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No es uno más

Jesús Mendoza tras un partido en Guadalcacín /

Mendoza es uno de mis ídolos xerecistas. Se lo ganó a pulso desde que siendo un chaval firmó por el Xerez CD a finales del siglo pasado, y a base de entrega, sacrificio, trabajo y constancia fue haciéndose un hueco importante en la historia de la entidad y en el corazón de los aficionados. Mi agradecimiento a él, y al resto de integrantes del legendario plantel que logró el ascenso a Primera división el 13 de junio de 2009 (cómo olvidarlo), estará siempre vigente. Es muy probable que jamás vuelva a saborear ni a celebrar un éxito deportivo de la misma forma.

También lo conocí en la época de las vacas flacas. Sufriendo los incumplimientos en el pago de Oliver y Silgado, cuando las tuvo tiesas con Joaquín Morales, durante el injusto y caprichoso ostracismo que sufrió en la segunda temporada de Schuster… Siempre juntos en las duras y en las maduras. Hasta en sus escarceos con sus idas y venidas en sus frustrados fichajes por el Betis y el Rayo Vallecano.

Por eso, fue muy emotivo, a la vez que un honor, que fuera el primer jugador en lucir el brazalete de capitán del nuevo proyecto que alumbró la mayoría del xerecismo. Pensaba que para él también lo era, pero algo pasó y a partir de ahí preferí no preguntar para no saber más.

Por respeto al mito nunca he hablado de la persona. Tampoco lo haré en esta ocasión. Pero escuchándole el martes en SER DEPORTIVOS decir que el del domingo será “un partido más”, no he querido dejar pasar la ocasión de negarle la mayor. Y no por despecho, porque es entendible que su partido especial lo haya vivido ante el Xerez CD, sino para contar exactamente la verdad.

Hace tres años, cuando el Xerez Deportivo FC rindió visita a la localidad hermana de Trebujena, el ambiente que se había preparado era todo menos amistoso. La tensión había subido de tono en los días previos, el ambiente estaba debidamente caldeado y si no ocurrió nada fue porque el comportamiento de la hinchada jerezana fue modélico y porque el equipo azulino, dirigido entonces por Dani Pendín, fue enormemente superior a cuadro local, entrenado por Mendoza, que ni jugando con uno más durante más de una hora fue capaz de inquietar al cuadro xerecista.

El año pasado, en Lebrija, los caminos del Xerez DFC y de su primer capitán volvieron a cruzarse. Como el de Trebujena, y seguramente como el del domingo en Guadalcacín, hubo tensión y más ganas de ganar de lo habitual. Por eso, y por muchos más motivos, este no será un partido más para Mendoza, que personalmente habrá cumplido con su obligación y salvado la temporada en lo personal evitando que gane el nuevo Xerez. Los motivos, me los sigo callando.

 

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