Domingo, 28 de Noviembre de 2021

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La calle Molino Pinchoto, un homenaje a la historia del aceite en Tarancón

En 'Callejeando por Tarancón' recordamos con Gema Garrido la historia del molino de aceite que estaba situado en el barrio de Santa Quiteria

Edificio en ruinas en la calle Molino Pinchoto

Edificio en ruinas en la calle Molino Pinchoto / Gema Garrido

Gema Garrido, autora de 'Callejeando por Tarancón' ha buceado esta semana por la historia de las almazaras y la fabricación de aceite en Tarancón gracias a su parada en la calle Molino Pinchoto. Esta calle parte de la Calle Embudo, en el barrio de Santa Quiteria, y termina en la confluencia del Camino Alto con la Cuesta de Barajas, prácticamente enfrente de la ermita dedicada a esta santa.

MOLINO PINCHOTO

El historiador taranconero, Félix Montoya, explica que el Molino de Pinchoto se encontraba muy cerca de la ermita de Santa Quiteria. Era un molino de aceite de los denominados “de sangre”, llamados así porque eran animales, en este caso unos burros, los que movían las muelas que molían las aceitunas para extraer el aceite. Fue el primero en ser mecanizado con un motor tras la llegada de la electricidad a Tarancón a finales del S. XIX.

Como anécdota, Montoya cuenta que hace unos veinte años estuvo dentro de las ruinas del molino y todavía se podía ver la balsa de decantación del aceite. Lamentablemente, poco después lo hundieron.

Durante bastante tiempo, el pie de la farola de la Glorieta del Convento, en la Avenida Miguel de Cervantes, tuvo unas muelas que pertenecieron al Molino de Pinchoto.

Vistas desde la calle Molino Pinchoto. / Gema Garrido

Gema Garrido

Glorieta del Convento. / Gema Garrido

EXTRACCIÓN DEL ACEITE

La palabra almazara procede del árabe y significa lugar donde se exprime la aceituna para obtener aceite. En el método tradicional, antes de pasar por el molino, la aceituna se separaba de la hoja y se lavaba. Después un sinfín la subía hasta la tolva, desde la que caía a un molino formado por una gran piedra cilíndrica apoyada en una de sus bases. Sobre la base superior de este molino giraban tres conos de granito o caliza que trituraban las aceitunas formando una pasta que escurría por los laterales, donde era recogida para llevarla a la prensa. Para facilitar la separación del aceite, sobre el molino caía un pequeño chorro de agua caliente que se mezclaba con la pasta antes de prensarla.

Para cargar la prensa, la pasta se extendía sobre unas capachas de esparto en forma de anillo circular, cuyo agujero central servía para introducirlas en el eje al que quedaban fijadas. La operación de prensado permitía la separación de las partes sólidas y líquidas de la pasta. Entre las capachas quedaba incrustada la parte sólida, formada por la piel, el hueso y la pulpa, que formaban el orujo con el que se obtenía el orujo del que se obtenía el aceite para las industrias jaboneras. Tarancón tenía una jabonera que estaba instalada en la Puente Nueva y de la que, en 1995, se conservaba la chimenea y algunas instalaciones en ruinas. Tras la extracción del aceite de orujo, el residuo seco se utilizaba para hacer picón de braseros o directamente como carburante de las estufas de orujo.

La parte líquida que salía de la prensa discurría por un canalillo hasta una batería de pocillos forrados de azulejos blancos donde, por densidad, se iba depositando el aceite en la parte superior y el alpechín (agua y líquido negruzco de la aceituna) en la parte inferior. Esta operación se repetía en cada uno de los pocillos hasta llegar al último, al que el aceite llegaba libre de mezclas y listo para ser almacenado en depósitos.

