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Lunes, 18 de Noviembre de 2019

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La pobreza en Castilla en el siglo XVI: el caso de las Franciscanas de Cuenca

Las malas cosechas, la peste y los impuestos sumieron a Castilla en la pobreza incluso en los años de mayor esplendor del imperio de Felipe II. La congregación Franciscana de Cuenca es uno de los ejemplos que conocemos a través de los documentos de Archivo Histórico Provincial

En la sección ‘Así dicen los documentos’ de Hoy por Hoy Cuenca, esta semana hemos hablado de miseria y pobreza en siglos pasados, algo bastante frecuente, aun en los mejores momentos del imperio español, los años finales del reinado de Felipe II. Almudena Serrano, la directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, ha recuperado una serie de documentos que nos acercan a la difícil situación que atravesaron en esas fechas las monjas Franciscanas de la capital conquense.

'Así dicen los documentos' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Para analizar la pobreza en tiempos de Felipe II, Almudena Serrano ha rescatado del Archivo un expediente judicial en el que se da cuenta de las carencias tan acusadas de rentas y alimentos que tuvo el monasterio de Franciscanas Concepcionistas de Cuenca. Este importante monasterio se fundó en el año 1498, según se estableció en el documento que conservamos en el Archivo Histórico de Cuenca y en el que se toma la decisión de fundarlo.

El siglo XVI fue avanzando para estas monjas con la consolidación de su monasterio y otras fundaciones, y el consecuente aumento de patrimonio y de sus rentas. Sin embargo, a finales del siglo XVI, la pobreza llegó, y de qué manera, a esta comunidad religiosa. Las monjas se vieron abocadas a una gran miseria, aunque esto no fue algo particular de su institución sino generalizado en Castilla.

¿Por qué esta pobreza?

El final del reinado de Felipe II dejó patente la enorme deuda que tenía el país a pesar del flujo de tesoros de América que según llegaban servían para ejecutar pagos y deudas pendientes. La vida durante los años finales del siglo XVI y todo el siglo XVII fue muy difícil para los españoles.

Archivo Histórico Provincial de Cuenca.

Una de las primeras consecuencias de aquella crisis fue el alza de los precios, lo que hizo más complicadas las condiciones de vida. Según los datos que tenemos, el precio de los cereales aumentó más del 50% en Castilla y en Andalucía, entre los años 1595 y 1599, y el continuado descuido de la agricultura y el recurso creciente al grano extranjero originaron una constante carestía de productos.

La situación de los consumidores empeoró como derivación del peso insoportable que suponían los cuantiosos y variados impuestos que el Gobierno elevó para tratar de superar las dificultades en que se veía, a causa de la inflación y para financiar las guerras.

Los productores se vieron afectados por la inflación y los impuestos. Además, muchos de los nuevos negocios quebraron porque los comerciantes intentaron huir del riesgo que entrañaba el comercio, sin olvidar el estigma social que suponía en aquella sociedad tener que trabajar para ganarse el sustento. Así, ellos intentaron, y muchos consiguieron, las ansiadas hidalguías que les unirían a la nobleza que tantos privilegios ostentaba.

Pero la crisis económica afectó más a la población necesitada de pueblos y ciudades. El declive económico de la zona central de Castilla se había iniciado hacia el año 1580 y continuó agravándose por el aumento de los precios de los arrendamientos y por los abusos fiscales que no cesaban.

Las calamidades nunca vienen solas

A los cuantiosos impuestos y subidas de precios hay que añadir algo de lo que ya hablamos en un programa anterior, las malas cosechas, además de enfermedades tan temidas como la peste y, por supuesto, los impuestos, en este caso el nuevo impuesto de los millones.

