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¿Cómo fue la inauguración del Seminario diocesano de Vitoria?

En 1930 se inauguró en Vitoria-Gasteiz el Seminario Vascongado, que abarcaba a los territorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. La llegada del Nuncio para asistir al acto constituyó un baño de masas

El seminario el día de su inauguración /

 El día 27 de septiembre de 1930, el Nuncio de S.S. el Papa fue esperado por diversas autoridades religiosas y políticas vascas, en la estación del tren de La Concordia de Bilbao. Llegó sobre las cuatro de la tarde, en el convoy que une la capital vizcaína con Santander. Desde allí debía trasladarse a Vitoria en coche, para asistir al día siguiente a la inauguración del nuevo Seminario Vascongado en Vitoria. Era una de las personalidades más relevantes que acudía a la cita y, en aquellos, en los que se vivía con gran religiosidad, causó mucha expectación.

Un gentío apostado en la bilbaína calle Bailén dificultó la salida del prelado desde la estación hasta el coche, mientras las campanas de todas las parroquias de la villa se lanzaban al vuelo.

Federico Tedeschini por fin pudo acceder al vehículo preparado para su traslado a la capital alavesa, e inició la marcha seguido de una caravana formada por veinte automóviles, en los que viajaban diversas autoridades.

El cortejo tuvo que realizar algunas paradas por el camino. La primera en Lemoa, donde le esperaba bastante gente del pueblo. En Castillo-Elejabeitia, Areatza (Villaro) y Iurre fue vitoreado a su paso por la gente apostada a ambos lados de la carretera y, en este último pueblo, realizó una parada para visitar la Iglesia. Al llegar a Zeanuri, la caravana tuvo que detenerse para que Su Eminencia fuera obsequiado con el baile de la espatadantza, ejecutada por un grupo danzas de la localidad.

En Ubideba, límite entre Araba y Bizkaia, se realizó otra parada más en la que el Nuncio fue recibido por el alcalde de Vitoria, el presidente de la Diputación de Álava y otras autoridades. Tras las preceptivas presentaciones y saludos se reanudó la marcha, formándose una fila de coches de sesenta unidades. ¡Vamos, que ni la actual prueba ciclista de La Vuelta lleva tantos vehículos!

En Legutio, Urbina y en otros pueblos alaveses la gente esperaba en los bordes del camino para saludar y aplaudir al distinguido visitante. El traslado se hizo lento y la comitiva llegaba a Vitoria a las siete de la tarde, tras tres horas de viaje para cubrir 65 kilómetros.

El recibimiento al prelado en las diversas localidades tuvo cierta similitud, por afluencia y expectación, con la llegada del diplomático americano en la película “Bienvenido Mister Marsall”, del director Luis García Berlanga.

Ya en Vitoria, el Nuncio estuvo presente ese mismo día en un desfile a pie, desde la calle Dato hasta el Palacio Episcopal, y participó seguidamente en una procesión que partió a las nueve y media de la noche desde el Seminario Viejo – cercano a la Catedral de Santa María- y cuyo final se encontraba en el Seminario a inaugurar, en San Martín de Abendaño. Pasadas las diez y media la comitiva llegó al final del recorrido.

 El nuevo Seminario se hallaba iluminado exteriormente por miles de lamparas para la ocasión y así mismo en la Iglesia de Ehari/Ali - que se veía al fondo -, se habían instalado 300 luces de colores, que relucían con esplendor.

LA INAUGURACIÓN

El día 28 – el de la inauguración – el Arzobispo de Santiago de Compostela, Fray Zacarias Martínez, se pegó un madrugón y celebró una misa en el nuevo Seminario a las siete de la mañana, a la que asistieron los seminaristas y fieles. Este arzobispo le tenía mucho cariño al nuevo edificio, ya que había sido uno de los principales impulsores para su construcción, y fue quien colocó la primera piedra del edificio el 28 de abril de 1926, siendo Obispo de la Diócesis Vascongada, en Vitoria.

 A las diez de la mañana llegaron los presidentes de las diputaciones de Araba, Gipuzkoa y Bizkaia, los alcaldes de las tres capitales vascas, otras autoridades civiles, religiosas y militares y una gran masa de público se fue acercando desde Vitoria, a través de la carretera de Ehari/Ali.

Veinte minutos más tarde llegaba el Nuncio, que fue aplaudido por 900 seminaristas que recibían formación en el Seminario a inaugurar, acompañados de una gran cantidad de fieles.

 EL REY

A las diez y media entraba en Vitoria el rey Alfonso XIII en automóvil por el portal de Urbina – hoy portal de Legutio – pasando por el Palacio del Marqués de la Alameda en la calle Herrería, donde se encontraban las damas de la Cruz Roja, que le dedicaron aplausos y ovaciones desde un balcón. Poco después llegaba S.M. al nuevo Seminario y, tras ser saludado por las autoridades presentes y aplaudido por el público y los seminaristas, pasó revista a las tropas que esperaban en la fachada principal del edificio, entrando posteriormente en la iglesia bajo palio.

