esos niños educados que le entraban los valores con paliza y cinturón, y aunque eran analfabetos, lo bonito que era verlos trabajando allí en el campo con sus 8 o 9 años, y si alguna vez en la historia hubo alguna guerra, crimen, abuso, dictadura, esclavitud o violación sería cosa de algún joven que no se había enterado que antes tenía ‘tor’ mundo intacto ‘to’ los valores y un montón de educación. Si se conquistaba algo, se le hacía su exterminio, sus matanzas, expolio bueno, se les pasaba a cuchillo, o si a alguien se explotaba o iba pal paredón no duden que siempre se hizo dándole los buenos días y diciendo por favor. Su genocidio de indios, sus bombitas nucleares, su gulag, sus negros como animales, y esos moros y judíos que cuando los expulsabas todo era tan educado que daba gloria de verlos, y la gente se decía que hay que ver cuántos valores tenían gracias a Dios. Lleva la Humanidad quejándose de sus jóvenes desde que Dios tuvo que castigar a Adán por desobediente y Adán a Caín por darle fuerte con la quijá de un borrico en todo el cortex frontal al suavón del hermano.

Qué tramposo comparar siempre al burgués más educado del siglo XVIII con el peor mierda de la generación que se quiere echar por tierra, normalmente, la que nos sucede. Porque en la juventud parece estar el demonio. Dejen de tratar la juventud como una enfermedad incurable, porque no es una enfermedad, es una bendición y lamentablemente más que incurable, es cuestión de tiempo que a todos, sola, se nos cure. La juventud es el futuro, y yo creo en ella. No hay nada peor que una sociedad que reniega de sus generaciones nuevas, porque eso la condena a cometer todos sus errores viejos. Así que en nombre de todos los jóvenes, hoy más que nunca, gracias, Ignacio; gracias de corazón. Gracias porque, aunque te hayas ido pensando que no salvaste a aquella chica, es justo que sepas que en el fondo: nos has salvado a todos. Gracias por gritarle al mundo que hay esperanza, que los buenos les ganaremos a los malos, que esto siempre va para mejor. Que el optimismo fue lo que te empujo a sentirte invencible y no dudar que contra tu patín nada tenían que hacer esos tres cobardes con navajas. Gracias, porque lo único peor en esta tragedia que vive el Mundo en la que un puñado de mamarrachos malnacidos provocan pánico, dolor y caos en una sociedad con sus defectos, pero cabal, cívica y valiente, es que algunos catastrofistas justicieros se han empeñado en regalarle a estas decenas de impresentables el poder de representar a la sociedad y, sobre todo, a sus jóvenes. Dicen que esto es lo que pasa por cómo está la juventud de hoy en día. Y yo te juro que miro y veo esos jóvenes policías dando sus vidas, jóvenes voluntarios, jóvenes médicos, enfermeros, jóvenes periodistas, jóvenes estudiantes, deportistas, científicos, escritores, poetas, jóvenes con ganas, sueños y futuro y sobre todo, hoy, te veo a ti Ignacio con un corazón y dos huevos como el London Eye de gordos.

Fdo: un joven para siempre que siempre creerá en los jóvenes, que hoy más que nunca se siente orgulloso de serlo porque ante la barbarie puedo decir que soy de la generación que parió un héroe con patín… que formo parte orgulloso de la Generación de Ignacio.

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