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Jueves, 21 de Noviembre de 2019

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‘Mercedes, eres como la quimioterapia...’

Casi tres años, Mercedes, tres años de tortura para personas inocentes que sólo cumplieron ejemplarmente con su trabajo. Tres años de impotencia, tres años de injusticia, tres años de dolor de mi familia, tres años de dolor mío, tres años de alimentar a los cuatro tontos del pueblo mientras te señalan con el dedo

Firma Javier Malla, "Mercedes eres como la quimioterapia..."

Buenos días, jueza Mercedes Alaya.

Ya han pasado casi tres años desde que tres funcionarios del ayuntamiento de Algeciras, Pepe Álvarez, Pepe Alberola y yo tuvimos que declarar en tu despacho de Sevilla por unos hechos presuntamente delictivos que ni nos iban ni nos venían.

Casi tres años desde que tú, Mercedes, decidiste, dando credibilidad a lo que te contaron unos funcionarios de la UCO sobre el cobro de comisiones en Body Factory, meternos a todos en el mismo saco de la corrupción y manchar nuestros nombres con la condena popular del deshonor.

Casi tres años, Mercedes, tres años de tortura para personas inocentes que sólo cumplieron ejemplarmente con su trabajo. Tres años de impotencia, tres años de injusticia, tres años de dolor de mi familia, tres años de dolor mío, tres años de alimentar a los cuatro tontos del pueblo mientras te señalan con el dedo.

Algeciras es una ciudad pequeña, Mercedes, y nuestros nombres y apellidos han salido en los medios en multitud de ocasiones a bombo y platillo, imputados (ahora lo llamáis investigados mientras a un etarra o a un traficante le ponéis las iniciales en los periódicos), teniendo que pagar abogados de nuestros bolsillos a la vez que el ayuntamiento de Algeciras nos daba la espalda en nuestra defensa.

¿Y todo para qué, Mercedes? ¿Para qué? ¿Para que el juez de la Mata viniera a decir el pasado martes tras leerse nuestras alegaciones por primera vez que qué hacen estos tres funcionarios aquí en la Audiencia Nacional?

¿Cuánto vale el honor de una persona, Mercedes? Hay que tener un poquito más de cuidado “señoría” porque puede ser que los flashes, algunas veces, nos impidan ver con claridad lo que tenemos ante los ojos.

Aquel día que fui a declarar a tu despacho sevillano hace tres años me estaba muriendo, un cáncer de grado cuatro me arrancaba la vida y la quimioterapia que me pusieron dos días antes me quitó la fuerza para decirte de corazón cómo me sentía ante tan tremenda injusticia. Quería decirte que yo no conocía a nadie de los que me hablabas, que nunca beneficié a nadie, que nunca recibí un céntimo, que tus acusaciones eran falsas, que nunca recibí una llamada de teléfono ni un correo electrónico y que te estabas equivocando. Siempre me quedará la pena, letrada, de no haber tenido energía ese día para decirte lo que pensaba de tu proceso.

Realmente, Mercedes, tú eres como la quimio que me pusieron para curarme el cáncer: con tu acción acabas con lo malo pero también arrastras tejidos sanos. Y cuando alguien tiene en su firma el poder de manchar públicamente el honor de una persona, debería asegurarse antes de arrogarse estar en posesión del Don Divino de la Justicia.

Yo, por mi parte, aquí te dejo mi Firma de la Cadena SER con la rabia contenida de un hombre al que se ha atentado pública, reiterada y gratuitamente contra su honor por culpa de gente como tú, Mercedes.

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