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Martes, 23 de Julio de 2019

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Series de verano

Series de verano

No se ustedes, pero yo llevó lo que llevamos de verano sin quitar el «ladroné». Me gusta este término acuñado por el Risitas. Edredón es una palabra fea de origen francés que los gabachos importaron del alemán –o del danés, no me acuerdo muy bien- y que unos u otros le habían previamente mangado al islandés. O al nórdico antiguo. Un liazo. El «enredón» lo llamaba la madre de un amigo mío.

El caso es que bajo este fresquito estival he seguido el culebrón del carrusel de la Plaza de la catedral con más interés que si se tratara de unas de esas series de Netflix. Que si la Asociación de Vecinos Cádiz-Centro, que si la Asociación Segunda Aguada, que si la Federación Vecinos de Cádiz 5 de Abril, que si la Asociación de Comerciantes Cádiz-Centro. Todos enfrentados o coaligados por el tiovivo de hierro. Unos haciendo de Starks, otros de Lanniesters, aquellos de Targaryens o de Greyjoys. Como suele suceder con todas las series, el desarrollo argumental ha estado mejor que el desenlace. Al final la cosa ha quedado instalada junto al Gran Septo de Baelor.

Quiero decir, en el lateral que da a la calle Arquitecto Acero. Algunos cabos sueltos han dejado. Por ejemplo, me queda la duda de si un carrusel es lo mismo que un tiovivo.Pero la competencia, digamos HBO, no ha estado a la zaga. Su serie es una especie de thriller político-jurídico con ribetes deportivos que dura ya varias temporadas. El Ala Oeste de Carranza nunca aburre y nos depara siempre algún sorprendente giro de guión. No hay ascenso y al entrenador se le premia con la continuidad, pero la acción es frenética.

Ahora se anula una subasta, ahora algún personaje ingresa en prisión, ahora el que sale del talego le embarga sus acciones a otro capitoste, ahora reaparece un personaje italiano que hacía varias temporadas que no salía. Y es muy gracioso porque todos dicen siempre que no pasa nada. Un disfrute con el telón de fondo de un equipo que empieza bien y se desinfla siempre al final. En esto, los guionistas se repiten ya un poco. Y para el que no le guste las series siempre habrá una procesión por algún lado.

Con tanto entretenimiento cómo vamos a pensar en cosas como que, según las conclusiones de un estudio del Banco de España, los jóvenes españoles –tanto los más formados, como los que no- ganan hoy menos que hace una década. Y que instalados en el precariado, ni siquiera trabajar garantiza ya salir de la pobreza. Va a ser verdad aquello de los de las crestas del «no hay futuro». Menos mal que nos quedan las series del verano.

 

 


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