Miércoles, 27 de Enero de 2021

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Gloria Sánchez-Grande

‘El final’

Salvando el sol imbatible y las altas temperaturas, esta Feria del Pilar ha vuelto a tener, un año más, el sabor de la despedida

Firma Gloria Sánchez-Grande, 'El final'

Con la Feria de El Pilar de Zaragoza, termina la temporada taurina. La plaza de toros, neomudéjar e inaugurada en 1764, es la segunda más antigua de España. Como curiosidad, también fue el primer coso cubierto, con motivo del mal tiempo que, por lo general, azota Zaragoza a mediados de octubre.

No ha sido el caso este año, con un verano que se resiste a ser arrastrado por las mulillas del otoño. Salvando el sol imbatible y las altas temperaturas, esta Feria del Pilar ha vuelto a tener, un año más, el sabor de la despedida: el último toro que asoma por los toriles, el último par de banderillas, los últimos miedos, la última faena en los medios. En Zaragoza, hasta los capotes de brega parece que pesan más y que las zapatillas se agarran más a la arena. Pesan ya más de siete meses de temporada a las espaldas, de viajes de madrugada en los coches de cuadrillas, de triunfos, de excesos, de cornadas, de sangre abierta en las enfermerías y de desencantos. Hay que ser muy hombre para aguantar todo eso sin una muesca.

Y hablando de tíos que se visten por los pies, en la Feria de El Pilar 2017 ha emocionado Cayetano Rivera, quien recibió un cornalón (un “tabacazo”, como se dice en el mundillo) cuando un toro de Parladé se le venció citándolo con la izquierda, y lo atrapó en el aire clavándole el pitón en el muslo. Cayetano ni se miró la sangre oscura que empapaba la taleguilla y, arrastrando la pierna, volvió a coger la muleta, dio una serie de derechazos y, a continuación, pasaportó al toro de una certera estocada. Dos orejas, enfermería y el respeto unánime de la plaza llena. La gloria tiene un precio y Cayetano pagó cabalmente por ella.

A diferencia de otros matadores que han actuado estos días en Zaragoza, él, desde el hospital, no pudo celebrar junto a su apoderado, su cuadrilla y su gente, el final de temporada. Queda pendiente. Los otros, aquellos que salieron del coso de La Misericordia por su propio pie, sí brindaron por seguir vivos, por haber sido capaces de aguantar el peso de la temporada; una temporada dura, inclemente y agotadora, como el toro y como la vida misma.

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