Lunes, 27 de Septiembre de 2021

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Etapa 28: Coimbra (Portugal)

Paréntesis, Coimbra y Tintín, fado por una tienda de campaña, el corazón doblado

La Catedral Nueva, en la calle "Da feira dos estudiantes", en el cogollo de los edificios de la célebre Universidad de Coimbra.

La Catedral Nueva, en la calle "Da feira dos estudiantes", en el cogollo de los edificios de la célebre Universidad de Coimbra. / Ramón Huarte

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ETAPA CON PARADA Y FONDA… AUNQUE POCA

En Zaragoza hago mis planes para la recta final de “Las cuatro esquinas”. He quedado en Málaga el viernes 14 para celebrar con amigos la consecución, con éxito, del reto. Ejerce de anfitrión Carlos Toro, de Torosup, uno de los nombres que me acompaña durante el viaje, así que promete. El caso es que me sobra tiempo para –imprevistos aparte- llegar a Cabo Roca (El oeste continental de Europa), bajar al Cabo de San Vicente (El oeste real, digan lo que digan los mapas, según algún amigo mío), llegar hasta Tarifa (El sur continental, aunque el sur absoluto lo alcancé en Creta) y llegarme a Málaga.

Dada esa holgura de calendario, y la escasa distancia a mi casa navarra, decido ir de Zaragoza a Belascoáin, arreglar un par de gestiones que tenía que hacer urgentemente después de dejar durante más de un mes desatendidas mis cosas, dormir en casa y seguir a la mañana siguiente hacia Portugal. Es decir, desarrollar esta etapa en dos días, con más tranquilidad, sin la panzada de kilómetros que me he metido las últimas etapas.

A un pasito de la esquina oeste. / Ramón Huarte

En todo caso, por dar continuidad al viaje, considero mi casa como si fuera una noche más en un motel o un camping, y no aprovecho para dejar equipaje, ni hacer una lavadora, ni desprenderme de cosas o añadir otras. Desde luego, no digo nada a nadie para evitar proposiciones sanfermineras tentadoras. Salgo a la mañana siguiente con lo mismo que he llegado, igual de sucio o de limpio, igual de caóticas las maletas, igual de olor a humedad en el material de camping. Me apetece no “llegar a casa” a todos los efectos hasta que acabe del todo el viaje.

ESCUELA DE CALOR

Navarra, cómo no, me ha dado un respiro en cuanto al calor, pero por lo que leo en la página de la Agencia Estatal de Meteorología, lo que me queda de viaje, hasta el fin de semana, voy a sudar en la moto lo que no está en los escritos. De hecho pensaba bajar hasta Lisboa pasando por Extremadura, pero para retrasar lo más posible el encuentro con los 40 grados, finalmente tomo carreteras de Castilla y león, para entrar a Portugal más al norte, y dormir en Coimbra. Y, efectivamente, no sufro los cuarenta anunciados, pero sí los treeintaypico. Las bolsas de plástico que llevan la ropa (Bolsas de las del súper, nada de parafernalia técnica, desde luego) han perdido sus dibujos, por los calores de la segunda mitad del viaje. La almohada hinchable de camping ha adquirido la forma con la que la meto doblada en la maleta trasera y no hay quien le quite la deformación. De hecho tanto la tienda de campaña, como el saco de dormir o la esterilla tienen bastante mala pinta. Después de sufrir las lluvias y la humedad del norte de Europa fueron aparcadas, y la mezcla entre la humedad que guardaron y el calor que han venido recibiendo les ha hecho adquirir una pátina y un olor a moho que podría convencer a un erudito de que proceden de la campaña de Rusia de Napoleón Bonaparte.

Ejemplo de la persistencia de la humedad de las lluvias del principio del viaje. La guía de Creta sigue aún, después de todos los calores, mojada y con las páginas pegadas. / Ramón Huarte

LA UNIVERSIDAD… Y SU APORTACIÓN TINTINESCA

Binomio inquebrantable, ciudad universitaria es ciudad de bares. El hotelillo en el que decido pasar la noche ante el aspecto del material de camping (Juro que mi intención era acampar, y más después de comprobar el palo que me ha pegado hacienda) está justo al lado de la “Rua da Sota”, calleja de bares populares y estudiantiles en la que me tomo –después de ducharme y cambiarme mi apestoso traje de moto con restos todavía de barro de los Urales- un par de cervezas y un bocadillo. Eso sí, estudiantes se ven pocos, y mucho turista.

La Puerta de Barbacá se abre a empinadas calles por las que rehúso trepar. / Ramón Huarte

Por esta zona, una serie de calles empinadas llevan hasta la antigua Universidad, patrimonio de la Humanidad, en un alto desde el que se disfrutan algunas buenas vistas de Coimbra.

Calles estrechas... y casas estrechas. A "Petunia Florista" le queda un espacio... singular. / Ramón Huarte

Desperdigados, los centros y escuelas: Arquitectura, medicina, física, matemáticas, letras, todo pequeños edificios diseminados por esta loma, con sabor añejo. Entre todos ellos, recuerdo con ironía que sin duda el profesor de este centro cuyo nombre ha sido leído más veces… no existió jamás, es un personaje del álbum de Tintín “La estrella misteriosa”.

