Domingo, 26 de Septiembre de 2021

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Etapas 15 a 17: Alrededores de Moscú (Rusia)

El correo del Zar, Tartaristán y la Rusia relativa

Poli de cartón más falso que un duro de seis rublos. Lo intentan todo, los pobres, contra la infracción continua.

Poli de cartón más falso que un duro de seis rublos. Lo intentan todo, los pobres, contra la infracción continua. / Ramón Huarte

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MISMO CAMINO, DISTINTO CAMINO

Desde Ekaterimburgo, Asia, emprendo camino de vuelta sobre mis propios pasos. El mismo recorrido hasta Moscú, en cuyos alrededores vuelvo a dormir hoy, aunque en este caso en la localidad de Pokrov, y no en Klin, cuando entré desde el norte, desde San Petersburgo. Por eso he unido estas tres etapas de vuelta en una sola entrada en este cuaderno de viaje, porque no esperaba que cambiara nada con respecto a la ida, no esperaba que se pudiera aportar nada nuevo. Y, sin embargo, todo ha sido distinto.

Camino de vuelta / Ramón Huarte

Han sido etapas de traslado y carretera, sin mucha historia, pero la carretera, unos días después, ya no era la misma. Después de mi aventura en los cenagales del río Vyatka y de conducir por las salvajes carreteras de la zona de Perm y los Urales, las vías que recorro de vuelta y que ya había transitado no me parecen iguales. Lo que a mi entrada a Rusia os describía como pésimo estado del firme ahora es “asfalto”, palabra que por si misma ya me llena de tranquilidad, al lado de otras como “barro” o “gravilla”. Lo que os describía como temeraria conducción de los rusos, comparado con lo que he vivido en el Este es un comportamiento de caballeros digno del Nurburgring de los años 30. Lo que definía como insufribles paradas por obras con mal asfalto cada 30 kilómetros ha sido ahora una delicia comparado con las obras con firme de cantos rodados y tierra de la zona oriental, en las que el riesgo de caída era evidente. Mis protestas del principio sobre la nefasta señalización se han vuelto efusiva aprobación, porque aunque sea en estas carreteras HAY señalización.

Después de las dos etapas entre Cheboksary y Ekaterimburgo, las dos últimas de rumbo hacia el este, todo lo que ha discurrido a la vuelta hacia el oeste ha sido (Cada kilómetro más) pura delicia y relax, en comparación.

Tanto es así que hoy, al ver por primera vez desde los Urales un cartel en el que se veía la palabra “Moscú”, y además en caracteres latinos… me he sentido ya en casa. Quién lo iba a decir… Moscú, la quintaesencia de lo lejano y lo recóndito, y a mí, aún quedando centenares de kilómetros para llegar, me ha sonado a regreso a al hogar, a la civilización.

Ver que ya Moscú está en el horizonte... y con grafía latina. Olor a hogar. / Ramón Huarte

Días de carreteras, días también de visita del país desde la carretera. Y no se visita mal, por cierto.

EL VIAJE TAMBIÉN ES EN EL TIEMPO

Miles de kilómetros de carreteras me han llevado lejos en el espacio, pero también me han hecho viajar en el tiempo, montado sobre mis lecturas pasadas. Lo aprecié en Oslo, subiendo al Fram, el barco en el que con Amundsen, a través de los libros, llegué hace años al Polo Sur. Hoy me he sentido todavía más lejos, en la infancia, trayendo a mi cabeza nombres como Kazán, Nizhni Novgorod, Ekaterimburgo, lugares por los que he pasado, y que me llevan directamente a las páginas de “Miguel Strogoff”. El más famoso correo del Zar recorrió exactamente el camino que he llevado yo desde Moscú hasta Ekaterimburgo. Los mismos lugares que voy reviviendo en mi cabeza, junto a los que suenan los crujidos del carromato, el chocar de los sables de los jinetes tártaros o hiede, tenebroso, el olor de la piel quemada por el hierro candente y cegador.

Campesinas con típico pañuelo frente a tradicionales cabañas. En algunos sitios el tiempo se ha detenido. / Ramón Huarte

Cierto es que la misión de Strogoff le llevó más allá de Ekaterimburgo, hasta las profundidades de Asia, a Irkutsk, a orillas del lago Baikal, donde veraneaba (Qué ideas) el hermano del Zar, pero insistir en ello restaría importancia a mi epopeya y eso es algo que ni yo ni los valientes cosacos vamos a permitir.

