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Lunes, 24 de Febrero de 2020

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Cuando un nombre marca la diferencia

Una pareja denuncia lo difícil que es alquilar un piso en Madrid si te llamas Samir.

Samir y Rosa en la Plaza de Barceló de Madrid /

Samir tiene 32 años, es doctor ingeniero de caminos. Lleva semanas buscando un piso en Madrid que no encuentra. En su caso, el problema de este madrileño, no es la solvencia económica, sino el nombre, Samir Awad. Su segundo apellido, Núñez.

"No pasa nada hasta que a la hora de concretar una cita y ver el piso me piden un teléfono y el nombre". Es en ese momento cuando la actitud cambia. "Cuando digo que me llamo Samir, el tono ya no es el mismo, y empiezan a darme largas con la excusa de que hay mucha gente para ver el piso y van a tardar en llamar". Pero la llamada no llega.

"No me dicen directamente para extranjeros no, pero el simple hecho de no poder concretar una cita para ver el piso cuando les doy mi nombre, lo dice todo". Eso, y que ante la imposibilidad de ni siquiera poder ver los pisos en los que estarían interesados, han cambiado de estragegia. Quien está haciendo las llamadas ahora es su novia. "Cuando he llamado yo, nunca he recibido la misma contestación que Samir".

Se llama Rosa, "un nombre de aquí" sonríen, nombre que curiosamente, con solo pronunciarlo libera las agendas de agencias y particulares y les permite concretar una visita sin más problema. "Son orejuicios de los que no eres consiciente hasta que no le pasa a alguien de tu entorno, y eso te hace pensar".

Microracismos y prejuicios que este joven madriñelo, de padre libanés y madre madrileña, sufre desde pequeño cuando "el cura del colegio en el que estudiaba se empeñaba en repetir, qué piensa el musulmán. Sabía que no lo soy porque me habían bautizado en la parroquia del mismo colegio"

"Será, bromea, que como dice una amiga, mi problema es que mi segundo apellido es Núñez"

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