El más célebre profesor que ha dado Coimbra, miembro de la espedición del "Aurora". / Ramón Huarte

VIDEO: IMPRÉGNESE DE LA PÁTINA CULTURAL Y UNIVERSITARIA DE COIMBRA… ¡SIN TENER QUE LEER UN SOLO LIBRO!

Coimbra universitaria

LA VUELTA AL PLACER DE LA SOLEDAD

Miles de kilómetros (Llevo ya 21.000 en el marcador de la moto) recorridos por países en los que no entiendo lo que dice la gente me han hecho reflexionar sobre el concepto de soledad. Concepto que poco ha tenido que ver con estar o no rodeado de gente. Si ya viajar en moto, encerrado en un casco, en solitario, aislado, es un ejercicio de gozosa soledad, circular por donde sabes que no entiendes nada, por donde no te entienden, por donde –yendo más allá- ni siquiera piensan como tú, ni siquiera manejan tus mismas herramientas sociales, tus mismos criterios, tus mismas normas básicas, es la soledad absoluta. En algunos momentos, os lo he ido contando, la soledad era tan total que se tornaba en desamparo.

Portugal, frontera por Vilar Formoso. El último país del viaje donde disfruto de la soledad del extranjero. / Ramón Huarte

La vuelta a la Europa que conozco, a partir de Croaia, ha atenuado esa sensación, y la entrada en España, conociendo el idioma de la gente y de los carteles, sabiendo cuál es la función de cada signo, dando por hecho que todo lo que necesito está a una palabra, dejaba la soledad solamente circunscrita al mundo individual de dentro del casco, de encima de la moto. Y ni eso.

Las carreteras ibéricas son más austeras, más de Felipe II. Aunque de vez en cuando... / Ramón Huarte

La entrada en Portugal por unas horas me devuelve, efímera, y aunque sea tan parecido país al mío, la posibilidad de sentirme solo. Que es lo mismo que sentirme libre.

Incluso, y me hace ilusión, un detalle tonto me devuelve a los inicios de este largo viaje. Nunca había rodado por Portugal. Y haciéndolo veo que tienen el mismo sistema de peajes automáticos, de foto a la matrícula y “receta” enviada a casa, que en Noruega.

En Portugal como en Noruega: Peajes automáticos. te sacan foto de la matrícula, y la factura ya te llegará a casa. / Ramón Huarte

EL DEDO POR SU CUENTA

No era yo muy optimista, lo reconozco, sobre cómo iba a sobrellevar la enorme paliza de hacerme cada día 800 kilómetros de moto, sobre cómo mi cuerpo iba a resistir ese tute continuado. La espalda, los hombros, las muñecas… seguramente algo me daría guerra, suponía.

Hará un par de años tuve unas calcificaciones en el hombro derecho y por experiencia sé que algo de ese tipo te inmoviliza por el intenso dolor. Y, por lo tanto, hubiera podido poner punto final a mi reto.

Sin embargo, sorprendentemente, me he encontrado físicamente mucho mejor de lo que pensaba. Más allá de los estiramientos que he aprendido a hacer sobre la moto para aliviar el entumecimiento provocado por los kilómetros en la misma postura, no he notado molestias mayores. Ni siquiera en las etapas en las que por lo meteorológico o las circunstancias los músculos iban permanentemente en tensión.

Hoy, al entrar en la habitación, el único incidente: Repentinamente, he notado que el dedo corazón de la mano izquierda, a la altura de la segunda falange (con perdón) se me había doblado. Como si se hubiera salido la articulación. Instintivamente lo he agarrado con la otra mano y he percibido cómo se recolocaba en su sitio. Supongo que esa articulación se ha resentido de miles y miles de movimientos de apretar y sujetar el embrague. Me quedo mirando la mano y abro y cierro el puño varias veces con fuerza. No duele. Pues nada, que sea este todo el perjuicio físico que sufra.

P.D.

Este viaje no tiene patrocinadores, ni los he buscado. Sí que estoy muy orgulloso de llevar en mi moto los nombres de tres empresas que de una u otra manera, más allá de lo económico, tienen que ver con que yo esté haciendo esto. Se trata de España Rumbo al Sur, veterano y exitoso proyecto del aventurero navarro Telmo Aldaz. Se trata de Torosup, la escuela de Paddle Surf que mi amigo Carlos Toro tiene en Rincón De La Victoria, en Málaga. Y se trata de Zunzarren, la autoescuela/gestoría decana en Navarra, a la que debo algunos de los trámites necesarios en este viaje, y que también ha ejercido su función inspiradora. Y estoy muy agradecido a mi amigo diseñador Nacho (NAC) por alguna aportación gráfica, entre ellas el logotipo “Europa 4 esquinas” que identifica esta pajarada mía.

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