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Domingo, 15 de Septiembre de 2019

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Celestinas y hechiceras: el caso de una alcahueta de Cuenca en 1602

Usaban mágicas artimañas, remedios y palabrería para persuadir y aprovecharse de los incautos que recurrían a sus servicios. Más allá de la literatura, las alcahuetas estaban también en la sociedad

El actor José Luis Gómez caracterizado como la Celestina. /

Esta semana en la sección Así dicen los documentos de Hoy por Hoy Cuenca, la directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, Almudena Serrano ha rescatado el proceso judicial contra una alcahueta y su víctima. Es un ejemplo de la presencia en la sociedad de estas celestinas o hechiceras.

'Así dicen los documentos' en Hoy por Hoy Cuenca'. / Paco Auñón

Aunque las hechiceras estuvieron presentes en muchas obras literarias como personajes de ficción, su presencia real en los pueblos y ciudades dejaron testimonios muy importantes sobre su deambular por el mundo y sus mágicas artimañas, remedios y palabrería para persuadir a quienes se dejasen.

Las celestinas como mágicas alcahuetas se remontan a la Antigüedad aunque carecen de aquellas características sobrenaturales. Un ejemplo de ellas lo tenemos en la Dipsas del poeta Ovidio, que era una vieja hechicera y bebedora, que conocía las virtudes de las plantas y las artes mágicas, hasta el punto de que podía cambiar el curso de los ríos, mutarse en ave por las noches, sacar a los muertos de las sepulturas, intervenir en lluvias o vientos.

La Celestina

Aunque, sin ningún género de dudas, la más célebre para nosotros sea La Celestina, retratada magistralmente en la Tragicomedia de Calixto y Melibea, obra de Fernando de Rojas, escrita a finales del siglo XV. Por tanto, sabemos cómo eran estos personajes imaginarios pero hoy vamos a recalar en aquellas alcahuetas del día a día, las que vivían en nuestros pueblos y ciudades, las hechiceras reales…

'La Celestina' de Pablo Picasso. / pablopicasso.org

Lo que caracterizaba a las celestinas era su arte de convencer a sus víctimas, la avaricia, el arte de la seducción que usaba para apoderarse de voluntades ajenas. Además, las alcahuetas eran muy habladoras, bebedoras, normalmente viejas, sutiles y astutas, y lo que nunca falta es que vivían de ello. Según han afirmado diversos autores, la Celestina es el culmen de las alcahuetas, encarnando en ella el más alto grado de perfección.

Hasta tal punto engañaban a sus víctimas que no tenemos más que recordar que para Calixto, la Celestina era: madre, tía, consoladora, sabia, esperanza de mi deseado fin, medicina pronta, engañosa mujer, mala falsa, salud de mi pasión.

Y para Melibea: vieja honrada, madre, causadora de secretos y yerros, malvada, vieja maldita y sabia, gran maestra, medianera de mi salud, astuta, sagaz y solícita.

Además, para otros personajes de la obra aparece como: puta vieja alcoholada, trotaconventos, garganta llena de sed de dinero, traidora, conocedora de hierbas, falsa alcahueta, malhechora, etc.

Reunía en su persona, de boca de aquella clientela, todo lo bueno y malo. Y todo ello le permite engañar ampliamente a sus víctimas. En suma, una perfecta manipuladora por sus dotes de persuasión, con una arrolladora personalidad ante seres volubles.

La magia amorosa es la más difundida a través de todas las épocas y culturas. Los hechizos se hacían con hierbas, restos humanos, polvos, etc., todo valía para captar la atención del objeto de deseo o, por el contrario, librarse de alguien, que de todo había.

Estos personajes literarios, evidentemente, respondían a una realidad social que, además chocaban con la ley y con la censura religiosa, como las auténticas alcahuetas, celestinas o hechiceras.

Un caso en Cuenca en 1602

Hay muchísimos datos de hechiceras, celestinas o alcahuetas, sobre todo, de las que fueron encausadas por la Inquisición. Pero nos centraremos en un caso juzgado por la justicia ordinaria. Estos hechos sucedieron en Cuenca, en marzo y abril del año 1602.

