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Lunes, 26 de Agosto de 2019

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Etapa 23: Lentas (Mar de Libia, Creta, Grecia)

Tercer hito, el copyright de Alejandro, thalassa! y Almasy en la distancia

Mis dos medios de transporte de hoy. Suzie Q y Blue Star. Para qué luchar contra el idioma inglés. /

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TERCER HITO

Larga etapa y de transporte mixto, partiendo de Serbia, a través de Macedonia, y de Grecia continental de norte a sur, hasta llegar por la tarde a El Pireo, la milenaria puerta al mar de Atenas, para pasar la noche en ferry.

Tres de cuatro, cumplido. / Ramón Huarte

La idea es, nada más llegar a las siete de la mañana a Creta, tras la singladura de nueve horas, recorrer los 150 kilómetros que separan el puerto de La Canía (Chania) de Lentas, el extremo sur de la isla, bañada por el Mar de Libia, y considerada simbólicamente el punto Sur del viaje, la tercera de las “Cuatro Esquinas”. Tras “tocar pared”, vuelvo sobre mis pasos las tres horas que cuesta hacer esos 150 kilómetros, para pasar tres días de descanso en Agia Marina, al lado de La Canía.

LA NUEVA GUERRA DE ALEJANDRO

Grecia no admite que Macedonia se llame Macedonia, insisten en que se llame internacionalmente “Antigua República Yugoslava de Macedonia”, para diferenciarla de la región griega del mismo nombre.

Los macedonios dejan claro nada más entrar en el país, de quién es Alejandro. El aeropuerto de Skopje, bien publicitado. / Ramón Huarte

En realidad, lo que hay detrás, principalmente, es el “uso comercial” del personaje de Alejandro Magno. Y en eso, a pesar de no tener la historia con ellos, Macedonia ha ganado la guerra.

El Gran Alejandro nació en Pela, ubicada en la actual región griega de Macedonia. Sin embargo, siguiendo uno de los grandes principios de la propaganda, Macedonia gana la partida a base de repetir su mensaje para que quede como bueno.

Nada más entrar en el país, el viajero es bombardeado con carteles que aseguran que se fije la imagen del conquistador al país: “Aeropuerto Alejandro El Grande”, “Autopista Alejandro de Macedonia”, gasolinera “Alejandro Magno”… ¡supermercados “Alejandro el Grande!”.

Y por sin quedaran dudas, permanentemente el nombre de la autopista. / Ramón Huarte

Es un mantra. Grecia hará las presiones que quiera en la ONU, en la Unión Europea… pero a Macedonia seguimos llamándola Macedonia, y a Alejandro… el macedónico.

THALASSA, THALASSA!

Es el famoso grito que los griegos (Menos de diez mil) de los 10.000 capitaneados por Jenofonte, corearon tras su periplo por dominios persas, peleando primero para los Reyes pretendientes al trono y después por su propia supervivencia.

Los griegos estaban perdidos sin su mar, para ellos tan propio como las aceitunas, las cabras o la independencia. Algo parecido grito yo en mi interior al ver, a mi izquierda, detrás de unas lomas, cerca de Larissa, por primera vez el Mediterráneo.

Thalassa, thalassa! Ahí, al fondo... Al fin. / Ramón Huarte

Y me doy cuenta de que lo echaba de menos desde que salí de casa.

HIDRATACIÓN

El viaje de hoy se hace largo, además de por los 800 kilómetros hasta el barco, por el calor, que obliga a parar cada cien kilómetros a beber cantidades industriales de agua, Nestea, Coca Cola, o lo primero que agarre.

En la frontera entre Serbia y Macedonia, hacia las siete y media de la mañana, la temperatura sobrepasa los 30 grados. Llegando a Atenas, el termómetro de la moto en marcha marcará 44, lo que supone que latemperatura ambiente rondará los 47. Mucho hasta para estas latitudes.

Unos 44 en el termómetro de la moto en marcha... unos 47 ambiente. / Ramón Huarte

El aire que entra por la visera abierta es como proveniente de una estufa. El calor que llega del motor a las piernas es tal que debo forzar la postura para apartarlas del bloque que quema.

Llego a puerto bañado en sudor, y subo al barco con la camiseta negra llena de ronchas blancas de las sales. Un ecce homo, vamos. Sin embargo, me basta con recordar las lluvias y sus consecuencias, en etapas pasadas, para conformarme con lo que tengo. Y contento.

EL PIREO

Cada uno valora sus viajes según sus propias experiencias, y para mí, que he estado antes en Italia que en Grecia, El Pireo es Nápoles.

