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Domingo, 15 de Diciembre de 2019

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La empresa de puenting de Cedeja habría incurrido en un delito de homicidio imprudente

La Audiencia de Cantabria ha desestimado el recurso del dueño de la empresa que organizó la actividad en la que falleció una joven holandesa de 17 años en 2015

Viaducto de la A-8 sobre el río Cedeja /

La Audiencia de Cantabria ha desestimado el recurso del dueño de la empresa que organizó la actividad de puenting en la que falleció una joven holandesa de 17 años en 2015, al considerar que existen indicios "suficientes" de un delito de homicidio por imprudencia grave en su conducta.

La Sección Tercera de la Audiencia confirma así el auto de transformación en procedimiento abreviado que fue dictado en julio de 2016 por el juez de instrucción número 1 de Torrelavega, encargado de la causa.

Según el auto del tribunal, en la conducta del investigado, como titular de la empresa y como instructor responsable del grupo que participó en la actividad de puenting, "se aprecian elementos suficientes constitutivos del delito de imprudencia grave", en este caso con resultado de muerte.

Para la Audiencia, dado lo "extremadamente peligrosa" que podría resultar la actividad que había organizado, "pudo y debió" adoptar otras medidas complementarias a las que tomó en su momento, señala en el auto en el que desestima la apelación. Así, considera que tenía que haberse asegurado de que los saltadores eran mayores de edad y aceptaban el riesgo que suponía la práctica de esta actividad.

En el caso de la joven fallecida, dice, ni comprobó su edad ni examinó su documentación y, de haberlo hecho, debería haber exigido una autorización paterna o materna. También, según la sala, tendría que haber evitado el salto desde un lugar prohibido expresamente para el puenting -el viaducto de la A-8 sobre el río Cedeja- y haberse asegurado, "en el peor de los casos", de que el menos el acceso al punto de salto seguro.

El tribunal entiende además que el investigado tendría que haber explicado "de forma clara y detallada" a los saltadores los pormenores relativos a la seguridad, con sesiones explicativas "de suficiente duración" que les permitiesen asumir todas las precauciones exigibles y en el caso de los extranjeros, en su propio idioma o en inglés, sin que baste el "nivel básico" que ha declarado que tiene en esta lengua.

Argumenta que estas explicaciones llevan aparejadas unas exigencias técnicas con un vocabulario apropiado "del que a todas luces el recurrente carecía", en especial en el momento concreto del salto.

 Para la sala, el uso "de un inglés macarrónico" al dar la instrucción de no saltar ("no jump") pudo "perfectamente ser entendido" por la víctima como una orden de salto ("no jump").

La Audiencia considera que una vez en la plataforma de salto, el instructor no se aseguró de que los saltadores estuvieran, por ejemplo, atados a una línea de vida como medida para evitar caídas accidentales al vacío o de que comprendieran "sin posibilidad de malos entendidos" cuál era el momento concreto o la orden concreta de salto.

"Y esta es precisamente la característica esencial de la imprudencia: dejar de adoptar una conducta distinta de la realizada para eliminar o, al menos, reducir la producción de resultados lesivos", concluye

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