Domingo, 07 de Agosto de 2022

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Lluvias, sequías y rogativas. ¿Cómo era el tiempo en Cuenca hace dos siglos?

Los documentos del Archivo Histórico Provincial de Cuenca aportan datos para conocer cuándo y en qué pueblos ocurrían riadas o cuándo había sequías y los efectos de las rogativas

Cuaderno de temporales de 1794.

Cuaderno de temporales de 1794. / Archivo Histórico Provincial de Cuenca.

Almudena Serrano, la directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca rescata esta semana una serie de datos sobre cómo era el tiempo en Cuenca entre mediados del siglo XVIII y finales del siglo XIX. En el espacio ‘Así dicen los documentos’ de Hoy por Hoy Cuenca hemos recorrido la provincia apuntando dónde hubo riadas, dónde se sacaron los santos pidiendo lluvia o dónde el viento arrancó los pinos.

'Así dicen los documentos' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

El tiempo ha determinado la vida del ser humano. La mayor parte de la población española, el 90%, vivía en el campo y la economía dependía de lo que caía o no del cielo. Teniendo en cuenta esto, la escasez o abundancia de los alimentos básicos estaban directamente relacionadas con el tiempo, y, por tanto, los precios de venta de cereales, aceite, vino, etc.

Las buenas o malas cosechas se daban si a lo largo del año llovía o no, en la estación apropiada, para beneficio o pérdida de los cultivos y para disminución o aumento de los precios de cereales, hortalizas y otros alimentos.

Archivo Histórico Provincial de Cuenca.

¿Cómo sabemos si subían o bajaban los precios?

Esta información se conserva porque todos los datos de precios se hacían constar por escrito con el fin de que la administración de Hacienda recaudase los impuestos repercutidos en aquellos productos, sobre todo cereales.

Además, en las ocasiones en que era imposible pagar rentas e impuestos por la escasez sobrevenida ante una mala cosecha, Hacienda debía saber el motivo, necesitaba conocer por qué no se pagaba: si no se cosechaba no se podían pagar impuestos y cuando había malas cosechas, lo inmediato era que se solicitase perdón de deudas, aplazamiento en el pago de impuestos o, directamente, la exención de éstos. Algo así como las declaraciones de zonas catastróficas de hoy día.

Los datos

En el Archivo Histórico de Cuenca se conservan documentos en los que constan muchos datos de las inclemencias meteorológicas tales como fuertes lluvias, nevadas, granizos o pedriscos, vientos huracanados y grandes avenidas de los ríos.

Como veremos, todo esto incidía sobremanera en el desarrollo de la vida de los pueblos y en su economía, en definitiva, en su supervivencia. Estas inclemencias influían muy directamente en la vida de los pueblos. Las peores, sin duda, eran las grandes avenidas de los ríos, que destrozaban los puentes.

Archivo Histórico Provincial de Cuenca.

Buendía

Las comunicaciones y el comercio se podían ver interrumpidos si la crecida de un río se llevaba por delante un puente, como sucedió con el puente del Saornil, en Buendía, a principios del siglo XIX, que tardó años en ser reconstruido desde que se solicitó su reparación, ocasionando un menoscabo inmediato para infinidad de pueblos en 8 leguas a la redonda (una legua castellana eran casi 6.000 metros). Este puente del Saornil comunicaba muchos lugares de Madrid, Toledo, Guadalajara y Cuenca con Aragón. Como norma, en la reconstrucción tenían que participar mediante el sistema de derrama todos los pueblos afectados y la mayoría de ellos no pagaron porque la economía no andaba para estas necesarias inversiones, tras haber salido de la Guerra de la Independencia. Tan sólo, Buendía fue el que aportó la cantidad que le correspondía en el repartimiento de gastos. Como los meses pasaban y también los años, y el puente seguía sin poderse utilizar, finalmente, el Gobierno tuvo que encargar la obra a un contratista para que la acometiese, casi 20 años después.

Riadas

Una tras la que hubo que hacer obra ‘bajo la fuente de cal y canto’ ocurrió en Villaverde y Pasaconsol, en el ramblón que abrieron las avenidas, y ‘contener y dirigir las aguas que deben servir al riego de las huertas nuevas’, según dice el documento.

En Garaballa, en 1804, la justicia del lugar pidió que se diera facilidad para reparar los daños causados por las riadas de la presa y molino de la villa.

En 1808, por ejemplo, en Chillarón hubo falta de agua por el mal tiempo que hizo y los muchos hielos que cayeron, además de ramblas.

Otro ejemplo es el Puente de la Carpintera, en la Parra de las Vegas, que tenemos documentado desde el año 1345, que comunicaba a los vecinos con un importante molino harinero. Hace siglos ese lugar se denominó y se sigue llamando hoy El Castellar, desde donde Cuenca recibió luz eléctrica durante años del siglo XX porque en ese paraje se construyó una central eléctrica.

