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Martes, 10 de Diciembre de 2019

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Vuelta al colegio: claves para que los niños regresen a la rutina

Deberes, extraescolares, madrugones...Te contamos cómo afrontar la llegada del nuevo curso

Septiembre es un mes de comienzo. Para muchos, el año empieza este mes, no en enero. Septiembre es un mes de retos, de arranque, de ilusiones… Es el mes de la vuelta a las rutinas. A los adultos se les hace cuesta arriba, pero también a los niños.

Los peques vuelven a madrugar para ir al colegio y con él llegan las actividades extraescolares. El psicólogo Alberto Soler nos responde a las siete cuestiones que muchos padres se plantean a la hora de afrontar un mes de cambios como septiembre:

1. Las cifras. Así están las cosas:

Según el Instituto de Evaluación del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en España, el número de jóvenes que realiza alguna actividad extraescolar alcanza al 90 % de enseñanza obligatoria (de 6 a 16 años), pero algo más de la mitad de ellos desarrolla dos o más “extraescolares” a lo largo de la semana.

Son unas cifras que nos deben llevar a la reflexión; tengamos en cuenta que, por definición, son actividades que se realizan fuera del horario escolar, esto es, después de que los niños hayan tenido ya una primera jornada de trabajo que luego en muchos casos deberán complementar con deberes y otras asignaciones. Hay niños que, desde que se despiertan por la mañana, trabajan sin descanso hasta la hora de irse a dormir enlazando clases, extraescolares y deberes. Y todo esto al final tiene un precio.

2. Riesgo de sobrecarga:

Hay niños que trabajan sin descanso 10 y 12 horas diarias. Y son varios los factores que influyen. Por un lado está nuestra estructuración social: si el niño acaba las clases y hasta dos o tres horas después sus padres no acaban de trabajar, algo habrá que hacer con ellos. Luego está el componente competitivo: queremos que los niños estén preparados para el día de mañana, nos parece que el currículo estándar es insuficiente (o al menos, insuficiente para destacarse por encima del resto de sus compañeros) por lo que tratamos de complementarlo: inglés y chino, porque los idiomas son básicos. Deporte, claro, porque mens sana in corpore sano, música, porque aporta mucho al desarrollo del cerebro, repaso de alguna asignatura que lleva floja… Y claro, luego al psicólogo para que ayude al niño, que no sabemos lo que le pasa... Por no hablar de la estimulación temprana, que se ha demostrado que ha sido un gran pluf en niños sin patología. Parece que a los padres nos preocupa mucho que nuestros hijos no sean "los mejores".

3. Extraescolares… ¿Más es mejor?

Los niños necesitan menos extraescolares y más tiempo de juego libre, momentos de aburrimiento, tiempo a su libre disposición para que hagan lo que les apetezca. Tener todo el día milimetrado y pautado desde el “buenos días” a las “buenas noches” es insoportable. Las cosas no son buenas o malas por sí mismas, sino que tenemos que verlas en un contexto. En mi consulta veo cada vez más casos de niños con trastornos de ansiedad y depresión más propios de adultos que de esas edades. No es necesario meter a los niños desde tan pequeños en esa cadena productiva y competitiva en la que ya estamos los adultos. Hay que prestar más atención a la infancia, dejando a los niños ser niños.

4. Cuidado con perder el hábito del juego:

Al menos del juego libre, que es lo que se ha demostrado que es un verdadero motor de aprendizaje en la infancia. Siempre se ha visto el juego como si fuera el postre de las comidas: si te lo acabas todo, tienes postre, si no, nada. Si haces todas tus obligaciones y tareas podrás jugar, si no, nada. Esta visión del juego implica considerarlo algo secundario, prescindible, vacío, carente de valor y que no aporta nada al desarrollo del niño. Sería casi una interferencia que distrae a nuestros hijos de hacer cosas “mucho más importantes”. Con estas ideas en mente, muchas veces sobrecargamos a nuestros hijos de deberes y obligaciones, sin saber que verdaderamente el juego es su principal vía de aprendizaje. Pero no todo el ocio es juego; cuando hablamos de los beneficios del juego para los niños hablamos de lo que se conoce como juego libre, y en este sentido, cuanto más estructurado está el juego, es menos juego. En el juego libre es el niño el que decide cómo, qué y con quién quiere jugar, establece sus propias reglas, elige los materiales y decide el final del juego sin la intervención de un adulto. Una extraescolar nunca, o con mucha dificultad, podrá proporcionar esto a un niño.

