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Jueves, 17 de Octubre de 2019

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José Antonio Barroso: "Cádiz no necesita coches, necesita ciudadanos"

El exalcalde de Puerto Real se instala en la bahía gaditana tras varios años residiendo en Cuba

José Antonio Barroso, exalcalde de Puerto Real, en los estudios de Radio Cádiz /

José Antonio Barroso, exalcalde de Puerto Real, histórico líder de Izquierda Unida en la bahía de Cádiz, lleva ocho años alejado de la vida política activa. "Me dieron la patada en las nalgas mis vecinos y los de mi partido", asume resignado. Tras varios años residiendo en Cuba, ahora se ha vuelto a instalar en Cádiz. Dice que por motivos personales, porque acaba de superar un cáncer y quiere estar junto a su familia en las revisiones médicas. Todo lo cuenta con naturalidad. Se le notan las ganas de hablar, de opinar, de ser escuchado.

Pregunta. ¿Dónde se vive mejor?

Respuesta. Depende de para qué. Si se trata de vivir las emociones que te produce ver crecer a los nietos, sin duda, cerca de ellos. He sido razonablemente feliz en Cuba. Reorganicé mi vida afectiva y la reactivé tras la reorganización de manera muy agradable. También he sido muy feliz cuando he venido. a España Este es mi país. Mi pequeña patria es la bahía de Cádiz.

P. ¿Pero ya se queda aquí?

R. Yo tengo la residencia en Cuba. Me la dio el gobierno cubano sin tener condiciones para ello. Imagino que por mis relaciones históricas con él, se me dio esa prebenda. Ahora vivo de manera continuada aquí y va a continuar siendo así porque estoy en un proceso de revisión bimensual por una dolencia que se me gestó, que tuvo que ver con mi pasión por fumar puros, Desde aquí un saludo a la doctora Garrido Unzúe, una magnifica uróloga. Habrá quien me reproche que por qué no usé el sistema sanitario cubano.

P. Un referente para muchos.

R. Me lo detectaron allí, pero me quedo aquí en Cádiz porque aquí está mi familia. No tengo derecho a exigir a mi familia que incorpore la inquietud sabiendo de operarme o revisarme a miles de kilómetros. Yo creo que esa exigencia emocional no tengo que hacérsela.

P. Y ahora que se queda en Cádiz habrá quien piense que vuelve a la política.

R. Yo nunca me he ido de la política. Me he ido de la política institucional. Nunca doy consejos, pero sí he emitido opiones y juicios. Nunca consejos. Ahora me veo requerido como cuando me veía antes cuando era alcalde. Me piden opinión. Yo me siento político. He vivido como político y moriré como político. Pero la política institucional ha dejado de tener atractivo para mí.

P. ¿Descarta volver a algún cargo entonces?

R. No tengo ninguna perspectiva de asumir cargo alguno. La deseé cuando me dieron la patada en las nalgas en 2011, pero mi partido no lo vio así. No lo deseo, ni creo que pueda, ni creo que le interese a nadie. Si alguien me pregunta, tendrá en mí siempre un interlocutor. Con la alcaldesa de Puerto Real (Elena Amaya, del PSOE) me veo algunas veces, pero más por cuestiones personales, de amistad, que trasciende lo político, porque en lo político no coincidimos. 

P. ¿Usted sigue creyendo en la mancomunidad? ¿Cómo ve el concepto de bahía?

R. La mancomunidad es un órgano de constitución voluntaria que se dedica a gestionar servicios, algunos recursos vinculados, pero no es un órgano de definición geográfico, como sí lo es el área metropolitana. Es una ley que debió aprobara el Parlamento Andaluz, pero nunca ha habido una apuesta. Una ley metropolitana no supone fagocitar las ciudades pequeñas por las grandes. Se puede definir la importancia de cada ciudad y su independencia, pero podríamos crear un órgano que nos obligase a todos para que fuese más útil la gestión comarcal. Sería un órgano de defensa de los intereses de todos. Un ejemplo, el alcalde de Cádiz se ha quejado, con razón, del abandono del castillo de San Sebastián. Pues mira qué oportunidad para el área metropolitana. O el sistema defensivo de las murallas de la bahía, o las prioridades de infraestructuras ferroviarias, de carreteras preteridas en beneficio de infraestructuras descomunales...

