Domingo, 19 de Septiembre de 2021

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Etapa 14: Ekaterimburgo (Rusia asiática)

República Popular Harley, los Urales, el lujo asiático y la tentación kazaja

Moteros chinos en harley por los Urales. Juro que no le he dado al LSD

Moteros chinos en harley por los Urales. Juro que no le he dado al LSD / Ramón Huarte

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HUSOS HORARIOS

En mi marcha hacia Oriente, he ido perdiendo horas por el camino. En concreto tres. Desde Perm ya tengo GMT+4. En Finlandia ya pasé a tener una hora más que en la península, y entre Finlandia y Perm, no sé dónde, perdí otra. Es decir, todo mi camino hacia los Urales he ido llegando tarde, he ido contra el reloj. A partir de ahora, ya cumplida la mitad de mi reto, ya "tocada" la esquina este, me tocará, al revés, ganar horas. Yendo a la misma velocidad que hasta ahora, llegaré mucho antes. La relatividad.

Límite Este. A partir de ahora, todo es vuelta a casa / Ramón Huarte

En dinámica inversa, los moteros que he encontrado ya en la Rusia asiática, más allá de los Urales. En una de las muchas paradas por obras en la carretera, delante de mí, cuatro flamantes y ultra equipadas Harley Davidson. En lo primero que he pensado es en los “Lobos nocturnos”, la “brigada” motera de Putin, polémica por sus apariciones y cuya entrada se prohibió recientemente en Alemania, donde iban a participar en unos actos. Pero no. Mientras me saludan efusivos con “uves” y sonrisas (Los “lobos nocturnos” deben ser de sonreír más bien poco) me fijo en que dos de ellas llevan en un mástil a la cola la bandera de la República Popular China, las matrículas son amarillas y con letras chinas, y los ocupantes de las motos tienen rasgos chinos. Muy hábilmente, deduzco la nacionalidad del convoy. Estoy en forma. Nos saludamos y cuando la fila se pone en marcha voy unos kilómetros a su vera. Me arrimo a mi lado del arcén, como he ido aprendiendo, para que los automóviles rusos me pasen en línea continua cuando quieran, cosa que no hacen los chinos, que se ven avasallados y sorprendidos por los modos de las carreteras rusas. Me siento un veterano ya (En realidad llevo unos miles de kilómetros circulando por aquí), y me da por pensar que, efectivamente, lo más probable es que yo haya salido de más lejos que los chinos, tanto me he ido hacia el este. Apurados, se paran en un área de servicio y les saludo al pasarles.

VIDEO: DESPEDIDA DE LOS MOTEROS CHINOS. DE CHINA, EN HARLEY, POR LA ANTIGUA URSS. HAN CAMBIADO MUCHAS COSAS, SÍ

Despedida de los moteros chinos

UN PIE EN EUROPA, OTRO EN ASIA

300 kilómetros más allá de Perm, Pervouralsk, la última ciudad antes de Asia. El paisaje se ha ido haciendo siniestro, con oscuros y densos bosques de coníferas bordeando una carretera de tráfico abundante sobre un firme bastante mejorable. El cielo se oscurece por momentos y me caen algunos goterones. A las afueras de Pervouralsk, el lugar simbólico en el que se juntan los dos continentes. En un lado de la carretera, sin mayor infraestructura aparejada, como sin darse importancia, una gran columna coronada por el águila bicéfala imperial rusa, con una escalinata por en medio de la cual una línea marca la frontera geográfica. Imposible parar ahí, en este momento de tráfico. Un poco más allá, otro de los varios monolitos que indican la “muga” entre ambos continentes. Este más modesto, pero más accesible. Paro, hago la foto con una rueda de la moto a cada lado de la frontera, me pongo yo también a horcajadas… Algo que me queda de pudor detiene nuevos intentos de extraños posicionamientos intercontinentales. Afortunadamente, el público es escaso, no parece haber mucho turista por la zona, y la poca gente que veo come bocadillos sentada sobre los capós de sus coches y me hace caso omiso. Dignidad salvada.

