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Jueves, 05 de Diciembre de 2019

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Mikel Erentxun: cartas de amor desde el Fuerte de Navidad

El artista donostiarra brilla en el ciclo organizado por 'Cartagena, Puerto de Culturas'

La noche del viernes 28 de junio la recordarán los 200 privilegiados que pudieron hacerse con una entrada antes de que volaran (40 euros, incluyendo travesía en barco, camiseta conmemorativa, bebida y tapa) como la del redescubrimiento de un artista acostumbrado a los grandes recintos y banda numerosa, que en esta ocasión presentaba sus composiciones desprovistas de artificios -si es que algún día los tuvieron- acompañadas por guitarras y armónica para realzar su personal voz.

Una voz cálida, en uno de sus mejores momentos, fue desgranando un repertorio en el que intercalaba canciones de sus primeros años, en Duncan Dhu, con las de una etapa en solitario que dura ya 27 años. Y lo hizo desde la sencillez y la intimidad que propiciaba el manto de estrellas de la noche cartagenera, arrullados por la brisa marina en la azotea del Fuerte de Navidad, uno de los baluartes defensivos construido entre los siglos XVII y XIX, situado en la bocana del puerto.

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Y así fueron sonando canciones de su último disco (en el que ha vuelto a arreglos eléctricos después de varios álbumes de acento más acústico) “El último vuelo del hombre bala” en el que encontramos interpretaciones sobresalientes como “Círculos” y otras que ocuparon el primer tramo del concierto.

La primera canción de Duncan Dhu llegó mediada la función y a partir de ahí se intercalaron las de ambas etapas.

“Vasos de Roma y ginebra”, “Corazones”, “El hombre sin sombra”, “Cicatrices”, “El principio del final” y “Veneno”, una de las piezas con más magia de su repertorio, fueron muy celebradas por un público entregado a un ídolo de juventud que ayer tuvieron al alcance de sus sentidos.

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Tampoco podían faltar “La casa azul”, “A un minuto de ti”, “Mañana”, “Entre salitre y sudor” o “El hombre que hay en mí”. Y para el fin de fiesta y los bises, himnos de los allí presentes como “Esos ojos negros” y “Cien gaviotas”.

En suma, una velada impregnada de la magia de estar con Mikel en la soledad de la habitación donde compone, acompañado solo por la guitarra (ayer acústica o eléctrica, según las piezas) y dejando fluir una inspiración que le ha llevado a componer y cantar algunas de las canciones que más sentimientos han hecho despertar en una legión de fieles seguidores que celebran cada nueva entrega como un hito en sus vidas.

Así de privilegiados, como testigos de sus más íntimos momentos, hizo sentir Erentxun a los asistentes a un concierto tan atípico como memorable.

Mikel Erentxun, arquitecto de canciones (y también de formación académica) mostró a lo largo de la tarde, durante las pruebas de sonido, su curiosidad por las peculiares características constructivas del Fuerte de Navidad, desde donde se divisaba el perfil monumental y marinero de la trimilenaria ciudad, que vivía ajena al privilegio de mirarla desde allí.

Y así finalizaba un festival organizado por la sociedad municipal ‘Cartagena, Puerto de Culturas’ que en sus ocho ediciones se ha revelado como una exquisitez que merece la pena consolidar con más fechas y artistas en años posteriores.

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