Domingo, 13 de Junio de 2021

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Eloy Soler Gómez

‘El destino’

Una vez con mi titulo bajo el brazo pude comprobar como el colgarlo en la pared y poner un letrero en un portal con mi nombre y debajo la palabra abogado, no era garantía ni sinónimo de cobro alguno

Firma Eloy Soler, "El destino"

Quizás dedicarme a mi profesión, fue fruto del destino, ya que al ser el mayor de tres hermanos, el ejercer de abogado defensor frente a mis padres por las travesuras que ellos cometían fue habitual durante mi infancia. No puedo decir que tuviera éxito en todos mis alegatos ya que en más de una ocasión yo también acababa siendo reo de sus castigos.

Una vez con mi titulo bajo el brazo pude comprobar como el colgarlo en la pared y poner un letrero en un portal con mi nombre y debajo la palabra abogado, no era garantía ni sinónimo de cobro alguno, cosa entiendo difícil de comprender para algunos clientes que una vez concluyen la consulta, además de no darte las gracias, sin pudor alguno quieren hacerte un simpa. Y es que en más de una ocasión se enojan y me preguntan que cómo puedo pretender cobrarles por sólo hablar, y es aquí después de muchos desencuentros, cuando me he planteado utilizar una estrategia infalible de cobro para este tipo de clientes: antes que éstos empiecen a hablar, decirle que saquen la lengua y meterles un palito como el de los helados en su boca además de pedirle educadamente que digan treinta y tres, continuar con su consulta y antes de terminar mancharme los dedos con un poco de grasa y mientras me los trato de limpiar con un trapo lleno de lamparones tener el aplomo de pedirles mis honorarios por la visita, término este muy mal traído por cierto, pues alguno se cree que es eso, la típica visita de un familiar un domingo para gorronearte el almuerzo.

Les doy la explicación de mi método, en primer lugar tratándose de males no hay un dios que se resista a pagar y quien duda de que lo que te pide el mecánico por el cambio de la trócola que roza con el cigüeñal al lado de la junta culata que estaba aprisionando las bujías, no es lo que provocaba claramente que no se encendiera el intermitente derecho de tu coche.

En fin como les contaba lo mío es algo vocacional, así que ni corto ni perezoso me apunté al Turno de Oficio, o lo que es lo mismo cobrar tarde, poco y mal, ahí pude comprobar que la falta de recursos económicos no merma para nada el nivel de exigencia de la clientela, hay quien no entiende que un abogado no es una farmacia de guardia de las abiertas las 24 horas al día, tenga el derecho a tomar vacaciones, y para el colmo de la desfachatez no le coja el teléfono un domingo a las once de la noche, el término conciliación familiar del abogado, no parece que tenga cabida en sus pensamientos.

Por otro lado, se pueda dar la circunstancia que el beneficiario de la Justicia gratuita, sea pobre de solemnidad por papeles, pero no por sus bienes, ya que es fácil gozar de esta justicia a precios low cost, cuando a la espera de celebración de un juicio éste se puede permitir dormir en uno de los mejores hoteles de la ciudad y conducir un vehículo de alta gama, mientras su abogado designado, a duras penas puede pagar las letras de su utilitario, esta es la grandeza de nuestro sistema establecido.

También existen mil y una formas de tratar de librarse de pagar la consulta, y las más recurridas son en primer lugar y de forma inexcusable no pisar ni por equivocación el despacho del abogado, ya que si así lo haces eres presa de su disparatada e incomprensible petición de cobro por realizar su trabajo, para ello una vez se evite el territorio enemigo, lo que hay que intentar hacer es a través de un llamada telefónica plantearle tu problema y exigirle una solución, o gracias a las nuevas tecnologías mediante el whatsapp con envíos masivos de fotos de resoluciones judiciales e innumerables notas de voz tratar de solucionar el problema a coste cero. Y por cierto que poco profesional el abogado que no me coge el teléfono ni responde a mis mensajes, que estará haciendo un sábado a las cuatro de la tarde.

Desde que soy abogado, no es raro el día que fuera de mi ámbito profesional, y en cualquier reunión, se me presente por parte de mi interlocutor las siguiente cuestión: ¿Perdona puedo hacerte una consulta?, y es aquí cuando de manera consciente o inconsciente aparece otra formula para obtener de forma gratuita una prestación de servicios.

No me imagino en dicha tesitura a un médico al cual en medio de una reunión se le pida que haga una exploración de las vías urinarias, o al químico al que se le requiera el estudio de la proporcionalidad de elementos del gin tonic que se está tomando.

Otras de las cuestiones que a lo largo del tiempo me he dado cuenta es que hay personas a quien cuando le das tu tarjeta de visita parece que le estás dando una notificación de Hacienda, y acaban recogiéndotela diciéndote: espero que no me haga falta, y estos suelen ser los mismos que en medio de cualquier celebración o acto te dirán: ¿Perdona puedo hacerte una consulta?

Para concluir decir que por lo general y gracias a Dios, no todos los clientes son iguales, ya que en su mayoría si saben apreciar y valorar el trabajo realizado por su abogado, y no hay nada mejor y más gratificante que saber que gracias a tu labor profesional has conseguido que tu cliente se vaya satisfecho.

Un saludo, me despido, y creo que a lo lejos veo a un compañero abogado, ¿Perdona puedo hacerte una consulta?

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