Una rueda en Europa y otra en Asia. La típica gracieta. Segunda fase cumplida. A por el sur. / Ramón Huarte

LA CAPITAL DE LOS URALES

Entrada a Ekaterimburgo, como indican los laterales del cartel. parecen letras de Saloon del Oeste. / Ramón Huarte

Ya en Asia, Ekaterimburgo, con millón y medio de habitantes, es una gran ciudad que tiene en su haber episodios históricos tan tranquilizadores como la sangrienta muerte de toda la familia del Zar Nicolás II en 1918. Mi hotel está relativamente cerca de la Iglesia de la Sangre Derramada, edificada justo encima de la vivienda en la que fue asesinada cruelmente la familia Imperial. Decido delatar cobardemente a mis cómplices conspiradores si los Soviets me interrogan.

Iglesia de la Sangre Derramada. Apréciese mi cara todavía hinchada por las picaduras de mosquitos en el lodazal de hace dos días. / Ramón Huarte

Estos oscuros presagios sin embargo no reducen mi satisfacción por el capricho asequible que me concedo hoy, en premio por haber terminado la segunda de las cuatro fases de mi aventura, al llegar al límite este de Europa, y todavía con el recuerdo de las horas entre el barro y las pulgas en el motel de carretera: Por un precio solo algo mayor que un camping en Noruega, me permito descansar en una habitación “Gran Estudio” de un magnífico y céntrico hotel con bar, con sauna, masaje, piscina interior, gimnasio (Dicen), restaurante de lujo y bar de copas. De hecho, en el cocktail bar, sin apenas importarme la hortera decoración a base de terciopelo, extiendo mis bártulos electrónicos para mandar esta crónica.

Para decepción de la "clá" que aplaude mis sufrimientos aventureros... yo soy más de esto. Hotel Ural. A un precio similar al de un camping noruego. / Ramón Huarte

Animado por la cargada cerveza rusa, medito sobre la posibilidad de alargar mi tránsito por Asia y acercarme a Kazajistán, apenas 300 y pico kilómetros al sureste. Sin embargo, hay algo en mi cabeza que puede más que la llamada del gran continente asiático. Y es que, aún rodeado del lujo que me ofrece la gran Ekaterimburgo a precio de camping… estoy harto. Necesito sol, cielo azul, mar y arena. No puedo esperar, mañana mismo empiezo mi tránsito hacia el mediterráneo… hacia las puertas de África.

PARÉNTESIS

Hasta llegar a Moscú, dentro de tres días, vuelvo sobre mis pasos, recorriendo el mismo camino que me trajo hasta aquí (Exceptuando los 100 kilómetros de lodazal que me tragué gracias a Google Maps, perdono pero no olvido). Será por tanto, en ese tercer día, ya en la capital rusa -que dejé de lado a la ida- cuando vuelva con las entradas de este cuaderno de viaje, poniendo al día en la web todo lo que ocurra durante el traslado. Nos vemos en Moscú. Sí, camino del mediterráneo. Quién lo diría.

P.D.

Este viaje no tiene patrocinadores, ni los he buscado. Sí que estoy muy orgulloso de llevar en mi moto los nombres de tres empresas que de una u otra manera, más allá de lo económico, tienen que ver con que yo esté haciendo esto. Se trata de España Rumbo al Sur, veterano y exitoso proyecto del aventurero navarro Telmo Aldaz. Se trata de Torosup, la escuela de Paddle Surf que mi amigo Carlos Toro tiene en Rincón De La Victoria, en Málaga. Y se trata de Zunzarren, la autoescuela/gestoría decana en Navarra, a la que debo algunos de los trámites necesarios en este viaje, y que también ha ejercido su función inspiradora. Y estoy muy agradecido a mi amigo diseñador Nacho (NAC) por alguna aportación gráfica, entre ellas el logotipo “Europa 4 esquinas” que identifica esta pajarada mía.

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