Sábado, 15 de Agosto de 2020

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Mario Ocaña

‘Dos de octubre’

Hoy resulta inevitable hablar del día de ayer en el que nuevamente las tensiones entre el independentismo catalán y el gobierno del Partido Popular han dado lugar a situaciones de tensión que supongo lamentamos la mayoría

Firma Mario Ocaña, 'Dos de octubre'

Hoy resulta inevitable hablar del día de ayer en el que nuevamente las tensiones entre el independentismo catalán y el gobierno del Partido Popular han dado lugar a situaciones de tensión que supongo lamentamos la mayoría. El conflicto viene desde muy atrás, desde la década de 1640, y ha generado lamentables enfrentamientos entre gobiernos centrales y periféricos a lo largo de la Historia. Encontrar una solución al estado de cosas en que estamos no es fácil pero, si se quiere, es imprescindible recurrir a la tolerancia mutua, el diálogo y el respeto entre las partes que deben participar en una futura negociación, por que esta situación se terminará solucionando sobre una mesa. Como siempre.

En una sociedad democrática, como la española, nadie está por encima de la ley. Es lo que nos hace ser ciudadanos y no súbditos. Esa ley, la Constitución, no es una carta otorgada desde el poder sino el resultado del acuerdo entre los representantes de todos los ciudadanos. Se elaboró en un momento mucho más tenso que el que vivimos hoy pero con la diferencia de que todos, desde los herederos directos del franquismo hasta la izquierda española, hasta hacía poco en el destierro, tuvieron la suficiente capacidad e inteligencia de ceder para conseguir un instrumento que nos permitiese vivir a todos los españoles bajo unos mismos principios políticos y jurídicos. Nunca en la historia contemporánea de España se ha vivido un periodo constitucional tan largo. Por ello mientras la ley que a todos nos rige sea la que es, nadie puede saltársela a su antojo como, en mi opinión, ha hecho el independentismo catalán.

Harina de otro costal es plantear cambios legislativos que, de mutuo acuerdo entre todas las fuerzas políticas españolas, permita modificar la Constitución que, tras cuarenta años, quizás necesite una puesta al día. No es un monolito y redactada por hombres y mujeres hace años, los de ahora tienen la capacidad constituyente de, si así se considera, modificarla para mejorar aquellos aspectos políticos, sociales o territoriales que se considere oportuno. Yo propondría, modestamente, cambiar la Ley Electoral, de manera que un diputado por Cádiz costase los mismos votos que otro por Lleida o por San Sebastián, y no como sucede ahora que ambas comunidades son privilegiadas respecto a las demás y juegan un papel político sobresaliente en el Parlamento español, siendo demográfica y geográficamente de menor peso que otros.

Gobierno y Generalitat catalana deben, a partir de hoy, flexibilizar posturas para encontrar una salida a esta cuestión pensando, ambos y el resto de los partidos de toda España, no en la toma de posición de cara a una futuras elecciones no muy lejanas en el tiempo sino en el bien común, la tranquilidad, la paz y la felicidad de todos los ciudadanos.

Afortunadamente, y de verdad que me he pasado toda la semana pensando en ello, no se ha producido ningún hecho irreversible debido a la actuación de la Policia Nacional y Guardia Civil que no han hecho más que cumplir el mandato que nos obliga a todos a respetar la Constitución.

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