El impuesto de millones

Los millones fueron un impuesto sobre el consumo de las cuatro especies: vino, carne, aceite y vinagre, creado a finales del siglo XVI y que solía reportar dos millones de ducados anuales, de ahí su nombre. El impuesto consistió inicialmente en 1/8 del valor de la venta de esas mercancías, cuyo importe era pagado por el vendedor y repercutido sobre el comprador mediante la sisa o detracción del octavo del género. Es decir, el comprador sólo recibía 7/8 de esa unidad del producto que él abonaba completa. Con el tiempo aumentó la cuantía del gravamen y se extendió a otros géneros nuevos. Este impuesto de millones cayó sobre los castellanos como una losa insoportable. Fue un gran desastre para su economía.

Las monjas Franciscanas

Hay un ejemplo del monasterio de Franciscanas, que fue el segundo que se fundó en España, tras el de Toledo. El 28 de agosto de 1584 compareció ante el alcalde mayor de Cuenca, Baltasar de la Torre, que era procurador de causas y escribano de las monjas “del monesterio de Nuestra Señora de la Santísima Conçevçión de la dicha ciudad”, y presentó un pedimiento o, como diríamos hoy día, instancia o solicitud en los siguientes términos.

“Parezco ante vuestra merced y digo que a la justicia y derecho de mis partes conviente hacer información para la presentación ante Su Magestad cómo el dicho convento está en grandísima nesçesidad, por causa que en ella ay quarenta religiosas y, el dicho convento, la renta que tiene es muy poca y en pan, por cuya causa y por aver subçedido los años en esta tierra muy estériles y faltos de frutos, el dicho convento está muy alcanzado y adeudado, de tal manera que la rrenta del año pasado de ochenta y tres, por razón de ser el año estéril, no se pudo cobrar mucha parte della, por ser los rrenteros labradores muy pobres. Y este presente año a sido mucha mayor la falta por lo qual no pueden cobrar la dicha su rrenta, y con la que se entiende que podrían cobrar no se podían sustentar los quatro meses del año”.

Archivo Histórico Provincial de Cuenca.

El procurador continúa en su pedimiento aportando más datos sobre aquella estrechez e indigencia.

‘Y por las rrazones de suso rreferidas, en el dicho convento se a dado orden y traza que no se les dé a las monjas sino tan solamente una comida y el pan tasado, con mucha limitación’.

Y a esto hay que añadir las deudas que pesaban sobre ellas. Debían “muchos dineros, en especial a la caxa de las carniçerías, que a sido más de quarenta mil maravedís, y la que van comiendo agora la deven.

Y ansí mesmo deven más de ochenta fanegas de trigo que tomaron prestadas para se sustentar el año pasado. Y ansí mesmo deben de mediçinas y otras cosas nesçesarias mucha cantidad de maravedís”.

El convento estaba en extrema necesidad hasta el punto que en el documento se dice que “si no las rremedian, de ninguna manera se podían sustentar este año, en especial que en esta çiudad ay mucha falta de pan y lo que se come en ella se trae setenta leguas della”.

Es información muy concreta, que revela aquella suma pobreza y estrechez de las monjas Franciscanas de Cuenca. Como en todo proceso de información judicial se presentaron testigos que abundaron en los datos ofrecidos por el procurador de las monjas. Por ejemplo, el médico, Pedro Caballero, que las trataba en sus enfermedades, abunda en su declaración en lo dicho sobre la esterilidad de los tiempos, que no cobran lo que les deben los arrendadores por las escasas cosechas que no dan para pagar.

“Sabe que no se pueden estender si ay alguna enferma a dalle a comer, traer medicinas las que conviene para la salud de la tal enfermedad por tener grandísima necesidad y no poder pagar a el boticario. E ansímismo sabe otras muchas necesidades que la casa padece porque lo más del año comen de limosna y de prestado. E sabe que deben mucha cantidad de trigo e dineros, e que le parece a este testigo que no será posible desenpeñarse en muchos años, aunque vengan los años muy prósperos y de mucha cosecha. E sabe que son muy buenas religiosas y muy recogidas y siempre lo an sido. Y esto sabe y es público y notorio entre las personas que comunican el dicho monesterio y es la verdad…”.

