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Miércoles, 16 de Octubre de 2019

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Ángel Espejo, el conquense que deleita a Karlos Arguiñano con sus huevos con setas

Natural de Cañamares, este empresario de hostelería regenta un restaurante en Chiva (Valencia) donde ofrece una cocina basada en los alimentos frescos de la huerta y el mar

Ángel Espejo en su restaurante La Orza de Ángel en Chiva (Valencia). /

Ángel Espejo es natural de Cañamares (Cuenca). Allí mamó el negocio de la hostelería en el bar de su familia. De joven trabajó de camarero hasta que decidió emprender con su mujer y crear ellos su propio restaurante. Ahora regentan La Orza de Ángel en Chiva (Valencia). Este conquense amante de la huerta nos ha contado en Hoy por Hoy Cuenca cómo ha sido su vida y algunas anécdotas de su profesión.

Entrevista con Ángel Espejo en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Ángel Espejo creció en el bar de su familia en Cañamares. “Ya lo tenía mi abuelo y luego mi madre que me mandaba a la cueva a por los botellines porque no teníamos nevera. Además, había que bajar con el burro a Priego a por la cerveza para subirla en un serón”.

Desde aquellas anécdotas que él recuerda con nostalgia ha pasado mucho tiempo. Toda una vida que Ángel ha dedicado al mismo negocio, a la hostelería. “En la mili ya estuve en la cantina”, recuerda. Con poco más de veinte años empezó a trabajar de camarero en Chiva, en Valencia, donde se casó. Fue entonces cuando montó su primer restaurante en la localidad valenciana de Cortes de Pallás. “Es la época de mi vida en la que más trabajé y menos dormí”. Entonces Ángel tenía 30 años. Así se formó el dúo con su mujer en la cocina y él al frente del negocio. “A veces dormía en el coche parado en una gasolinera. Las patatas las traía en la baca porque no tenía otra cosa.”. Aquel era el bar Castilla con “un menú para los trabajadores de una obra cercana que manteníamos hasta las tres de la tarde. Después de esa hora el restaurante recibía a los jefes de la obra, pero ellos pedían cigalas y langostas. Entonces el dinero corría más que ahora”, recuerda.

Ángel Espejo en los estudios de SER Cuenca. / Cadena SER

Eran los años 80 y, tras un negocio fallido en el sector de la construcción, Ángel y su mujer, con sus hijos ya crecidos, deciden abrir un nuevo restaurante en Chiva, el pueblo que ya conocían. Así nace La Orza de Ángel, un negocio con restaurante, hotel y servicio de cáterin. “Vamos a hacer 28 años, eso significa que lo hemos hecho bien porque lo hemos mimado y hemos trabajado mucho”.

Los huevos que gustan a Arguiñano

En esta aventura empresarial Ángel reconoce el apoyo y el trabajo de su mujer, “al cincuenta por ciento, ella siempre en la cocina” (ante la pregunta de si ella es buena cocinera, siempre contesta que “es mejor”) y de sus hijos que se han incorporado al negocio. “Uno de ellos estuvo aprendiendo con Karlos Arguiñano”, nos cuenta Ángel, que se enorgullece de mantener amistad con el televisivo cocinero guipuzcoano. “Arguiñano venía al circuito de Cheste porque es muy aficionado a las motos. A través de unos amigos llegó a mi restaurante en noviembre, en plena temporada de setas. Probó nuestro plato de huevos rotos con setas y le encantó”.

Timbal de setas, uno de los platos de la carta de La Orza de Ángel. / laorza.com

El corazón de La Orza de Ángel es su horno moruno donde se cocinan alimentos frescos porque este emprendedor de Cañamares apuesta por la materia prima de calidad y acostumbra a patearse mercados, lonjas y huertas.

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