Sábado, 06 de Marzo de 2021

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Qué duda cabe

¿Truco o trato?

Últimamente la vida se ha vuelto totalmente dicotómica. O estás a favor o en contra. Ha desaparecido ese centro en el que cediendo un poco de un lado y otro poco del otro se llega a un consenso. O eres mi amigo o eres mi enemigo.

Estoy hablando, por supuesto, de los que están a favor de Halloween y los que están a favor de Samaín. O eres de la fiesta de la mercadotecnia americana o eres de la tradición celta. Ambas fiestas tienen cosas en común, claro, pero chico, tienes que decidirte, o eres de unos o eres de otros.

Si tu dices que te gusta mucho el Samaín porque sientes como tuyas las raíces del pueblo que vivió hace miles de años en esta tierra pero que, al mismo tiempo, te lo pasas en grande disfrazándote de Walking Dead, serás un paria en tierra de nadie. Los unos te rechazarán por unirte a los yankis y los otros te dirán que no estás en la onda si insistes en no decir "truco o trato".

¿En qué país vivimos si no somos capaces de reunirnos, dialogar y pactar una fiesta universal que nos una como pueblo? ¿Es tanto pedir que los organizadores de Halloween y los organizadores de Samaín se sienten a hablar? ¿Tanto cuesta encontrar el consenso en estas fiestas paganas?

Y así estamos, viendo por televisión esas manifestaciones de fanáticos de Halloween enarbolando las banderas con la calabaza siniestra en una plaza mientras los defensores de Samaín hacen lo propio coreando "Samaín tradición, tradición, tradición". Banderas y cánticos, en lugar de apretones de mano y pactos.

Los únicos que disfrutan son los medios de comunicación, con esos especiales interminables sobre el Desafío Halloweenista, la aplicación del artículo 155 de La Ley de Breogán y todos esos ideólogos debatiendo sobre si es o no legal hacer una consulta al pueblo sobre si debemos o no debemos hacer una Noite Meiga.

Aquí hablan todos menos los que tienen que hablar y así estamos, empantanados con este problema que no nos deja disfrutar de la fiesta de esta noche con tranquilidad. Dejen que los niños se disfracen de lo que quieran, que los jóvenes se vayan de botellón vestidos con harapos y sangre falsa, que los adultos beban queimada o budweisser y que los muertos salgan tranquilamente de sus tumbas a dar unos sustitos.

Estamos dando una imagen al mundo lamentable, cuando lo único que debería importarnos es salir esta noche a pasarlo bien. Como sigamos así yo lo tengo claro, me voy a Bruselas. Qué duda cabe.

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