5. Los deberes:

La OMS realizó una encuesta sobre la salud de los niños en edad escolar y menciona a España como uno de los países en donde hay un mayor porcentaje de niños y niñas que se sienten "presionados"por las tareas para casa.

Pues es un ladrillo más en el muro, como dice la canción de Pink Floyd, que precisamente es una crítica al sistema educativo británico. Cada vez más voces se alzan en contra de los deberes por sistema, y es algo muy razonable. Los niños no son máquinas y necesitan su tiempo de descanso y desconexión, y además hay voces que consideran la prescripción de tareas para casa como una injerencia en la vida privada de las familias, impidiendo a estas disfrutar de libertad para organizar el (poco) tiempo que tienen en común. A veces, las cosas de los niños se entienden mejor si las trasladamos al “mundo de los adultos”: pensemos que tras una jornada laboral de ocho horas, tuviéramos que seguir trabajando otras dos o tres horas en casa, que la empresa nos obligara a seguir trabajando desde casa los fines de semana, vacaciones, verano… Probablemente lo viéramos injusto, como mínimo. Pues a esto sumémosle las extraescolares de las que antes hablábamos (a veces con sus propias tareas para casa) y ya tenemos el lío montado.

6. Los deberes son de los niños, no de los padres. ¿Cómo los afrontamos?

Primero, reivindicando que estos sean racionales y se pidan solo cuando sean necesarios, no de manera indiscriminada a todos los niños (por ejemplo, que se termine alguna tarea de clase o algún refuerzo específico, si fuera necesario). Muchos padres se están organizando desde las asociaciones de madres y padres para lograrlo. Y además de esto, siendo conscientes de que los deberes de nuestro hijo no son nuestros deberes, sino suyos. Deben ser ellos quienes los realicen y nosotros quienes les demos las condiciones más adecuadas para hacerlo: tiempo, silencio, un espacio adecuado, medios materiales… Así como resolver dudas puntuales que puedan presentarse, pero ni hacerlos por ellos ni ejercer de policías de la agenda. Así les ayudamos a asumir sus responsabilidades.

7. El estrés de la vuelta a la rutina, los horarios… Cómo restablecer el orden:

Todo cambio implica cierto grado de estrés, así que tenemos que intentar amortiguarlo. Para ello son importantes las rutinas, que ayudan a que los niños vayan ajustando su ritmo a las necesidades de cada momento. Son los padres los que tienen que esforzarse para que estas rutinas saludables se respeten. Algunas pinceladas: no saturarlos con extraescolares, facilitar el deporte y el juego libre, ayudarles y respetar su descanso, procurarles una alimentación saludable con menos azúcares, bollería y productos procesados, leer más o leerles nosotros, reducir o eliminar la televisión (especialmente en las horas previas a ir a dormir), pasar más tiempo con ellos y hacer muchas actividades en familia en el tiempo libre…

8. EJERCICIO SÍ, PERO COMO UN JUEGO:

Ya lo dijo el entrenador Mike Boyle: “Primero el juego, la competición viene mucho más tarde”. Si elegimos actividades extraescolares para nuestros hijos no debemos presionarlos. Con la especialización temprana les cerramos puertas. En la fase pre deportiva -aquella que comprende de los 3 hasta los 7 años- se busca el desarrollo psicomotor, no el rendimiento. Se utiliza el juego como vehículo de aprendizaje, no la competición (Rodríguez García & Moreno Murcia, 1995). Los cambios son increíbles de una edad a otra. Si obligamos a los pequeños demasiado pronto a realizar determinados gestos técnicos propios de un determinado deporte, si buscamos esa especialización temprana, corremos el riesgo de que ocurra una de dos: no descubran lo que realmente les apasiona o acaben abandonando la práctica deportiva por frustración. Si abandonan el deporte, dejarán también de obtener sus beneficios tanto a nivel físico, como social o psicológico. Son niños, no atletas. Por favor déjalos que jueguen.

 

Sara Tabares es entrenador personal en Valencia y directora de PERFORMA Entrenadores Personales.

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