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¿Mujer? ¿hombre?, sencillamente seres humanos

La reflexión de Ana Díez, médico de familia

Hay gente que me ha dicho muchas veces que ya está harta de oír hablar constantemente de las desigualdades existentes entre hombres y mujeres, de las injusticias entre ambos e historias similares. Incluso, hay quien me ha dicho que qué pesadez estar todos los días oyendo hablar de las agresiones de hombres a mujeres.

Yo también estoy cansada. En realidad, ¡estoy muy cansada!. Ya me gustaría que no hubiera que seguir hablando de esto. Pero la realidad manda. ¡La triste realidad!. Las desigualdades continúan. Y yo no digo que sea siempre de los hombres hacia las mujeres. Me molesta especialmente que sean las propias mujeres las que quiten valor a estos asuntos. Hay que seguir diciéndolo. Todo esto continúa y, si nos callamos, continuará mucho más. Por eso grito ¡ya está bien!

Cuando se desarrollan programas de educación y promoción de la salud, de mejora de hábitos, hay que repetirlos año tras año. Y, a pesar de tanta repetición, sigue siendo necesario insistir.

Hay que seguir insistiendo por dos razones. La primera es por las nuevas generaciones. Los más jóvenes no han oído hablar de ello, o no conscientemente. Además, los niños de hoy crecerán y habrá que seguir enseñándoles cómo tienen que ser las cosas para que sean justas y para que ellos se las transmitan a las siguientes generaciones.

La segunda razón, no menos importante, son los adultos. Porque todo evoluciona cíclicamente y, aunque parece que hay épocas en las que ya todos nos hemos concienciado de que hombres y mujeres somos iguales y de que todo funciona mejor, pasa un tiempo y, lo que creíamos superado, vuelve a aparecer. Y, en ocasiones, con más crudeza, con mayor intensidad, como si nunca se hubiera dicho ni hecho nada en relación con estos temas.

Parece mentira que estemos en el año 2018 y siga existiendo esa brecha salarial, esas diferencias de oportunidades, de que la puerta siga estando cerrada, o al menos entornada para el acceso de las mujeres a muchos puestos de trabajo y a reconocimientos por el trabajo bien hecho.

Por otro lado, hablamos de conciliación, pero la conciliación no solo hay que desarrollarla en el trabajo. También en casa. Porque ¿cuántos de nosotros aún dicen que es mejor que sea la mujer la que realice determinadas tareas en casa o que atienda a los niños porque se le da mejor por el hecho de ser mujer? Que yo sepa, esto no viene determinado por los gonosomas, es decir, por los cromosomas sexuales. Esto viene marcado por las costumbres y los condicionamientos sociales que nosotros mismos nos imponemos muchas veces. Yo no nací con un niño en brazos y tampoco con una escoba en la mano.

Hombres y mujeres somos capaces de hacer todo lo necesario para sobrevivir dentro de casa y en el medio laboral.

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