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Viernes, 13 de Diciembre de 2019

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La Virgen de Begoña también viaja en botella

Almáciga es un pequeño pueblo situado en la costa norte de Tenerife, en un paraje natural privilegiado de roca volcánica y calas espectaculares. En esta aldea es fácil encontrar chicas con nombres tan insospechados para esas tierras como Begoña, Ainhoa o Nerea. Incluso el equipo de fútbol se llama Club Deportivo La Begoña.

Para comprender esta curiosidad, es preciso remontarse 70 años en el tiempo. El 27 de agosto de 1948, 35 peregrinos pertenecientes al grupo Acción Católica de Bilbao, de las parroquias de San Francisco de Asís y Begoña, navegaban a bordo del vapor ‘Aragón’ rumbo a Santiago de Compostela, con motivo de la celebración del año Jacobeo. Uno de ellos, Martín Valle, tuvo la ocurrencia de lanzar una botella con unas estampas de la 'Amatxu' de Begoña en su interior, así como una postal con la firma de todos. Un compañero suyo, José Luis Ausín, que por aquel entonces tenía 18 años, se encargó de sellar la botella con la cera de una vela, de tal manera que el improvisado mensaje pudiera llegar sano y salvo a donde quiera que fuese. De tal guisa, el recipiente fue arrojado por la borda a la altura del cabo Villano, anterior a Finisterre, por D. Eugenio Rodríguez.

La 'cuadrilla' que viajó a bordo del 'Aragón' / 'La madre de Dios de Begoña y Señora y patrona de Almáciga'. Ed. Gráficas Alustiza

Así, la botella viajó en el seno de una corriente cálida, durante más de mil millas náuticas, a través del océano atlántico, hasta recalar en la tinerfeña playa de Almáciga. Una travesía de más de 8 meses, hasta que el 29 de abril de 1949, el joven matrimonio compuesto por Eusebio Sosa y Benita Izquierdo, acompañados por su comadrona Luisa Izquierdo, halló el recipiente.

Ninguno de los tres sabía leer, pero reconocieron la imagen de una Virgen. Al no encontrar a nadie que les pudiera descifrar el mensaje llegado del mar, acudieron a la maestra del pueblo, Doña Clotilde, quien, a raíz del descubrimiento, comenzó una correspondencia con los muchachos de Bilbao. ¡Cuál fue la sorpresa de éstos cuando, casi un año después de lanzar la botella al agua, algo de lo que ninguno apenas se acordaba, recibieron aquella primera misiva!

'La madre de Dios de Begoña y Señora y patrona de Almáciga'. Ed. Gráficas Alustiza

El intercambio postal derivó en una recolecta en Bilbao para el envío de una imagen de la Virgen de Begoña a aquella lejana aldea de las exóticas Canarias. A ello contribuyó, sin duda, la publicación de la curiosa historia en La Gaceta del Norte, un artículo firmado por D. Andrés de Arístegui, gracias al cual el hecho saltó a la fama y fue conocido por la sociedad vizcaína. De esta manera, rápidamente se recolectó el dinero necesario para que el escultor bilbaíno, D. José María de Larrea, realizara una reproducción exacta de la imagen original.

El mensaje en la botella / 'La madre de Dios de Begoña y Señora y patrona de Almáciga'. Ed. Gráficas Alustiza

Unos meses después del inicio de la correspondencia entre Almáciga y Bilbao, la imagen ya estaba lista para ser enviada a su nuevo destino. A bordo del ‘Monte Urquiola’, de la Naviera Aznar, la ‘Amatxu’ surcó las aguas de Cantábrico, bordeó la costa de Galicia y puso rumbo al sur, hacia el puerto de Santa Cruz, a donde arribó en la tarde del 6 de mayo de 1950, primer sábado de mes, siendo recibida con gran clamor y conducida procesionalmente a la parroquia de la Concepción. Unos días después, el 14, fue transportada por vía marítima a su destino definitivo, Almáciga, donde fue entronizada en una pequeña ermita que hacía las veces de almacén municipal.

La llegada no estuvo exenta de polémica, ya que desde la vecina localidad de Tanagana se querían apoderar de la efigie. No obstante, el empeño de los lugareños y la intervención vía correo postal de los bilbaínos, permitió que la imagen finalmente fuese depositada en Almáciga, que es a donde había sido enviada.

Décadas más tarde, en el año 2006, se decidió construir un templo en condiciones para la ‘Amatxu’. Sin embargo, no fue hasta este mismo año que se pudo terminar su construcción, previa intervención del obispo de Bilbao, D. Mario Iceta, quien apremió las labores de levantamiento de la nueva iglesia, de modo que el 1 de junio de 2019, finalmente, el edificio pudo ser consagrado.

Así, la historia se cierra 70 años después de su origen, en la que una sencilla imagen de la Virgen de Begoña hermanó a dos poblaciones tan diferentes como lo podían ser Bilbao y Almáciga a mediados del siglo XX. Una historia que comenzó con un mensaje en una botella.

Este relato quedó plasmado de manera mucho más profunda y documentada en el libro escrito por D. Eugenio Rodríguez Condado y editado por Gráficas Alustiza en 1994.

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