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Domingo, 18 de Agosto de 2019

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El Reggaeton no es sólo música

El comentario de Ana Mellado

Siempre presumí de escuchar todo tipo de estilos musicales. Afortunadamente siempre fui capaz de encontrar algo que me gustara incluso entre los que a priori no eran mis favoritos. Siempre fue así hasta hace un tiempo en que descubrí el Reggaeton. Por supuesto esto es una cuestión subjetiva y personal, pero más allá de que el Reggaeton sea un sonido más o menos agradable para cada uno, tiene otros componentes que me producen un enorme rechazo y mucho más cuando he sido consciente de lo “consumido” que es por parte de muchos niños y adolescentes.

Recientemente en una fiesta escolar con música, pude observar cómo unas niñas que tendrían unos 10 u 11 años pedían al DJ una canción que cuando sonó, bailaron recreando una coreografía, (supongo que aprendida en algún videoclip), que poco tiene que ver con cómo debería bailar un niño. Escuché una letra sin desperdicio en la que las palabras malsonantes eran lo de menos. Se me quedaron grabados los gestos y movimientos de estas niñas al ritmo de versos con referencias explícitas al sexo y a las drogas. Y ahí estaban esas crías, cantando y bailando con entusiasmo aquella mierda.

Y la elección de esta última palabra no está hecha a la ligera. Es la más acertada que se me ocurre para definir una música que entre sus señas de identidad incluye una constante denigración de la mujer, a la que convierte en objeto sexual sin voluntad alguna. Una mujer que además a ellos no les sirve para nada sin una delantera y trasero generosos. Y por el contrario, presenta a los hombres siempre como dominantes, las chicas caen rendidas a sus pies y están a su disposición por decenas. Son los más chulos del barrio, los que gastan la ropa y los coches más caros, los que presumen de meterse todo tipo de drogas porque insisto, ellos son muy “cool”.

Quiero pensar que aquellas niñas no entendían ni la mitad de lo que estaban cantando y también quiero pensar que sus padres y madres, y los de otros tantos, no lo escuchen cuando van con ellos en el coche.

No es una cuestión de mojigatería. Toda la vida se han hecho canciones con letras cuyo significado escandalizó a alguien en algún momento y aquí estamos. Pero ni el acceso a la música era igual al de hoy, ni los niños y jóvenes, ni tampoco los problemas sociales eran los mismos. ¿De verdad queremos lanzar a los chavales ese tipo de mensajes? ¿A los mismos a los que después tratamos de inculcar valores como la igualdad o el ocio sano? ¿Nos extrañará más tarde que la incidencia de la violencia de género siga subiendo en este sector de la población?

La reflexión es la siguiente, ¿cómo evitar que nuestros hijos consuman este tipo de contenidos? Y la respuesta es poco alentadora… es realmente incontrolable. Los padres podemos evitar que nuestros hijos menores vean en televisión contenidos inapropiados (sexo, violencia…), que utilicen videojuegos que no sean recomendados para su edad, podemos intentar ejercer un control parental en su acceso a internet… pero la música está en todas partes, es imposible que no les llegue en algún momento aquello que no queremos que escuchen. Una vez más la educación es la respuesta. Si tienen que escucharlo, al menos que sepan que efectivamente, lo que transmiten estas canciones es una soberana mierda. Seguro que seremos capaces de explicárselo con las palabras y argumentos más adecuados.

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