Hubo más testimonios, como el del mayordomo, Julián de la Torre, que tenía 66 años, gran parte de los cuales estuvo a su servicio. El mayordomo nos facilita en su declaración otros datos que hasta ahora no habían aparecido en este expediente como que:

‘En años abundosos y fértiles no se podían sustentar con la renta que tienen, mayormente con los años estériles y faltos de frutos que agora corren (…)

E de la carne que agora ban comiendo porque siempre se la fían (…) y es tanta la necesidad que pasan que este testigo no sabe cómo se an de poder sustentar este año por estar esta tierra tan falta de pan (…) y ellas no lo tienen ni caudal con qué conprallo. Y sabe que la dicha necesidad en el dicho monesterio e monjas dél padecen es tan notoria que mueve a gran lástima a todos los que la entienden’.

En el testimonio de otro testigo, Luis Valle, vecino de Cuenca, podemos leer que “Están adeudadas e tienen el incensario y cáliz enpeñados e deben a la caxa de las carniçerías desta çiudad quarenta mil maravedís, poco más o menos, y la dicha caja le a dicho a este testigo que porque no le pagan no les quiere ya dar carne a las dichas monjas, e no dándosela fiada como hasta aquí pereçerían de anbre.

Y ansímismo sabe que deven al boticario y a algunos tenderos cantidad de maravedís y nos les pueden pagan, y ansímismo a oydo deçir a las dichas monjas que no saben qué remedio tengan para pagar ochenta fanegas de trigo que deben, que no tienen de qué pagallas’.

Y continúa diciendo que:

‘Si algunas buenas personas movidas de caridad no les socorriesen, algunos días passarían mucha más necesidad’.

Y nos cuenta un detalle más del día a día en el convento para solventar la comida diaria: “En tanto estremo que a pocos días que para comprar quinçe libras de ubas, questán quarenta e çinco maravedís no se hallaron con ellos”.

Pero aquello tuvo remedio puntual gracias a que: Un cura que se halló en el dicho monesterio les dio real y medio que traía en la bolsa para ello”.

Y nos aporta un dato más, muy importante para saber más sobre la historia de las fundaciones de monasterios de franciscanas en la provincia de Cuenca:

‘En ansímismo sabe este testigo quel abadesa y monjas del dicho monesterio son muy devotas y católicas cristianas e muy recogidas en tanto grado que de que algún monesterio de la comarca e la de rreformar e fundar de nuevo sacan monjas para ello, como de presente an sacado para fundar un monesterio en la villa de Belmonte, an sacado quatro o çinco monjas, por ser como es el dicho monesterio y monjas dél tan recogida y de buen egenplo, e ansí están nonbradas otras para otro monesterio que se a de haçer en la dicha ciudad”.

Aquí se refiere al monasterio de Franciscanas Angélicas que hubo en la calle de san Pedro, edificio que hoy ocupa la Escuela de Artes y Oficios.

La deuda más cuantiosa

El déficit acumulado con las carnicerías de Cuenca fue el más importante, teniendo en cuenta que mucho tiempo comieron carne de fiado. Y en ello abundan los testigos, como Dionisio Vidal, que era caja de la carnicería, y lo explica con detalle:

‘Y este testigo, como caxa que a seido muchos años de las carnizerías desta çiudad, les haçía dar la carne fiada, e para aver de cobrar lo que le debían les ubo de tomar unas cassas que tenían y, al presente, deben a este testigo veintisiete o veintiocho mill maravedís de la carne que comieron hasta la pasqua de Resurreçión, que pasó deste año, que este testigo dejó de ser caxa en las dichas carniçerías.

Y sabe que (…) las an probeido de carne y se la deben toda porque uno de los obligados le a dicho a este testigo que no piensa dalles más carne a las dichas monjas porque de la que les a dado dende Pasqua de Resurreçión no les a dado blanca y que a doña Ysabel de Valdés, abadesa del dicho monesterio, le a oydo deçir este testigo questán adeudadas y enpeñadas porque avían tomado el pan y dineros prestados para sustentarse el año pasado y que este año no tienen con qué poderse sustentar si de Dios Nuestro Señor no les viene el remedio. Y la pobreça y necesidad quel dicho convento y monjas pasan es cosa muy pública y notoria en esta çiudad’.