ALMAZARAS EN TARANCÓN

En Tarancón se hizo aceite para el autoconsumo desde tiempos remotos mediante los métodos tradicionales de prensas de viga. La llegada de las prensas hidráulicas facilitaron la extracción del aceite e hicieron que la industria aceitera en esta ciudad tuviera bastante auge hasta mediados del S.XX, llegando a tener en funcionamiento cuatro almazaras. Cuando se escribió el libro “Tarancón. Guía del patrimonio histórico artístico”, en 1995, se conservaban restos de tres de ellas.

En un artículo en este libro, el académico Marino Poves cuenta que la almazara de D. Isidro Domínguez estaba situada frente a la ermita de Santa Quiteria y tenía la particularidad de que en lugar de pocillos con azulejos, tenía tinajones de cerámica donde se realizaba la separación del aceite y el alpechín. En diciembre de 1994 se instaló un juego de molino en desuso que había en esta fábrica como base de la farola del convento, sustituyendo uno anterior del Molino de Pinchoto. En 1995 se conservaban restos de esta almazara, algunos tinajones y el molino con sus tres piedras cónicas.

En las proximidades de la Cruz Verde se encontraba la almazara de D. Manuel Alonso, en el mismo edificio de la fábrica de rasillas que anteriormente había sido fábrica de harinas de la Condesa del Retamoso.

Estas dos almazaras vertían el alpechín en el Camino de Barajas, a la altura de la ermita de Santa Quiteria, formando un inmenso y negruzco barrizal que llegaba más allá de la Fuente del Amor. A principios de los años 50 del S.XX era un espectáculo curioso ver bajar por la Calle del Arco a los obreros de las almazaras portando panes redondos que chorreaban aceite.

Había otra almazara en la Calle del Olmo, número 30, que D. Fructuoso Manzanares construyó en 1949, pero que a los pocos años vendió a la Cooperativa Agrícola Local. Sobre la viga que cobija las portadas podía leerse F-1949-M, que corresponden al año de construcción y a las iniciales de su primer propietario.

La cuarta y última almazara se llamaba “MEL” y la fundó en 1921, D. Melquiades Alonso García (primo de Manuel Alonso). Estaba situada en el Paseo de la Estación. Con el tiempo, el viejo molino fue sustituido por nuevas tecnologías aunque también obtenían el aceite por medios físicos. Manuel Hontana fue el último operario taranconero que trabajó con los antiguos molinos de muelas cónicas.

En 1999 los herederos de Melquiades Alonso, en concreto su hijo Joaquín Alonso, vendió la almazara a Alejandro Leganés Sánchez y José Zafra Buenache. Ellos y sus descendientes continúan con la tradición que inició Melquiades en 1921, manteniendo así esta almazara que da servicio a Tarancón y su comarca. Actualmente están ubicados al principio de la carretera que va a la Fuente y a Horcajo, y se llama Aceites Mancha Oliva S.L. “MEL”.

Para que veamos cómo han cambiado la cosas, José Luis, hijo de José, me ha explicado que antiguamente tardaban entre 5 y 6 meses en obtener el aceite de 500.000 kilos de aceitunas, con 15 o 20 personas trabajando, y hoy, gracias a los avances tecnológicos, pueden molturar entre 3 y 4 millones de kilos de aceitunas en dos meses, con unas 5 personas trabajando.

En cuanto al método de extracción del aceite, lavada la aceituna y separada de la hoja, esta pasa a una trituradora, llamada molino de martillo. Este elabora la pasta y la introduce en una termobatidora que la calienta a menos de 35 grados, durante menos de dos horas. Esto es muy importante porque para que el aceite tenga más calidad, la extracción debe hacerse en frío.

La mezcla pasa después a un separador que, por centrifugado, separa el orujo, el alpechín y el aceite. Por último, unos centrifugadores verticales quitan los restos de impurezas y el aceite queda listo para almacenarlo en los depósitos. Por último se deja reposar el aceite durante un mes en la bodega y, pasado este tiempo, directamente se embotella, sin que se efectúe ningún otro proceso sobre el aceite.

Otro dato interesante es que el hueso de aceituna lo utilizan para hacer biocombustible para las calderas de biomasa.

 

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