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Sábado, 25 de Enero de 2020

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El conductor no pudo descansar el tiempo reglamentario antes de iniciar la ruta

  • La Guardia Civil constata que solo pasaron ocho horas y veinte minutos desde que dejó el autobús en la noche del domingo hasta que tuvo que ponerse de nuevo al volante el lunes por la mañana
  • Segun un perito de la Guardia Civil, la empresa "a poco organizada que estuviera" debía saber que entre ambos servicios no transcurría el tiempo necesario.
  • Quince días antes del accidente también realizó esas dos rutas con el mismo horario

El juicio concluye el jueves, 15 de junio /

Los peritos de la Guardia Civil que investigaron el accidente han declarado hoy en el juzgado que, según los indicios que ellos han estudiado y las declaraciones recogidas entre los viajeros, el conductor no hizo ninguna maniobra evasiva antes de chocar contra el talud de piedra.

Han hablado de lo que denominan "la huella del sueño", es decir, los indicios que marcan que el conductor no iba atento a la situación de la carretera y que demostrarían que pese a que tenía que girar para tomar la curva y disminuir la velocidad, la trayectoria se mantuvo sin cambios y la velocidad fue aumentando hasta llegar a unos 108 kilómetros por hora en el momento del impacto.

Uno de los tres peritos que realizaron el atestado ha asegurado que se produjeron dos choques frontolaterales fuertes contra el talud de piedra, que hicieron que el autobús fuera corrigiendo su trayectoria. Y de las huellas en el asfalto se aprecia que las ruedas de la parte izquierda quedaron bloqueadas,  aunque han dicho que no es posible determinar si el bloqueo se produjo porque el conductor frenó tras tomar conciencia de lo que había ocurrido o por los daños derivados del golpe.

"Me he quedado dormido"

También han declarado un agente que cuando llegó al lugar del accidente escuchó cómo el conductor decía que se había quedado dormido, algo que repitió posteriormente ante el agente que le tomó declaración. Esa declaración se tomó en la furgoneta de la Guardia Civil minutos después del suceso. En ese momento no se informó al conductor de cuales eran sus derechos y tampoco quedó detenido.

Las pruebas de alcoholemia y drogas arrojaron un resultado negativo.

Era imposible que el conductor pudiera hacer el descanso reglamentario

Especialmente interesante ha resultado el testimonio del perito de la Guardia Civil que analizó los discos del tacógrafo no solo de ese día sino de los 28 días previos al accidente.

Ha explicado que solo transcurrieron ocho horas y 20 minutos desde que Ramón G.S. dejó de conducir el autobús el domingo por la noche hasta que inició la ruta al día siguiente. Menos tiempo aún si se tiene en cuenta que antes y después de ponerse al volante tiene otras tareas que realizar para poner en orden el autobús.

El descanso normal que establece la normativa es de once horas, y el mínimo es de nueve horas.  Era materialmente imposible que el conductor respetara esos tiempos de descanso. Esta infracción a la normativa de transporte sería responabilidad de la empresa, CEVESA, que según este guardia civil, "a poco organizada que estuviera" debía saber que ambos servicios eran incompatibles. Además no era la primera vez que esto ocurría. Esa misma situación se había dado quince días antes.

El mismo perito ha declarado que la empresa podría haber cometido otra infracción ya que, a su juicio, el autobús siniestrado debía haberse retirado de la línea regular de viajeros en enero de 2013, cuando cumplió los 16 años. La Junta de Castilla y León, como responsable del servicio regular de viajeros, había comunicado a la concesionaria la obligación de sustituir los vehículos que superaran esa antiguedad.

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