Es el puente más antiguo que hay documentado en el Archivo Histórico, dada la importancia de su donante, el Cardenal Gil de Albornoz. El molino anejo se usó hasta fines del siglo XIX, siendo fundamental en la economía de la zona. A lo largo del siglo XVII ocurrieron varias riadas que se llevaron por delante el puente de madera, tomándose la acertada decisión de construirlo de mampostería.

Vientos huracanados

Los días de vientos huracanados están bastante documentados, como sucedió en el año 1806 en Fuentelespino de Moya, que 40 pinos tirados por el viento fueron utilizados para madera y carbón. Algo más tarde, en el año 1860, en innumerables lugares debió de haber vientos generalizados, según consta, porque fueron afectados pueblos de muy diversas zonas de la provincia. Así, en Campillos Paravientos se habla de ‘maderas desligadas por los vientos en la dehesa del común’ o los ’50 pinos desligados de los montes o los varios pinos que el alcalde autorizó en venta porque fueron arrancados por el viento en Las Majadas. También en Alcantud muchos pinos fueron arrancados por el viento y en Cólliga se aprovecharon 4 pinos arrancados para recomponer un puente.

Sequías y rogativas

En siglos pasados hubo años completos en que no llovía nada y todo esto lo sabemos por los expedientes que se conservan, por ejemplo, para pedir autorización a la Iglesia para sacar imágenes religiosas y hacer rogativas.

Como ejemplo mencionaré un expediente incoado para autorizar que la imagen de la Virgen de Tejeda saliese hacia la iglesia de Moya ‘a causa de implorar socorro para la lluvia’.

Y finalmente llovió. Además, tenemos documentado el resultado de aquella rogativa en la ‘Noticia puntual de lo ocurrido con ocasión de llevar la Santa Imagen de Tejeda a la villa de Moya para el solemne novenario de acción de gracias por lluvia en el año 1773, por haber conseguido el socorro de un agua general en el día 18 de mayo’.

Unos años después, en 1780, se hizo un informe para usar las imágenes de la Cofradía de la Sangre de Cristo, en San Clemente, con el mismo propósito. Y así conocemos qué años fueron secos y catastróficos para las cosechas.

Los pedriscos

Son los fenómenos más temidos por los agricultores. Vamos a conocer algunos del pasado, por ejemplo, los que tuvieron lugar en Castillo de Garcimuñoz en el año 1857, en que los arrendadores de tierras se vieron obligados a pedir que se condonasen sus pagos por rentas por ‘la pérdida de cosecha, por la calamidad del pedrisco’, según dice el documento.

Más tarde, los días 2 y 3 de junio de 1911 hubo un pedrisco que afectó a decenas de pueblos, entre otros cayó en Reíllo, Laguna del Marquesado y Olmedilla de Alarcón. Los ayuntamientos escribieron a Hacienda para pedir condonación de multas al haber perdido las cosechas de cereales, patatas, judías y verduras.

Las nieves y los hielos

La nieve y el hielo que caracterizan nuestro clima continental mediterráneo, no faltan en nuestro relato. En 1790, el corregidor de Huete pidió que se sobreseyeran los débitos en la cárcel real hasta ‘que se pueda traficar el camino respecto del temporal que ha hecho de aguas, nieves y yelos, y actualmente está haciendo’. Era un 25 de enero y esto suponía que ‘no se podían vadear los caminos’.

En Landete, un mozo sirviente en la herrería de Mijares, cuenta cómo tuvieron que volverse con las carrascas cortadas, según dice el documento, ‘al haber salido de dicha fábrica para conducir carbón, no pudiendo transitar los carros por la mucha nieve’.

Años estériles

Los años estériles era como llamaban a los años de malas cosechas por escasez de lluvias. Así, en el año 1744, en Tinajas, no se pudo reintegrar el cereal al Pósito ‘a causa de la esterilidad del año’.

Sabemos que el año 1812, en plena Guerra de la Independencia, el año fue de cosecha muy escasa, esto añadido a los desastres ocasionados por la contienda.

Por ello concurrieron los arrendadores de las tierras de las religiosas Justinianas y Bernardas de Cuenca porque la escasa cosecha de todos los frutos por las escasas lluvias no daba para pagar las rentas.

Así dice el documento de julio de ese año, a instancia de uno de los arrendadores, Faustino Martínez:

‘Ante vuestra señoría reverente decimos que es bien notoria la escasa cosecha de todos los frutos que se experimentan y anuncian los sembrados en la presente cosecha, a causa de las lluvias tan escasas que se han experimentado en este año, por cuio motivo y nuestra infelicidad no podremos cumplir con pagar las escesibas rentas a que somos obligados como tales arrendadores. En esta atención, a vuestra señoría suplicamos rendidamente que, por un efecto de su acreditada bondad, se sirva expedir sus órdenes a la justicia de este pueblo para que inmediatamente…’.

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