Martes, 20 de Octubre de 2020

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Vitoria, 1912: un clamor contra la pena de muerte

Un militar corneta fue condenado a la pena de muerte aquel año en un consejo de guerra 'exprés'

La publicación del hecho que acarreó la pena de muerte

La publicación del hecho que acarreó la pena de muerte / DIARIO LA LIBERTAD

En 1912 las dependencias del antiguo convento de San Francisco -hoy desaparecido - ocupaban una manzana cuyos límites eran las actuales calles Fueros, Postas, Estatuto de Gernika, Plaza de Los Celedones de Oro y traseras de San Francisco. El primitivo templo y el resto de edificios, más algún otro que se había construido nuevo, eran utilizados en aquel momento como cuarteles del ejército.

La parte correspondiente a la iglesia, estaba ocupada por el regimiento de infantería “Guipuzcoa” y tenía la entrada por el viejo atrio de la basílica. En una imagen del Archivo Municipal de Vitoria Gasteiz AMVG, podemos ver la portada del convento y el citado acceso, observándose a la derecha de la foto la garita de guardia y en el centro algunos soldados.

REGIMIENTO DE INFANTERÍA GUIPÚZCOA. VITORIA-GASTEIZ 1912 / ARCHIVO MUNICIPAL DE VITORIA-GASTEIZ

Disparos

El 13 de marzo del citado año a las nueve de la mañana, los pocos viandantes que circulaban por las proximidades del cuartel escucharon dos disparos con muy poco intervalo de tiempo, provenientes del interior del acuartelamiento. Algunos soldados que se encontraban en el exterior barriendo, corrieron procurando ocultarse de un peligro cercano indeterminado.

En aquel momento se hacía el relevo de guardia, en el que participaban, como sargento del grupo saliente, Manuel Suárez y como corneta del contingente entrante, León Esteban. Este último que se encontraba a muy poca distancia del primero y a su espalda, iba provisto no de la corneta, sino de un fusil “Maüsser”. Tras gritar el corneta, “¡sargento Suárez!”, éste volvió la cabeza y en ese momento Esteban le disparó un tiro que le penetró por el centro de la barbilla, saliendo por la parte posterior de la cabeza. Seguidamente el corneta volvió el arma contra sí mismo, efectuando otro disparo con intención de suicidarse, cosa que no consiguió, al ni siquiera rozarle el proyectil.

El sargento gravemente herido, tras una primera asistencia, fue conducido al Hospital Militar, mientras que León Esteban era detenido.

El corneta era natural de Guadalajara y llevaba en el ejército cuatro años. Había salido del calabozo el día anterior, tras cumplir un castigo por la sospecha de que fuera el autor de la sustracción de unas botas. El sargento Suárez había sido el autor de la denuncia contra el sargento ante sus superiores.

Esteban era bastante conocido en Vitoria, ya que había ejercido de criado en Aretxabaleta y en la casa de Isidoro Sáez de Lafuente, en el pueblo de Armentia

Diligencias

El mismo día del suceso se puso en marcha el trámite de las diligencias judiciales, de carácter militar. La legislación castrense de entonces admitía dos posibilidades de cara al juicio. El procedimiento ordinario permitía que la causa y las investigaciones fueran llevadas a cabo con tiempo suficiente, para que el fiscal y la defensa aportaran todos los datos que consideraran necesarios. Por su parte, un juicio sumarísimo preveía que la sentencia se produjera en pocos días, tras lo que hoy podríamos denominar un juicio “exprés”, en el que apenas había tiempo para aportar pruebas y datos. Las autoridades militares optaron por este último procedimiento.

El consejo de guerra

A las tres de la madrugada de día 16 –tres días después del suceso- dio comienzo el Consejo de Guerra contra León Esteban Laguna, celebrándose la vista en el cuartel donde había ocurrido el hecho.

El juez Sr. Esparza, poco antes del comienzo del juicio, facilitó al reo una relación de defensores militares para que el acusado eligiera y el corneta optó por el capitán de su regimiento Pablo Rámila Gutiérrez.

Una vez constituido el tribunal, el presidente pronunció unas breves palabras, dando cuenta del acto que iba a celebrarse y autorizando al acusado a estar presente en la sala, tal como lo había solicitado. También se encontraba en la estancia la víctima, el sargento herido Suárez.

