Sábado, 08 de Agosto de 2020

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Mario Ocaña

‘El mar maldito’

Los representantes políticos de un Estado deben, además de medir sus palabras en público, saber que sus declaraciones, cuando son poco afortunadas o carecen de fundamento o base científica, terminan convirtiéndose en mentira

Firma Mario Ocaña, 'El mar maldito'

Los representantes políticos de un Estado deben, además de medir sus palabras en público, saber que sus declaraciones, cuando son poco afortunadas o carecen de fundamento o base científica, terminan convirtiéndose en mentiras que levantan oleadas de indignación y la mayor parte de las veces se vuelven contra quien las pronuncia.

Desafortunadas y carentes de base, es decir de conocimiento por parte de quien las pronuncia, han sido las del Ministro del Interior, señor Zoido, referentes a la inmigración y al papel que juegan en ellas las ONG.

Según el ministro es necesario concienciar a las ONG para que no favorezcan la inmigración irregular. La frase pone de manifiesto la necesidad del ministro de recibir un curso acelerado de Geografía Humana y Movimientos migratorios. No son las ONGs las que favorecen la inmigración desde los países del Tercer Mundo a Europa, señor Zoido. Son las condiciones naturales las que convierten a miles de personas en refugiados climáticos. ¿Ha oído usted hablar de la sequía que desde hace años asola al África subsahariana, provocando hambrunas, muertes y la huída de sus habitantes hacia territorios donde la vida humana es más digna?

Las razones políticas, la herencia de la Europa colonial y los conflictos bélicos que asolan buena parte del continente africano constituyen, también, un factor que potencia las migraciones, en este caso la huida de miles de personas, de población civil, que escapa de la guerra, del terrorismo y de las atrocidades que conlleva contra los más indefensos.

La pobreza y la vida sin esperanza; la enorme desigualdad entre los países ricos del Norte y los pobres del Sur, donde el crecimiento demográfico alcanza porcentajes insostenibles en un mundo sin recursos, es otro factor que potencia los desplazamientos de población en nuestro superpoblado planeta y, como dicen los informativos: lo peor está por llegar.

En fin, estas causas mayores, y algunas otras menores son señor Ministro las que “favorecen” la inmigración.

Las ONGs se dedican a otra cosa con sus escasos recursos: básicamente a proteger la vida de los que naufragan en la fosa común en la que se ha convertido el Mediterráneo Occidental y también a criticar las políticas de los estados ricos como la inexistencia de rutas seguras que eviten que miles de personas, hombres, mujeres y niños caigan en manos de mafias sin escrúpulos, o la militarización de fronteras, el levantamiento de muros y alambradas para detener al viento.

Algún representante de las ONGs ha manifestado que las palabras del ministro son un insulto para las miles de victimas que han dejado su vida en el fondo de esta mar maldita.

Sus palabras han sido muy desafortunadas. Parecen faltar al respeto a la Declaración Universal de Derechos Humanos. Debería hacérselo mirar, señor ministro.

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