P: Cuatro años después de su inauguración, ¿sigue considerando innecesario el segundo puente?

R. Absolutamente. Mira el conflicto que tiene Cádiz con los aparcamientos. Cádiz no necesita coches, necesita ciudadanos. Los coches generan contaminación, incomodidad. Los ciudadanos generan economía y vida. Difícilmente se puede entender que la solución de la entrada y la llegada de Cadiz pueda venir de la infraestructura por carretera. Sería más bien por la vía férrea por donde debería entrar la economía. Un metro en superficie para que entre la gente. Por eso debió darse prevalencia al tren sobre el puente.

P. Usted era alcalde cuando cerró Delphi. ¿Entiende por qué no se ha instalado allí ninguna empresa 12 años después?

R. No lo entiendo. Para mí aquello fue durísimo. En 2011 la gente se hartó de mí, absolutamente, de lo que yo representaba. Se había dado cita en aquel contexto muchas dificultades: Delphi, la caída de la actividad naval. de Dragados, implosionó el sector inmobiliaria y yo seguía hablando de la república, de Fidel, de Chávez, o de los Borbones. La gente se harta. Lo de Delphi fue terrible. Conllevó el que la gente me expulsase de la vida municipal y me produjo una enorme frustración. Lo que digo es que si no hubieran caído en las redes que desactivaron toda aquella lucha en defensa de Delphi, de un edulcorante Zapatero, y se hubiesen mantenido firmes, con condiciones más garantistas, a lo mejor Delphi habría tardado más en cerrar. Habría dado tiempo a crear condiciones para un desarrollo alternativo. En Bruselas llegamos a reunirnos con todos los grupos parlamentarios y todos dijeron que apoyarían a España en defensa del sector de la automoción, aunque contraviniesen las normas de la UE. Podíamos habernos dotado de un tiempo y condiciones para evitarlo , pero nos entregamos sin armas a la política de Zapatero.

P. ¿Pero por qué no llegan empresas?

R. Se explica. Muy fácil. Los sindicatos vienen hablando de un proyecto industrial, de apoyar las empresas matrices, de mejorar la logística, de comunicar Las Aletas con el tejido, el puerto... ¿Cuántas medidas se han tomado? Muy pocas. Yo tengo responsabilidad como alcalde, pero eso no me inhabilita decirlo. Ese error no tiene parangón con ningún otro.

P. Usted sale en la foto de la primera piedra de Las Aletas. ¿Sigue creyendo en ese proyecto?

R. Soy un defensor a ultranza. Estoy convencido de que se podrán hacer con la nueva administración local y si no comete los mismos errores que la Junta. Las Aletas no se quedó sin efecto por exigir restauración ambiental, sino por la contumacia inoperante y antimunicipalista de la Junta, que pretendía cambiar el dominio publica pintando simplemente una zona de desarrollo y pagando una restauración ambiental. El Supremo dijo que eso no podía ser y que tenía que estar justificado. Tenemos varias miles de hectáreas de salinas en la bahía como para que tengamos que gastar dinero en una restauración ambiental.

P. Usted fue condenado por injurias al Rey. ¿Qué aprendió de aquel proceso?

R. De aquello aprendí el hecho de que la gente te vote, no significa que opinen igual que tú. Aprendí que siempre hay razones, con independencia del tacticismo político, para seguir abrazando otras alternativas políticas e ideológicas. Eso que se llama otro mundo es posible. No me arrepiento de nada de lo que dije. Al final, se ha comprobado que los Borbones son todos una partida de ladrones, unos más y otros menos.

P. Se va a meter usted en otro lío

R. ¿Por qué?

P. Instruyó aquella causa Grande-Marlaska...

R. Sí, me imputó el rojo ministro del Interior de España.

 

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