Jueves, 22 de Octubre de 2020

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Vuelta a la rutina

Numerosos estudios explican que afecta a las personas dependendiendo de su condición social y personalidad

Los síntomas del síndrome post-vacacional son muy variados

Los síntomas del síndrome post-vacacional son muy variados / Cadena SER

Llegó septiembre y con él la vuelta a la rutina. Se acabaron las escapadas al campo, los cócteles a pie de playa, las puestas de sol, las actividades veraniegas, y aparece el llamado síndrome post-vacacional acechando a gran parte de la población. Volver al trabajo, madrugar, los cambios de horarios... son algunos de los motivos que lleva a las personas a angustiarse.

Durante estos días, las calles de Santiago de Compostela están abarrotadas de viandantes que intentan habituarse una vez más al día a día. Los síntomas que manifiestan las personas afectadas por este estado son la falta de concentración, motivación y energía. En los casos más extremos podrían provocar falta de sueño y depresión.

Numerosos estudios demuestran que el síndrome post-vacacional perjudica a los individuos dependiendo de la edad, la condición social y la  personalidad, estando entre dos días y dos semanas el período en el que desaparece.

Para profundizar en el tema, hablamos con Cristina y Raúl, dos estudiantes de la universidad de Santiago. La primera, asegura que tarda más de un mes en volver a la rutina y para hacerlo más llevadero va "poco a poco" con sus horarios. Por otra parte, para Raúl lo más difícil es volver a acostumbrarse a los madrugones diarios y compaginar las clases de la Universidad, con las de la Escuela de Idiomas y su trabajo.

Entre la juventud, muchos vuelven de sus días de descanso con preocupaciones de carácter social. Marta, una estudiante de cine que reside en Santiago, le embarga de inquietud la reciente islamofobia que "está surgiendo en ciertos sectores del país con motivo del atentando de Barcelona". Además, la corrupción y el empleo son otros motivos de intranquilidad para los millenial.

Hay quienes toman una postura más nihilista. Es el caso de Maricarmen, una cartera que lleva muchos kilómetros a sus espaldas recorriendo las calles de la ciudad. "A mi edad no me preocupada nada. Bueno, la llegada del invierno y de mi jubilación", asegura Maricarmen con una amplia sonrisa.

Otros, son más evolutivos. Se adaptan y resignan a la situación. Es el ejemplo de Javier, un vecino de la capital gallega que habitualmente acompaña a su sobrina al colegio. "De momento tenemos suerte de que siempre estamos su abuela o yo para llevarla a clase", explicó. La vuelta al cole, significa en muchos casos enormes dolores de cabeza para los padres. Preguntado por la dificultad del regreso al trabajo, Javier explicó que son "dos o tres" los días que tarde en acostumbrase de nuevo.

En la misma situación se encuentra José Antonio, propietario de la tienda de zapatos Loher, situada en el centro de la ciudad. "Fuimos de vacaciones a Portugal y aceptamos de inmediato el regreso al trabajo. Recargamos las pilas, ese era el objetivo", explicó el comerciante.

Diferentes posturas, diferentes maneras de sufrirlo. En cualquier caso, la "vuelta al cole" es un lastre para todos de una manera u otra después de unas esperadas y merecidas vacaciones de verano. Pero, como dice, Maricarmen: "Somos gallegos, en unos días todos tendremos morriña de playa".

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