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Lunes, 19 de Agosto de 2019

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Claves para convivir con la ansiedad

Según las últimas encuestas, la ansiedad es el problema mental más citado por los españoles

“No duermo, tengo ansiedad”. Es una de las frases que pronuncian aquellos que padecen una patología que va en aumento. Al menos una de cada 10 personas sufre síntomas como este, según la OMS.

Según las últimas encuestas, la ansiedad es el problema mental más citado por los españoles.

El coste económico entre fármacos y bajas es de 23.000 millones de euros, el 2,2 por ciento del PIB nacional. Pero… ¿La ansiedad se soluciona con pastillas? ¿Qué subyace debajo de todo esto? El psicólogo, Alberto Soler, nos ayuda a entender mejor qué nos sucede y despeja las dudas sobre

¿Qué es la ansiedad y por qué se produce?

La ansiedad es una respuesta de todo nuestro organismo que se activa en los momentos en los que el cerebro percibe una amenaza; esta respuesta se activa inmediatamente y nos permite reaccionar de tal manera que se asegure nuestra supervivencia. Pongámonos por ejemplo que estamos caminando por un callejón oscuro y escuchamos unos pasos detrás nuestro. Automáticamente se acelerará nuestro pulso, comenzaremos a respirar más rápido, se tensarán nuestros músculos, se incrementará nuestra temperatura corporal, sudaremos… Una respuesta que tiene un objetivo: luchar o huir de esa amenaza que hemos percibido. Todos estos cambios en nuestro cuerpo nos están preparando para esas respuestas de lucha o huída. Si necesitamos salir corriendo o enfrentar ese peligro nuestro cuerpo ya está preparado para movilizar toda la energía necesaria en una situación de emergencia. A nuestro sistema nervioso le da igual que sea un atracador o un gato paseando, ante la duda, se activa igual, no se la puede jugar.

¿Es mala?

No, la ansiedad no es mala, como hemos visto, es una respuesta adaptativa de nuestro organismo que nos permite enfrentarnos a gran cantidad de situaciones que, sin ella, no habríamos podido superar. De hecho, podríamos decir que si hoy en día estamos aquí es gracias a que cada uno de nuestros antepasados sintió ansiedad justo en el momento adecuado. Sólo con no haber tenido esa respuesta en un momento necesario, la supervivencia habría estado seriamente comprometida. Los que se quedaron impasibles cuando tenían un tigre o un león cerca no consiguieron pasar sus genes.

Un cierto grado de ansiedad también puede ser positiva hoy en día en situaciones que no implican la diferencia entre la vida y la muerte. En el continuo que va desde la relajación previa a dormir, hasta la ansiedad totalmente descontrolada que supone un ataque de ansiedad hay muchos puntos intermedios que pueden ser más o menos adecuados en función de la situación. Un estudiante ante un examen, una presentadora en la radio, un cirujano en una operación, un músico en el escenario, un profesor explicando la lección, un deportista en un partido o una carrera… Hay muchas situaciones en las que necesitamos un cierto grado de activación. La clave es que el grado de activación sea acorde con la situación.

Según la estadística de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés… El diez por ciento de nosotros sufrirá un ataque de ansiedad a lo largo de su vida…

Esos ataques de ansiedad no se diferencian de la situación del atracador que estábamos comentando, con una salvedad: que en la mayoría de los casos no existe esa amenaza real de la que protegernos. Por diferentes motivos, vamos entrando en un modo de funcionamiento en el que percibimos gran cantidad de peligros y amenazas donde no los hay: en espacios cerrados, en la cola del supermercado, hablando ante muchas personas, en el coche… son situaciones que objetivamente no entrañan peligro alguno (o, al menos, no demasiado) pero al tener nuestro sistema de vigilancia hiperactivado acabamos por percibirlas como altamente peligrosas. Y por tanto, reaccionamos excesivamente ante una amenaza que no existe.

Como hemos dicho, todos experimentamos cierto grado de ansiedad de forma normal en nuestro día a día. Otra cosa son los trastornos de ansiedad, que suponen ya un problema para la persona que es necesario tratar. En el caso de los ataques de ansiedad es una sensación muy desagradable que produce un elevado nivel de angustia y que como dices, es bastante frecuente.

¿Qué debemos hacer para no padecer esto?

No podemos evitar tener ansiedad, de hecho no debemos dejar de sentirla. Sería como no sentir dolor. En principio puede sonar bien, pero existen personas con una extraña enfermedad que no sienten nada de dolor y su vida es un infierno: constantemente se están lesionando, quemando, fracturando extremidades,… porque ese sistema de alerta que es el dolor ha dejado de funcionar. Con la ansiedad ocurre lo mismo. Lo que debemos buscar es tenerla sólo en los casos necesarios o a un nivel adecuado; para ello es necesario trabajar con esas percepciones distorsionadas por las que vemos amenazas donde no las hay. Cuando más equilibrada sea nuestra forma de ver el mundo y nuestros pensamientos, menos probabilidades de tener ansiedad excesiva. También es cierto que hay un componente genético en estos trastornos, por lo que algunas personas tenderán en mayor o menor medida a este tipo de situaciones.

La ansiedad puede convertirse en una enfermedad crónica… ¿Los fármacos son la solución?

No la solución, pero sí pueden suponer una ayuda cuando se ha convertido en un problema que afecta seriamente el funcionamiento diario de la persona. Debemos ser muy conservadores con los fármacos, y restringirlos sólo a aquellos en los que psicólogo y psiquiatra están de acuerdo en su idoneidad. Nunca automedicarnos con aquello que le ha funcionado a nuestro vecino o amigo. Los fármacos que tradicionalmente se han empleado para tratar la ansiedad de manera aguda, las benzodiacepinas, producen tolerancia y “enganchan” después de un tiempo de tratamiento, por lo que en la medida de lo posible deberían evitarse en favor de otras pautas de medicación con menos potencial adictivo. Además un problema con estos fármacos es que a veces un médico “los pone” pero luego nadie “los quita”. Cuando en principio deberían emplearse de una manera mucho más controlada. En algunos casos no es solo que nadie los quite, sino que diferentes médicos van sumando pastillas y te encuentras a gente muy medicada, durante mucho tiempo, sin apenas control médico.

Vivimos en una sociedad competitiva en la que estamos sometidos en muchas ocasiones a grandes niveles de estrés… ¿Qué debemos hacer para convivir con ella de una manera “sana”? (tres o cuatro puntos)

Algunas ideas generales para tratar de compensar un poco el ritmo de vida que la mayoría solemos llevar pueden ser:

Aceptar que la vida no siempre es 100% bonita o amable: existe la enfermedad, el dolor, las preocupaciones y las decepciones. Poner el listón tan alto y esperar evitar ese dolor no hace más que comprar papeletas para sufrir en exceso.

Hacer deporte: está bastante claro que el ejercicio físico es una gran ayuda para hacer frente a la tensión y el estrés. Practicado de manera sostenida es una estrategia preventiva.

Tener tiempo de desconexión: no todo el tiempo puede ser tiempo productivo. Necesitamos, adultos y niños, aburrirnos. No tener siempre mil actividades e ir corriendo de un compromiso a otro. Hay que ser un poco más comedidos en cuanto a nuestro nivel de compromiso y actividad.

Saber decir no. Tener la capacidad de negarnos a peticiones injustas, excesivas o a cosas que simplemente no queremos hacer, nos permite ahorrar mucha tensión innecesaria y nos ayudará a tomar en control de nuestra vida.

Sara Tabares, entrenador personal en Valencia y directora de PERFORMA Entrenadores Personales

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