Pabellón de Olympiacos, el equipo de baloncesto de El Pireo. El "infiermo griego". / Ramón Huarte

El puerto de Atenas es un continuo y vital discurrir de un tráfico, más que caótico, “autogestionado”, de coches viejos, motos con una familia encima (sin casco todos, oiga), taxis con taxistas sin camiseta… un maremágnum de Pasolini muy de andar por casa (Con sus riesgos, que te llevan a gesticular “a la italiana”, en el que me sumerjo con mucha más naturalidad que en la jungla de las carreteras rusas). Luego me daré cuenta de que Creta es una segunda El Pireo, un a segunda Nápoles. Qué tendrá el sur. Y el sur del sur.

VIDEO: CIRCULANDO POR EL PIREO. PREMIO AL QUE VEA A ALGUIEN CON CASCO ENCIMA DE UNA MOTO

Ahogado en sudores, aparco a la griega (Es decir, a la italiana, es decir, casi en medio de la carretera, ya sortearán la moto) delante de las oficinas de la naviera que me embarca, ANEK. Ahí logro que expidan el billete, y entro en el puerto, con horas de tiempo, así que dedico a tirarme en el suelo a la sombra agarrado a una botella de agua viendo pasar a la gente. Qué pasa, uno también es latino.

CRETA

Tras una noche en barco (El “Blue Star”) en una sala de butacas en la que reitero lo que ya sabía: Que soporto mejor el helado viento del polo, la pertinaz incomprensión rusa, incluso los precios de Noruega, que los ronquidos de alguno de los pasajeros… tras una noche toledana, digo, y si apenas dormir cuatro horas, arribamos al puerto de La Canía, en la bahía de suda, uno de los dos puertos de la isla de Creta, con el de Heraklion.

Son las siete de la mañana, así que antes de hacer entrada en ningún hotel, y a pesar del cansancio, decido hacerme las tres horas necesarias para los apenas 150 kilómetros que llevan al punto sur de mi viaje, a la tercera esquina, al sur, a Lentas, frente al Mar de Libia.

Son necesarias muchas curvas de carreteras pequeñas pasando por pueblos del interior. Lentas es poco más que una aldea en un lugar poco transitado y menos accesible de la isla, lejos de los polos turísticos. Que es difícil llegar, vamos, de ahí la media de apenas 40-50 kilómetros por hora.

Al fondo, el Mar de Libia. Se divisa Lentas desde la tortuosa carretera desde la que se accede a esta aldea. / Ramón Huarte

El paisaje es desértico, incluso más de lo ya habitual en la isla. Una vez en lentas, es imposible acceder al mar con la moto. Retrocedo pues, unos kilómetros, para ver desde las alturas de los cerros cercanos el azul muy azul del Mar de Libia que, ya conquistado para mis cuatro esquinas, deja entrever en el horizonte (Aunque sea en el horizonte de la imaginación) la amarilla y torturada costa de Libia.

VIDEO: DESDE LAS ALTURAS, CON LA VISTA EN EL MAR DE LIBIA

EL MAR DE ALMASY

El compañero de El País Jacinto Antón es el representante de Laszlo Almasy en la Tierra. No conozco a Antón (Ni al muy fallecido ALmasy, claro), pero un libro que me regaló mi madre (Quizás el más agradecido de los muchos libros buenos que me ha regalado), con recopilación de sus artículos, me descubrió al aventurero húngaro.

No voy a contar su historia, ahí están los libros para fascinarse como me fasciné yo, pero Almasy nació, por lo que parece, para sobrevolar, pilotando los siempre impredecibles aviones de los años 30 y 40, el desierto libio. Hizo muchas otras cosas, claro, parece que fue espía doble de aliados y alemanes, debió practicar la esgrima como buen (casi) noble húngaro, sedujo y se dejó seducir por uniformados de Africa Korps y 8º Ejército inglés,… pero en mi cabeza está siempre buscando ejércitos perdidos y oasis ocultos, desde las alturas que le permitían observar millas y millas de desierto deslumbrante con sombras oscuras.

Laszolo Almasy, enamorado del desierto libio. / Wikipedia

Desde los cerros frente al Mar de Libia, el aire me trae recuerdos de Laszlo Almasy… y 45 grados de calor.

LA TREGUA

Desde el principio de mi viaje, desde el inicio incluso de su preparación, tenía claro que Creta iba a ser paréntesis de descanso antes de afrontar, ya notando los kilómetros en el cuerpo, la recta final hacia el oeste.

Un buen hotel, la búsqueda de vestigios de la Campaña de Creta y la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, cenas en terrazas típicas (Escribo esto desde el magnífico “Olivi”), alguna ruina de lejanas civilizaciones pre helénicas, y aire acondicionado, me van a ocupar durante tres días. Tres días de desconectar de todo, con la única obligación de reportar a la familia,siempre pendiente, mi buen estado de salud.

Así que,,, hasta dentro de tres días.

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