Viernes, 04 de Diciembre de 2020

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El comentario de Ángel Núñez

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CUANDO LLEGAN LOS DÍAS SEÑALAÍTOS

CUANDO LLEGAN LOS DÍAS SEÑALAÍTOS

Puede que solo seamos maquinas deseantes, como aventuraran Deleuze & Guattari. «Solo hay el deseo y lo social, y nada más», decían aquellos dos franceses sanamente locos. A la vuelta de la esquina están ya los días señalaítos, la noche más larga del año más largo de nuestras vidas. Y comprobamos cuánta verdad había en el aserto. Despojado el espíritu de la Navidad de sus significaciones religiosas —blanca y laica Navidad—, nos quedan las saturnalias del consumo, el solsticio de invierno y los encuentros familiares. Y no queremos renunciar a ello. Aunque nos cueste la vida. O la de nuestros padres y abuelos.

El affaire de la Navidad —pero también la incapacidad de renunciar a las botellonas o de acatar las restricciones que nos demanda el bien común— es buena muestra de cómo nos han conformado. Porque lo cierto es que las subjetividades se construyen. No vienen dadas. Nos forman para que sepamos qué nos debe gustar, en qué debemos creer, qué debemos hacer, cómo debemos vivir. Es a la vez un proceso de doma. Por eso la educación resulta siempre un campo de batalla. Lo estamos viendo —una vez más— estos días. Aparatos ideológicos del Estado los llamaban. Hoy es distinto y a la vez igual. Ya lo dijo Jessica Rabbit: «yo no soy mala, es que me dibujaron así». A nosotros nos han dibujado para que seamos incapaces de sacrificarnos. Con una brocha mojada en color hedonismo. Un poco amoral. Y luego tanto político chiflado haciendo propuestas.

¿Recuerdan aquel villancico que empieza diciendo «envidia tiene la fuente del color de su carita divina»? Describe el momento del gozo. Pero a renglón seguido nos recuerda que en la frente de ese niño se anuncia ya una corona de espinas. En el «ji, ji, ja, ja» de las fiestas y los abrazos a los que no queremos renunciar está la corona de espinas de la tercera ola. La vacuna llamando a la puerta y nosotros ahogándonos en la orilla después de haber nadado tanto. Se trata de sobrevivir, aunque nos cueste la vida, como dijo Galeano. Habrá otras navidades.



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