Otro testigo, Hernán Bázquez, vecino de la ciudad de Cuenca, al que también debían dinero, nos da más detalles…

‘Porque no tienen con qué sustentarse y siempre andan deudadas y enpeñadas (…) y le an dicho a este testigo que no pueden comer si no es una pobre comida cada día y esa le dan el pan tasado con mucha limitación por la grande falta que ay de pan este año, en esta tierra, porque ban por ella a Castilla la Vieja y a otras partes. Y sabe que deben las dichas monjas mucho trigo e dineros que tomaron prestado el año pasado, y a este testigo le deben cerca de çien ducados que les a prestado biendo su gran necesidad (…)”.

Pero la pobreza iba más allá de no tener para resolver las deudas, sino que incidía directamente en la continuidad del monasterio porque nadie quería que sus hijas entrasen en religión, según nos dice el testigo:

‘Y esta pobreça que tienen es muy notoria en esta çiudad entre las personas que las tratan y muchas personas prinçipales meterían hijas monjas en el dicho monesterio, por la buena fama y mucha religión e recogimiento e santidad que tienen y profesan. Y vista la pobreça que tienen y el trabajo que pasan por no tener con qué sustentarse dejan de meter las dichas sus hijas en el dicho monesterio. Y esto es la verdad…’.

El alcalde mayor mandó sacar una copia de los hechos. “Para mejor çertificarse en particular si es ansí lo contenido en la dicha petición e informar con verdadera relación a la Magestad rreal del rey nuestro señor, como se le pide sea informado de algunas personas grabes y religiosas de esta çiudad que tenía e tienen esta notiçia de la haçienda y facultad de el dicho monesterio y del número del abadesa, monjas y convento dél e de la horden”.

En la petición que se hace al rey, Felipe II, conociendo todos como sabían ser una persona muy religiosa, se incide en este aspecto al solicitar remedio para el monasterio, con estas palabras:

“Donde más religión e cristiandad se profesa en esta çiudad en grande ençerramiento y virtud y egenplo, e donde el culto divino con mayor reberençia se administra, entiende su merçed que se haría grande servicio a Dios Nuestro Señor y a Su Magestad en conservar el dicho monesterio y rreligión, e para ello faboreçerse con alguna limosna porque siempre estén orando a Dios por el acrecentamiento de la rreal vida y estado se Su Magestad, como la cristiandad lo a menester”.

Era frecuente dar limosnas para que las comunidades religiosas rezasen por la vida del rey y por las almas de sus padres y abuelos y por eso se quiere conseguir el favor real a través de las oraciones.

Carta de privilegio de juro

La situación mejoró algo con el tiempo, además, porque ya en el año 1614, el rey Felipe III concedió al monasterio una Carta de privilegio de juro de heredad a favor por 7.857 maravedís. Una Carta de privilegio de juro otorgaba derechos perpetuos sobre determinadas rentas que se debían cobrar por la Corona y que en este caso cobraría el monasterio.

Había diversos motivos para concederla: como recompensa por servicios prestados, como merced que otorgaba el rey o como réditos de un capital entregado a la Hacienda, es decir, préstamos que hacían instituciones o particulares al rey en época de escasez, que vienen a ser el antecedente de la Deuda pública del Estado.

El siglo XVII continuó la crisis económica que venimos contando como así lo demuestran tantos estudios realizados, basados en la documentación que se conserva en los Archivos públicos, mucha de ella en el Archivo Histórico de Cuenca, donde se pueden leer estas circunstancias que perduraron: crisis, malas cosechas, enfermedades y cuantiosos impuestos que ahogaron los bolsillos de los castellanos.

 

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