TARTARISTAN

Tartaristán. El mismo estilo del cartel recuerda ya sus reminiscencias orientales. / Ramón Huarte

Más allá de fotografías, de rutas trazadas en mapas, de visitas más o menos interesantes, un viaje en el que pasas por un lugar que se llama “Tartaristán” ya es en sí un Señor Viaje. A la ida hacia los Urales lo crucé y no conté aquí nada de ello porque lo centré todo en mis traumas por la aventura en el barro. Aprovecho el paso ahora a la vuelta para referirme a esta república. Desde la moto he ido apreciando cómo esta zona de la ribera del Volga mezcla los densos bosques de árboles verdes y negruzcos al lado de la carretera con las verdes y húmedas estepas, ideales para cabalgar.

Los tártaros, descendientes de los primitivos búlgaros que se ubicaron aquí, son muy suyos. Como he podido comprobar en el área de servicio en la que he repostado, conservan su lenguaje tártaro en carteles y publicaciones. Se trata de una minoría étnica muy integrada dentro de la Federación Rusa, no hay problemas graves, aunque sí que se han mantenido siempre reacios a cambiar de religión, manteniéndose en sus creencias musulmanas. Y, por cierto, siguen reclamando un trato político de igual a igual con Moscú, un estatus de República independiente que han exigido mediante referéndum (Cielos) que Moscú no acepta… de momento.

En los pueblos de Tartaristán destacan los minaretes de sus mezquitas, aún en las aldeas más pequeñas. / Ramón Huarte

Kazán, la capital más que milenaria de Tartaristán, está previsto que en los próximos años se convierta en uno de los nudos de transporte más importantes del mundo, dentro del proyecto de autopista que unirá Moscú con China.

SIEMPRE HACIA EL OESTE

Hacia el oeste, la vuelta siempre hacia el oeste, muchachos. Siguiendo el Volga, en sentido contrario al que lo seguí hace unos días. En uno de los momentos en que la carretera se acerca al que es el río más caudaloso y largo de Europa, aprecio de un vistazo su inmensidad. Brillando bajo el sol que asoma entre las nubes, con las islas de sedimento en medio de su enorme caudal, casi parece un mar.

VIDEO: CRUCE EL PUENTE DEL IMPRESIONANTE Y CAUDALOSO VOLGA A LA ALTURA DE KAZÁN, PODRÁ OPINAR SOBRE ELLO LAS PRÓXIMAS NAVIDADES

Etapas 15 a 18: Alrededores de Moscú (Rusia)

Atrás, a la altura de Kazán, el Volga tuerce al sur, hacia sus lejanas fuentes, en Astracán, al lado del Caspio.

MEMORIALES BELICOS

Los rusos no es que no olviden su victoria sobre los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, es que el recuerdo de lo que llaman "Gran Guerra Patriótica" está permanente en calles, carreteras, rotondas.

Estos recuerdos son de muy diferentes tipos. En principio, los "personales", el recuerdo que cada pequeño pueblo (Incluso diminutas aldeas) plasman en manera de losa, cartel de carretera o fotografía con ofrenda de flores, a sus héroes o soldados destacados en el conflicto.

Héroe local recordado en una población rusa. Flores recién puestas. / Ramón Huarte

Pero es que los rusos honran también a las armas que les llevaron a la victoria. Son incontables los tanques T-34 (Del modelo 85) elevados sobre pedestales, casi amenazantes, en cualquier lugar donde puedan recordar al conductor o paseante que con el oso ruso no se juega.

T-34 al lado de la carretera. La foto es antes del episodio del barro del Vyatka, la pobre moto luce brillante y nueva / Ramón Huarte

Y no es el único el T-34. En Khimki, cerca de Moscú, en extraño escorzo, se aparece un magnífico Lavokhin LA-7, avión de caza con el que los rusos pudieron combatir en igualdad de condiciones técnicas con sus oponentes alemanes.

Hablando de poderosas armas rusas... la cerveza "Rompehielos". 8 grados de brusca bravura. / Ramón Huarte

P.D.

Este viaje no tiene patrocinadores, ni los he buscado. Sí que estoy muy orgulloso de llevar en mi moto los nombres de tres empresas que de una u otra manera, más allá de lo económico, tienen que ver con que yo esté haciendo esto. Se trata de España Rumbo al Sur, veterano y exitoso proyecto del aventurero navarro Telmo Aldaz. Se trata de Torosup, la escuela de Paddle Surf que mi amigo Carlos Toro tiene en Rincón De La Victoria, en Málaga. Y se trata de Zunzarren, la autoescuela/gestoría decana en Navarra, a la que debo algunos de los trámites necesarios en este viaje, y que también ha ejercido su función inspiradora. Y estoy muy agradecido a mi amigo diseñador Nacho (NAC) por alguna aportación gráfica, entre ellas el logotipo “Europa 4 esquinas” que identifica esta pajarada mía.

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