Y conocemos lo que ocurrió por el proceso criminal que de oficio de la justicia se abrió contra Juana Pérez y Teresa Hernández, que eran gitanas, y otras personas. Juana Pérez era una menor con la que la hechicera y alcahueta Teresa Hernández intentó practicar unas hechicerías sobre ciertos amoríos que quería conseguirle.

Este proceso comienza con la noticia que llega al alcalde mayor de Cuenca sobre que ‘a su merced se le a dado noticia que en la casa de Francisco Holguín de Porres, regidor y vecino desta dicha ciudad, an entrado çiertas brujas y hechiçeras y hecho y pretendido hacer çiertas hechicerías’. Por tanto había que ‘saber y averiguar la verdad de lo que cerca desto a pasado’ y para ello ‘mandó hacer esta caveza de proçesso y las averiguaciones siguientes’.

Una de las apresadas en la cárcel real de la ciudad fue Juana Pérez, la menor a la que quisieron embaucar, que tenía por procurador de su causa a Hernando de Autillo, quien defendió a su clienta con estas palabras:

‘Respondiendo a el cargo que a mi menor se le a echo de oficio de justicia en que se le quiere ynputar que habló a una xitana y que le pretendió dar çiertas cosas a modo de echizos para hacer venir a un mozo questava fuera desta ciudad, que decía querella bien, como parece del proçeso y cargo. Y digo que mi menor a de ser absuelta y dada por libre y así lo pido’.

Además, en su pedimiento, añade: ‘Y en efecto supuesto que mi menor no usó de cosa ninguna que la gitana le dio no se le puede ynputar culpa ni delito y en todo lo demás que resulta del proceso (…) y en esto mi menor no tiene género de culpa ni se le puede ynputar, la qual es buena cristiana, temerossa de Dios y de su conçienzia a quien no se le puede ynputar delito.

Porque pido e suplico a vuestra merced la mande dar y dé por libre haciendo y proveyendo según de suso y en esta petición se contiene, tiniendo consideración a su poca hedad e ynorançia y pido justicia’.

Y el procurador, además, intenta que la justicia sea benévola y que se tenga en cuenta la época del año en que está presa dicha menor, Semana Santa, porque dice: ‘Otro sí, atento que mi menor a muchos días questá presa y por el tiempo santo que es, a vuestra merced pido e suplico la mande soltar de la prisión’.

Y, como siempre, hubo interrogatorio a testigos. Sabemos qué declararon los que presentó el procurador de la menor, Juana Pérez. Las preguntas que les hacían eran relativas a si conocían el pleito que se estaba dirimiendo y a las partes que en él estaban incluidas, entre otras cosas, como esta pregunta que nos facilita más datos sobre la capacidad de Juana Pérez para ser consciente de lo que intentaron hacer con ella, y que decía textualmente:

‘Si saven y tienen noticia que la dicha Juana Pérez, menor, es moza de poca hedad e ynorante de poco entendimiento y discreción, y que si alguna cossa le dio Teressa Hernández, gitana, no usó dello ni hiço cossa ninguna, antes luego lo arroxó por una ventana y esto es çierto, digan lo que saven’.

Otras preguntas eran relativas a la fama, oficio, “onrra”, si era buena cristiana y temerosa de Dios, etc. Y para responder a estas preguntas fueron pasando ante la justicia los testigos llamados. El primero fue Francisco Fuero, que tenía 38 años y era vecino de la ciudad. Antes de responder, todos los testigos debían jurar decir verdad, por supuesto. Y, además, declaraban no ser ni parientes ni enemigos de las partes del proceso.

La pobre moza fue calificada por este testigo, según una de las preguntas, como ‘ignorante de poco entendimiento y discreción’, y, claro, muy fácil de engañar por la hechicera:

‘Si la dicha Teressa Hernández, gitana, le quiso engañar con ynbençiones y embelesos, lo pudo hacer con mucha fazilidad por no tener la susodicha capacidad en el entendimiento para ver y entender el disinio que la dicha gitana le llevaba’.

