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Los vecinos advierten de la despoblación del centro a causa de los pisos turísticos

El Ayuntamiento finalizará en septiembre un estudio sobre este fenómeno y estudia limitar la cifra y el tiempo de alquiler de estos apartamentos

María está preparando estos días las cajas de la mudanza de su casa en la calle San Luis, en el centro de Sevilla, una zona en la que lleva viviendo 20 años. Hace nueve se instaló con sus dos hijos en el piso que ahora tiene que abandonar como el resto de familias que viven en el bloque, seis en total, porque el propietario pretende dar al inmueble un uso turístico. Así se lo comunicó a todos en Navidad y están obligados a marcharse a medida que les finalizan los contratos de alquiler. Esta vecina se ha tenido que mudar lejos del barrio porque los precios han subido en la zona.

"Me tengo que ir. Mis niños se quedan sin su entorno. Se te remueven muchas cosas. No es una despedida cualquiera. Es un barrio del que me enamoré y del que ahora me tengo que ir porque no se dan las condiciones adecuadas. Casi que me echan", explica esta vecina.

La imagen de un turista tirando de una maleta de ruedas se ha extendido en el último año a cualquier rincón del centro de la ciudad, con o sin hoteles en la zona. Responde al fenómeno de la proliferación de los apartamentos turísticos, que genera riqueza y empleo pero también gran preocupación entre los vecinos que advierten de otros efectos. El más grave, la "despoblación" que, según la asociación de vecinos del casco norte La Rambla, se viene produciendo día a día en el casco antiguo debido a la marcha familias que vivían en alquiler, a las que no se les renueva el contrato o se le pide más dinero porque el propietario de la casa considera más rentable este negocio.

"Este fenómeno se está produciendo a gran velocidad y la población que radicaba en el centro se está viendo expulsada de su entorno y teniendo que irse a la zona de Cruz Roja y Pino Montano y, a veces, a barrios más periféricos, con los problemas que les supone de distancia al trabajo y al colegio de los hijos", explica Rafael Ibáñez, miembro de la asociación. 

Además, los vecinos no quieren que el centro de la ciudad se convierta en un "parque temático" del turismo con el consiguiente deterioro de los servicios públicos. Advierten de que también se está viendo afectado el comercio tradicional que está siendo sustituido por franquicias para abrir bares porque les piden hasta el triple de alquiler. Ponen como ejemplo el cierre en la Alameda de la librería La Extravagante tras pedirle el propietario un notable aumento del alquiler.

Reunión de vecinos con el Ayuntamiento

Una preocupación que le han trasladado en una reunión al Ayuntamiento, que está realizando un estudio sobre este fenómeno, que tendrán listo a finales de septiembre. Quieren tener un mapa de cuál es la situación para adoptar medidas. Estudian, junto a un grupo de ciudades turísticas, como Barcelona, Roma o París, medidas que pasan por limitar el número de apartamentos turísticos en determinadas calles y también el tiempo en que pueden tener este uso. Reconocen que hay un problema pero no tan grave como el de otras ciudades como por ejemplo Barcelona.

El objetivo, según explica Antonio Jiménez, gerente del consorcio de Turismo, es "proteger el ADN de la ciudad" evitando "estos movimientos de residentes que se expulsan por hacer una especulación de la vivienda porque eso nos lleva a que desaparezca el pequeño negocio".

Esta administración está estudiando una subida de las tasas a estos negocios pasando de los 23 euros actuales a los 240 euros al año, aunque no se adoptará ninguna medida en este sentido hasta que haya una propuesta de ordenanzas fiscales, a principios de octubre. 

Un negocio rentable para negocios clandestinos

Lo menos que se cobra en unos de estos apartamentos por la primera semana en julio, en plena temporada baja, si abrimos cualquier portal de internet, son casi 200 euros, lo que suma al menos unos 800 al mes. La cifra se dispara en pisos de lujo. Una casa de 300 metros cuadrados en Plaza Nueva se alquila a más de 5.000 euros las seis noches en esas mismas fechas.

Son cifras elevadas que muestran un negocio rentable, que minimiza la Asociación de Viviendas Turísticas y Vacacionales de Andalucía, que destaca la inversión que hacen los propietarios en acondicionar el inmueble, en el servicio de limpieza y, en suma, en cumplir todos los requisitos legales. Estima que puede llegar a los 8.500 euros, entre la instalación de aire acondicionado, el mobiliario, el WiFi, o la limpieza.

No niega que el aumento de estos apartamentos esté obligando a familias a marcharse del centro pero culpa de esta situación a los alquileres ilegales, que ni cumplen las condiciones básicas para alquilar ni pagan impuestos. "Lo que ha proliferado es la oferta clandestina y queremos aplacarla. Ayudaría mucho que los portales exigieran su número de reserva a los que están en la web. A los profesionales nos cuesta mucho tener una vivienda en el sector", señala Ignacio Jariod, vicepresidente de la asociación.

Apartsur no comparte que la solución pase por cobrar más impuestos porque considera que sería un retroceso un año después de que se aprobara por fin el decreto que regula la situación de estas viviendas turísticas. "El afán de recaudación de la administración, no soluciona nada. Esta industria genera muchos puestos de trabajo: hay que limpiar las casas, dotarlas de menaje de ropa blanca, comprar mobiliario, etc.", añade Jariod.

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