El juez instructor dio lectura a las diligencias practicadas. Entre otras cosas, se dio cuenta de la existencia de una carta de Esteban dirigida a su capitán, y encontrada tras el suceso, en la cual -tras tomar algunas copas de anís- el corneta escribió, dos horas antes de efectuar los disparos lo siguiente: “Dispénseme pero paso a decirle que ha terminado todo en este mundo para el sargento Suárez y para mí. Muero tranquilo porque he matado al que quería llevar por delante mi vida.”

Se da conocer que el acusado había sido castigado anteriormente por embriaguez, por pernoctar fuera del cuartel y por riña. En la declaración del reo se mencionan las desavenencias entre éste y el herido y de varios castigos sufridos por aquel a iniciativa del sargento. También se da a conocer que la noche anterior al suceso, al regresar al cuartel el corneta, el sargento le dedicó la siguiente frase: “pocas horas te quedan de vida”. Amenaza que el corneta se tomó en serio, y que -en su opinión- estaba motivada porque se había dirigido al capitán saltándose el escalafón, para manifestar su disconformidad por un castigo que le había impuesto el sargento.

Comparece el médico del hospital militar e indica que el acusado ha estado atendido en el centro en alguna ocasión, por algún “ataque”. Aunque no se señala el tipo de dolencia, parece entenderse que se trataba de epilepsia, a tenor de lo declarado a continuación por el doctor: “un individuo, por efecto de la bebida, puede tener momentos de locura, por lo predispuesto que es el alcohol a los ataques epilépticos, pues esto ocurre con frecuencia”.

La defensa pide que su patrocinado sea reconocido por dos médicos allí presentes, para analizar su estado mental. Los doctores se llevan al reo a otra estancia, y tras un corto espacio de tiempo emiten el juicio que les ha merecido el acusado, en el pequeño reconocimiento que le han efectuado.

Ni afirman ni niegan que el procesado padezca accesos de locura. Solamente han dispuesto de diez minutos para un reconocimiento ligero y superficial y manifiestan que se necesitarían seis meses para poder analizar con precisión el estado mental del acusado..

Esta manifestación de los médicos es resaltada por la defensa, que incide en que no se puede condenar a una persona, ante la duda de que pueda no ser responsable de sus actos, y que sería necesario un examen médico más amplio, tal como indican los galenos.

A las siete de la mañana se da por concluido el consejo de guerra, quedando el tribunal reunido para emitir sentencia hasta las diez y media. La impresión de los asistentes a la vista es la de que Esteban será condenado a muerte.

En contra de la pena capital

El mismo día de la celebración del juicio, sin conocerse aun la sentencia, la ciudadanía vitoriana se movilizó tratando de conseguir que la posible pena capital no se llevara a efecto.

El diario “Heraldo Alavés” dedicaba su primera página a un destacado titular: “PEDIMOS PIEDAD.VITORIA PIDE CLEMENCIA PARA EL REO LEON ESTEBAN.”

PUBLICACIÓN DE LA PETICIÓN DE CLEMENCIA EN EL HERALDO ALAVÉS / HERALDO ALAVÉS. 1912

La movilización contra la pena de muerte fue enorme y unánime, y abarcó a todos los estamentos e ideologías políticas. Fueron muchas las peticiones de indulto dirigidas al Rey y/o al Presidente del Consejo de Ministros, entre las que destacamos a el Colegio de Abogados de Álava, la Cámara de Comercio e Industria, el Centro de Obreros Católicos, la Juventud Republicana de Vitoria, la Juventud Conservadora, el Obispado, el Circulo Vitoriano, la Sociedad Sportiva Alavesa, las Damas del Sagrado Corazón, el Alcalde Vitoria, la Sociedad Alavesa de Licenciados del Ejercito, la Juventud Conjuncionista, el Real Ateneo de Vitoria, los Directores de los periódicos locales Heraldo Alavés, La Gaceta de Álava, La Republica, Arabarra y La Libertad, etc.

La Federación Local de Sociedades Obreras acordó unirse a todas las corporaciones y fuerzas vivas para pedir el indulto y en caso de no prosperar la petición y llevarse a cabo la ejecución, solicitar el mismo día, el cierre general de tiendas y comercios en señal de duelo, recomendando que nadie fuera a presenciar dicho acto, solicitando la colaboración de la ciudadanía: “Para evitar el fusilamiento, debemos acudir todos en demanda de piedad.”

Los maestros nacionales públicos y privados vitorianos, en su alegato manifestaban lo siguiente: “Se atienda la petición de indulto y no se efectúe la ejecución para evitar el que la tierna infancia, cuya educación les está encomendada y el que todo el honradísimo vecindario, puedan presenciar el triste espectáculo de la ejecución, cuando los corrientes gobernantes de todos los países tienden a proclamar la abolición de la pena de muerte.”