Además, este testigo declara que la alcahueta usó objetos personales de la moza para el mejor efecto de sus hechizos, como así cuenta: ‘Y a la dicha Juana Pérez le hiço darle çiertas cossas de su persona, las quales no diera si no fuera engañada. E, luego, como lo vino a entender le echó por la ventana todo quanto le dio’.

También insiste declarando a favor de la moza que ella era temerosa de Dios con las siguientes palabras en que comprobamos el interés económico que siempre movía a todas estas pícaras hechiceras: ‘No acostumbrada a cometer semejantes delitos como del que es acusada ni en ella cabe cosa semejante, porque si la susodicha se aprovechara de los embelecos y enredos que la dicha gitana le quería dar por le sacar sus prendas y dineros…’.

Otro que figura en el expediente es Francisco Muñoz, gitano, como marido de Luisa Hernández, la hechicera, en nombre de otras gitanas que también estaban presas en la cárcel real de Cuenca, declarando para pedir su libertad, por supuesto…

‘Digo que vuestra merçed procede contra Teresa Hernández por ynputarle que quiso haçer que un hombre viniese a esta ciudad, estando ausente, por çiertas palabras y cosas que pidió a una criada de Hernando Olguín, regidor desta çiudad, y trayendo presa a la dicha Theresa Hernández se truxieron con ella a la dicha mi muger y a las demás xitanas sin tener culpa ni constar contra ellas nada. Por tanto, a vuestra merced pido y suplico mande soltar a la dicha Luisa Hernández, mi muger, y a las demás questán pressas libremente’.

El procurador de Teresa Hernández, que era la principal acusada, hizo una exposición de los hechos más detallada, como es lógico, diciendo que

‘Respondiendo al cargo que a mi menor se le a hecho en que se le ynputa que hiço çierto hechiço (…) que le dixo a una criada del dicho Hernando Olguín que haría venir a esta çiudad a un moço que quería bien, tanpoco en esto ay probança más de lo dicho que dixo la dicha criada, a la que no se debe dar crédito porque es sola y singular en lo que depone, y mi parte no le dio lo que ella dize ni ella a mi parte las cosas que refiere y se hecha de ver ser también enbelleco, porque ella dize que las arrojó por la ventana, y entre ella y el ama pueden aver fingido lo que quisiesen’.

En la defensa todos hacen esfuerzos en declarar que son buenas cristianas y temerosas de Dios y de su conciencia, con el fin de influir en la decisión judicial, además de ser muy importante en aquellos años serlo y aparentarlo.

Sentencia

Y, finalmente, la justicia resolvió. Y aquí tenemos la sentencia contra la moza Juana, la engañada, vecina de Beteta:

Fallo que devo absolver y absuelvo a la dicha Juana Pérez y por causa de la instancia desta via la dicha Juana Pérez y, por causa que ovo de proceder, le condeno en las costas deste proçeso justamente fechas, cuya tasación en mi reservo, y por esta mi sentencia definitivamente juzgando ansí lo proveo y mando’.

Y esta es la sentencia contra Teresa Hernández, gitana, y Fernando de Varea, su curador, sobre lo que en el proceso.

‘Fallo por la culpa que deste proçeso resulta contra la dicha Teressa Hernández, gitana, que la devo de condenar y condeno a que dentro de tercero día de como salga de la cárzel y presión en questá, salga desterrada desta çiudad y su juridiçión, tiempo de ocho años preçisos, y salido no los quebrante, so pena de duçientos azotes más condena en las costas deste proçeso justamente fecha va mi tasación y por esta mi sentencia definitivamente juzgando ansí lo proveo y mando’.

Hemos visto un ejemplo de tantos casos que hubo de brujería y hechicería en siglos pasados, que tan prolíficos fueron en todo tipo de alcahueterías de este estilo y que tanta presencia tuvieron en la literatura. Vamos a aprovechar para recomendar a nuestros lectores que lean o relean aquella obra de la que hablamos al principio, y que es magistral, La Celestina, para comprender mejor todo lo que hemos contado.

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