El Rey pasando revista / Archivo Municipal

El Rey se colocó a un lado del altar, en un trono preparado al efecto y bajo dosel. Las primeras filas de los asientos del templo fueron ocupadas por las autoridades religiosas, civiles y militares invitadas, oficiando la misa el Nuncio de S.S. Tras la celebración religiosa el Rey y otras personalidades salieron a la terraza principal del primer piso del seminario y desde allí saludaron a la gente.

BANQUETE

A la una del mediodía el Obispo de Vitoria, Mateo Múgica, ofreció un banquete en una de las galerías del seminario inaugurado. El menú fue preparado por el Hotel-Restaurante Jauregui, establecimiento entonces situado en la calle Florida, aproximadamente donde ahora se encuentra la plaza de Amarika. Se sirvieron ocho platos y cuatro postres, a saber: entremeses Vitoria, consomé doble en taza, huevos escalfados Gran Duque, ensalada rusa, pulardas de Baiona asadas, guisantes falsana, jamón york guarnecido, melocotón cardinal, delicias Alfonso XIII, canastillas de frutas y tabla de quesos. La comida fue regada con los siguientes vinos: Tío Pepe, Marqués de Riscal, Marqués de Murrieta, Vino Generoso y Champagne Viuda de Clicquot. Además quien así lo deseó se pudo fumar un habano.

Tarjetas con la invitación y el menú / Iñaki Armentia

Durante la comida, los esforzados músicos de la Banda Municipal de Vitoria, sin probar bocado, interpretaron un selecto programa destinado a los allí presentes.

A las tres y media, antes de que le entrara la modorra, Alfonso XIII abandonó la sobremesa y se trasladó a Donostia, donde se encontraba residiendo esos días. Su estancia duro cinco horas y su visita fue lo que coloquialmente se llama “una visita de médico”.

 ALGUNOS DATOS SOBRE EL SEMINARIO

Sin entrar a valorar el estilo arquitectónico del edificio (eso ya lo han hecho diversos especialistas), nos vamos a detener en algunos datos sobre la magnitud de la construcción. Datos que acompañaremos con fotografías. 

Las obras duraron cuatro años y cinco meses, considerado entonces un récord para una obra de tanta envergadura. Se utilizaron andamios de madera, algunos verdaderamente espectaculares, como el que se ve en la imagen siguiente, con varios operarios en la parte superior del mismo.

Andamio / Archivo Municipal

El edifico fue construido para alojar a 600 alumnos, aunque en algunos momentos llegó a albergar algo más del millar de seminaristas en sus 678 habitaciones.

 El seminario inaugurado tenía en aquel momento: 1.433 ventanas, 1140 puertas, 10 escaleras, 27.000 cristales, 300 radiadores, 1.700 puntos de luz, 24 timbres, 9 relojes eléctricos, 23 teléfonos, 4 baterías de acumuladores de electricidad, 1 ascensor, 1 montacargas, 600 lavabos, 20 cuartos de baño, 111 lavapiés, 148 duchas, 96 urinarios, 112 inodoros, 19 vertederos y 15 depósitos de reserva de agua con capacidad para 52.000 litros.

El seminario en construcción / Archivo Municipal

En la construcción de la edificación se utilizaron 16.900 m3 de mampostería, 8.500 m3 de hormigón, 7.800 m2 de baldosa, 600.000 kg. de armadura empleada en la estructura, 9.850 m2 de azulejo, 1,5 millones de ladrillos, 15 kilómetros de tubo para la instalación eléctrica, 31 km. de hilo eléctrico, 1.750 lamparas y 300 enchufes.

Hubo que pintar 7.500 m2 de puertas, 12.000 m2 de ventanas, 13.000 m2 de zócalos y 40.000 m2. de paredes al temple.

 La escalera principal interior, de tres tramos, fue construida con mármol extraído de las canteras de Almandoz (Navarra), el mismo- se dice- con el que se embellecieron algunos tramos del metro de Moscú y del Kremlin en la Plaza Roja de esa ciudad. Se utilizó mármol italiano en los urinarios, y el mismo material de color rosado en las mesas del comedor.

Pedro de Asúa, que no pasó de ser más que un cura en su carrera religiosa, fue el autor del proyecto del seminario. Murió asesinado en Cantabria en 1936, durante la guerra civil. Los restos de este insigne arquitecto se conservan en un cofre situado en el altar mayor del templo, edificio que proyectó y cuyas obras dirigió.

La ejecución de la obra la llevó a cabo el constructor Rufino Martikorena, empresario con gran experiencia, que construyó la plaza de toros de Pamplona/Iruña.

VÍDEOS

 Nueve fotografías del Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz y una imagen del Archivo del Territorio Histórico de Álava, nos sirven para ofrecer a continuación un vídeo con ellas, en el que vemos la marcha de las obras del Seminario, algunas estancias de su interior y la inauguración propiamente dicha.

Utilizamos imágenes actuales, para observar en otro vídeo el exterior del edificio y algunas dependencias interiores.

 

 

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