La petición de clemencia traspasa las fronteras locales. Tomamos como ejemplo lo escrito en el diario Nueva España de Madrid, que también reclamaba el indulto: ”Queda el día de hoy entre el de la terrible sentencia y la ejecución. Este día debe ser aprovechado para pedir el indulto del pobre corneta León Esteban, que no pudo soportar una represión e hirió gravemente a un sargento.

Más de una circunstancia favorece el caso de Esteban para lograr el indulto. No se trata de un hombre que este en plenitud de sus facultades. Se trata de un incapacitado. Los informes médicos han dejado esa importante circunstancia entre dudas y es sabido que, en caso de duda, la justicia debe inclinarse al lado de la benevolencia.”

El colegio de Abogados de Vitoria telegrafió al de Alicante interesándole su apoyo a la petición de gracia, dado que en aquella ciudad se encontraban en aquellos días el Rey y el presidente del Consejo de Ministros.

Una representación del partido republicano, a cuyo frente iban los concejales alicantinos Sres. Guardiola y Rico visitó al Sr. Canalejas, presidente del consejo de ministros, para solicitar el indulto del reo y la misma petición realizo al Rey, el Real Club de Regatas de esa ciudad andaluza.

La sentencia

La sentencia finalmente condenó a la pena de muerte a León Esteban, y todas las peticiones de clemencia dirigidas al Gobierno y al Monarca, fueron ignoradas y no sirvieron para nada.

El reo fue fusilado el día 19 y los periódicos locales realmente enfadados por el fatal desenlace, dedicaron unas pocas líneas informando del ajusticiamiento, sin ningún titular.

En señal de duelo se suspendieron las carreras ciclistas organizadas por la Unión Sportiva, y el extenso programa que tenía previsto desarrollar el Casino Artista Vitoriano, con motivo de la fiesta de San José, no se llevó a efecto.

En el diario La Vanguardia de Barcelona, el periodista Castro en su crónica desde Vitoria, daba los detalles del fusilamiento: “A las cinco de la mañana salieron las fuerzas de los cuarteles, dirigiéndose al campo de la ejecución, que está situado junto al cementerio.

Llovía, y el paso de las tropas por las desiertas calles de la población fue triste y silencioso.

Después salía el regimiento de "Guipúzcoa” al que pertenecía el infeliz corneta, formando un batallón, al mando del coronel señor López Regio. El reo fue trasladado al lugar de la ejecución en un coche de la ambulancia de Sanidad, acompañándole el capellán castrense, señor Moya, el defensor, capitán Ramila y el juez instructor, comandante Esparzu.

AI llegar al campo donde debía cumplirse la fatal sentencia, el temporal de agua había amainado y empezaba a amanecer. El público era escaso. Formaban el cuadro fuerzas de caballería, infantería, artillería y administración militar y los reclutas recientemente incorporados a filas. El alcalde se hallaba en el campo con fuerzas de la guardia municipal diurna y nocturna.

El reo, que vestía capote de paño y gorra cuartelera, se apeó del coche. Su aspecto revelaba tranquilidad. Con paso lento, pero firme, entró en el cuadro, acompañado del defensor, del juez y del capellán, que le asiste, el cual le vendó los ojos. Seguidamente se destacó de las fuerzas que formaban el cuadro un pelotón de ocho soldados del Guipúzcoa, al mando del oficial don León Rodrigo. Puesto de rodillas el reo, el oficial hizo con el sable la señal de fuego, sonando la descarga. El desgraciado León Esteban cayó de bruces con la cabeza y el pecho atravesados por varios proyectiles que le ocasionaron, la muerte instantánea.

CASO DEL CORNETA FUSILADO EN VITORIA EN 1912 / LA HORMIGA DE ORO

Las tropas desfilaron, al son de las cornetas y tambores, ante el cadáver del reo, que fue recogido después y depositado en una caja de madera, sin forrar, habiéndosele despojado previamente del capote.

Fue conducido al depósito judicial del cementerio, donde estará veinticuatro horas, transcurridas las cuales será inhumado en la fosa común.

Vitoria ofrece hoy el aspecto de una ciudad que está de duelo. El fusilamiento ha causado enorme impresión, a pesar de que, desgraciadamente, las últimas noticias recibidas a última hora de anoche no eran para infundir esperanza, respecto de la concesión del indulto por el que se habían interesado todas las clases sociales”.

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