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Domingo, 08 de Diciembre de 2019

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La equidistancia es el olvido

En su columna número 49, Manu Sánchez, pone en valor la equidistancia de la vida con su característico humor

La equidistancia es el olvido. La equidistancia es un error. La equidistancia encima es una cosa mu malaje. Y la equidistancia sobre todo… es mentira. Que el peligro de asomarse a la equidistancia es, como diría mi madre, que se te puede ir el cuerpo. Y vaya que si se te va, porque la equidistancia lo mejor que tiene, es que pa colmo es chivata. Y todo aquel que la pretende, por andar preocupado en taparse sus vergüenzas, acaba enseñando su plumero, vergonzoso presupongo. Y yo que me alegro, por cobarde. Que si tu plumero es algo que quieres esconder es porque en el fondo sabes que hay motivos pa esconderlo.

Que quien dice que no es franquista pero que Franco también hizo cosas buenas, ya no tiene nada más que explicar; quien te dice que en los dos bandos hubo buenos y malos ya sabes de que bando viene; quien afirma que no es ni machista ni feminista ya te dio todos los datos de lo que es; el que afirma que no es racista que solo es ordenado, ya te dijo todo lo que necesitabas oír; como del que afirma que el hace las cosas en B porque no piensa pagar impuestos pa que se lo lleven los cabrones de los políticos que nos roban lo que es de todos; o del que dice que respeta a los maricones pero que delante suya no, porque lo único que pide es que lo respeten a él; o la gente que te suelta que Hitler sería mu malo pero que los judíos tampoco eran unos angelitos, que los habían echado de todos lados. Que les falta decir que los de los campos de concentración parecían tan delgados porque el torpe de Adolf les puso a los pijamas las rayas verticales. ¡Con lo que estiliza eso! Y es que la cabra siempre se tira a María del Monte, o no toda María del Monte es orgasmo… o como se diga, que traducido resulta que lo único bueno de la equidistancia es precisamente eso, que no existe. Que es mentira, que es un ejercicio cínico, mezquino y torpe de esconderse tapándose los ojos con las manos sucias, para no ser vistos, como se esconden los niños, con la diferencia de que los niños nunca serían equidistantes porque como hacen los valientes siempre dicen la verdad.

Y es que la equidistancia no existe, el secreto del funambulista para no caerse en la cuerda floja dicen que en realidad es caerse todo el tiempo, pero para los dos lados, y en esto de la equidistancia el equidistante hace de funambulista malo que solo cae de un sitio, del que viene, del que para colmo reniega y por el que se descalabra por el propio peso de sus miedos y remordimientos.

Que no hay nada menos equidistante que decir que lo mejor es no reabrir fosas del pasado para no reabrir heridas. Y está entre lo paradójico y lo macabro que no dejen que encuentres a tu abuelo asesinado precisamente por dar el tema por enterrado. La equidistancia es el olvido, de hecho la equidistancia es la forma más cruel del olvido, porque iguala como equidistantes cosas que son tremendamente “equidistintas”. Y es que una dictadura dura lo que algunos se la pone dura, y eso de olvidar las heridas para que se curen solas es una locura no solamente histórica, sino hasta médica, ya que las heridas hay que limpiarlas, sanarlas, coserlas, desinfectarlas y revisarlas, si no se infectan, se engangrenan y hasta se pudren rezumando pus, escozor, dolor y olvido.

Así que a todos aquellos que nos exigen equidistancia como el que habla de firmar tablas deberían saber que en la equidistancia siempre hay uno que sale perdiendo. Así que anote los errores del presente, del futuro y del pasado, basta ya de medias tintas y de blancas posiciones. La libertad consiste en respetar todas las opiniones, no en esconder cualquier atisbo de diferencia para aparentar que seguimos sin poder hablar de religión, fútbol, ni polÍtica en la mesa, por si otra vez no acostumbrados a respetarnos nos descubrimos queriendo matarnos. Opinen, piensen, posiciónense, griten sus colores, sus ideas, sus principios, los que sean, dejen de intentar ir de blancos que aunque parezca la idea inmaculada es donde antes te salpican y donde más cantan las manchas. La equidistancia, el punto más recto entre dos cortos, es la nada, el frío, lo insulso, lo intrascendente disfrazado de lo correcto, pero recuerden siempre que sobre todo la equidistancia es el peligroso olvido.

Fdo: un feminista, de izquierdas, de salado más que de dulce, andalucista, republicano, de tortilla crudita, con cebolla y del Betis… porque existiendo los colores… qué es eso de ir de blanco?!

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