Domingo, 20 de Septiembre de 2020

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CALLEJEANDO

Las calles del Padre Tosca

El “Capellà de les ratlletes”, como así era conocido popularmente el Padre Tosca en la Valencia del setecientos,un topógrafo urbano sin parangón en esta tierra.

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València

Hasta hace apenas 15 años la calle del Padre Tosca era un callizo sin salida situado entre la calle de Espinosa y la Gran Vía de Fernando el Católico. Dicha callejuela se rotuló en 1875 en los inicios de la toponimia urbana contemporánea, cuando el cronista de la ciudad, Vicente Boix proponía nombres de personajes ilustres y la Comisión de Estadística y el Alcalde de turno disponían de ellos a voluntad. Así, sin un proyecto de toponimia urbana de referencia, como los que se redactaron en otras ciudades europeas, el nomenclátor de nuestra ciudad estaba expuesto a caprichos y veleidades del alcalde y concejales del momento, cuando no a algún vecino o propietario con mano en el Ayuntamiento.

En el caso que nos ocupa, fue la comisión de estadística la que directamente seleccionó cuatro nombres del listado facilitado por Boix para rotular las nuevas calles que se acababan de urbanizar en el conocido como Barrio de Moret. Junto a la del Padre Tosca, se rotularon también las de San Pedro Pascual, la del poeta Juan de Mena y la del pintor Espinosa.

Esta primigenia calle del padre Tosca en el barrio de Moret pronto quedó fuera de ordenación con los proyectos de ensanche de principios de siglo XX, entre otras cosas debido a la alineación de la Gran Vía de Fernando el Católico, que acabó por seccionarla y convertirla en lo que fue durante años, un pequeño callizo. Posteriormente, con la construcción de los edificios recayentes a la Gran Vía, pasó de callizo a atzucac o callejón sin salida y finalmente, ya en el siglo XXI, desapareció para siempre.

Con la desaparición de aquella primera calle del padre Tosca, se hizo más patente el clamor de eruditos y estudiosos de nuestra historia que llevaban décadas reclamando para tamaño personaje una calle más digna que aquel atzucac. Teniendo en cuenta además, que la calle aledaña a su casa natal había recibido el nombre arbitrario de Viriato en 1868 a propuesta del mismo Vicente Boix. Finalmente, la pequeña y antigua calle de Viriato, perpendicular a la de Serranos, fue rebautizada hace unos años con el nombre del padre Tosca, mientras que una plaza de nueva planta en Velluters acogió el nombre del guerrero lusitano.

De esta manera se hacía justicia con un valenciano tan excepcional como Tomas Vicente Tosca Mascó (Valencia, 1651-1723), filosofo, matemático, físico, arquitecto, cartógrafo y, sin ambages, la figura más importante del grupo que encarnó la élite del ambiente intelectual valenciano de la primera mitad del siglo XVIII, conocido como novatores. Tosca fue un ilustrado antes de la ilustración. Sus obras son fiel reflejo de sus bastos conocimientos: Desde su Compendio Matemático hasta el Filosófico, pasando por tratados de arquitectura, geometría y física. En su vertiente arquitectónica nos legó obras como la fachada de la iglesia de la Congregación (actual Santo Tomás y San Felipe Neri), así como la delineación de la desaparecida puerta del Real y el Teatro de las Comedias.

Pero sin duda, la obra magna de Tosca fue el plano de la ciudad de Valencia delineado entre los años 1701 y 1704, uno de los hitos más destacados, sino el que más, de la cartografía histórica valenciana. Tan solo su trazado ya denota todos los conocimientos técnicos y matemáticos que poseía el padre Tosca, plasmados en la perfección gráfica y geométrica de la obra.

El plano, que se puede contemplar perfectamente restaurado en el Museo Histórico Municipal del Ayuntamiento de Valencia, representa una panorámica fiel de la ciudad tal como era a principios del siglo XVIII, trazada en perspectiva caballera y con la minuciosa proyección de los más pequeños detalles: arquitectónicos (puertas, porches, ventanas, etc.), urbanos (manzanas, plazas, atzucacs, etc.) y toponímicos. Elementos que hacen de este plano referencia indispensable de nuestra cartografía urbana.

Este fue el legado del “Capellà de les ratlletes”, como así era conocido popularmente el Padre Tosca en la Valencia del setecientos, cuando a pie de obra iba midiendo y anotando, entre calles y plazas, ante la curiosa mirada de sus conciudadanos. Un topógrafo urbano sin parangón en esta tierra.

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