Miércoles, 27 de Enero de 2021

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Gloria Sánchez-Grande

‘A la vera del Belmonte rubio’

A doña Concha Piquer nunca le gustaron los toreros... y sin embargo, acabó casada con uno: Antonio Márquez y Serrano. Cosas de la vida. "El Belmonte rubio"

Firma Gloria Sánchez-Grande, "A la vera del Belmonte rubio"

A doña Concha Piquer nunca le gustaron los toreros... y sin embargo, acabó casada con uno: Antonio Márquez y Serrano. Cosas de la vida. "El Belmonte rubio", como se le conocía entre los aficionados, tomó la alternativa en Barcelona de manos del Pasmo de Triana en 1921. Con la Guerra Civil, decidió retirarse de los ruedos y apoderar a su esposa, quien tenía más reaños que medio escalafón. Solía decirle: "Concha, si fueras toro, te cortarían siempre las orejas".

Ella recuerda así su primer encuentro durante un baile de máscaras, cuando Márquez aún estaba casado con la cubana Ignacia Gloria de Arechavala: "Yo lo había visto torear y ya me había fijado en sus ojos azules; le llamaban el Belmonte Rubio, y pensé que aquel hombre no se me podía escapar. Me enamoré de él por los ojos. Luego nos encontramos en un baile de máscaras en el teatro de la Zarzuela, donde yo iba a todo meter, y se quedó patidifuso, era el año 1928".

El caso fue que, a pesar del matrimonio con la cubana, el torero y la coplera acabaron sorteando aquella "callejuela sin salida": ya podían clavar puñales o cruzar tijeras que aquella pareja estaba destinada a convivir para los restos.

Doña Concha nació en Valencia un 13 de diciembre de 1906 –hace esta semana justamente 111 años-, en mitad de una tormenta, justo cuando caía un rayo descomunal. Esa tempestad, sin duda, influyó para siempre en su carácter de trueno. Incluso su final fue borrascoso. En 1958, actuando en Isla Cristina, le falló la voz, a causa, probablemente, de una faringitis mal curada. Al terminar la actuación, reunió a la compañía y les comunicó: “Hoy han escuchado ustedes por última vez a Conchita Piquer”, y dicho y hecho, se retiró definitivamente. Falleció en 1990, dos años después de que lo hiciera Antonio Márquez. Sus últimas instrucciones iban dirigidas a su hija Conchín: "Que me pongan en un ataúd donde no entren bichos y vestidme con el traje de La Parrala".

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