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Jueves, 17 de Octubre de 2019

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El Sporting se queda en nada

En Las Palmas volvieron a quedar en evidencia todas las carencias del equipo gijonés, que intentó salvar el partido con un arreón final en el que pudo empatar

El Sporting está objetivamente mal. Y negarlo es vivir de espaldas a la realidad. Puede haber argumentos que lo justifiquen: el equipo es nuevo, está en construcción, el calendario... Pero la realidad se impone. Las sensaciones son subjetivas y discutibles, pero los números no engañan. Y son muy pobres. El Sporting solo ha ganado uno de los seis primeros partidos. En Gran Canaria, contra un rival hundido en la tabla, que no le había ganado a nadie y que no podía contar con la mayoría de sus estrellas, al Sporting se le volvieron a ver todas las costuras. Fue un equipo plano, que trata de tapar sus enormes carencias con la careta de la intensidad que se pone en algunos momentos. Tardó 88 minutos en tirar a puerta, hasta un disparo flojo de Carmona, y no estuvo a la altura salvo en unos primeros minutos intensos y la reacción final, ya a la desesperada. Pudo empatar, sobre todo en un remate de Aitor García que desbarató el portero de Las Palmas. Pero el pésimo partido de los rojiblancos no lo hubiera tapado.

Para corregir las deficiencias, lo primero es admitirlas. Toca tirar, para empezar, de autocrítica. La exagerada y seguramente impostada euforia en torno a la imagen ofrecida ante el Deportivo de La Coruña no vale ni como argumento para la automotivación. José Alberto López debe empezar a tomar medidas. Hay que admitirle al entrenador la flexibilidad para haber renunciado a un sistema de cabecera, el 4-3-3, para el que parecía muy evidente que no tenía mimbres. En Las Palmas volvió a apostar por un 4-4-2 que ante el Dépor serviría para mejorar a Djurdjevic pero que a la segunda se le vino abajo.

El centro del campo del Sporting no está ajustado. Y eso lo condiciona todo. Si en defensa, bien por rendimiento o por rotaciones, José Alberto decidió relevar a Borja López y apostar por Marc Valiente (que fue de lo mejor del equipo en Gran Canaria), deberá empezar a tomar medidas también en la medular, donde Javi Fuego y Nacho Méndez no están al nivel esperado. Tampoco Manu García, aunque es evidente que el poco fútbol que tiene el Sporting llega cuando la pelota pasa por sus pies. Y en Las Palmas eso apenas sucedió. Otra decisión debe llegar en la banda derecha. Carmona está en uno de sus peores momentos desde que llegó al Sporting, y el empecinamiento en alinearle le hace un flaco favor tanto a él como al equipo. Y si en la primera plantilla no hay otro, habrá que tirar del filial. Arriba quedó demostrado que un grano no hace granero: ni Djurdjevic ni Álvaro Vázquez ni los dos juntos son garantía de gol. Álvaro Vázquez estuvo desaparecido y el serbio volvió a demostrar su falta de puntería una vez más.

Las intenciones inciales del Sporting siempre son muy buenas. Pero se quedan en eso: en intenciones. En Las Palmas el equipo salió al partido mandón, dominante, ambicioso, con la intención de jugar en campo contrario. Tenía la pelota, la tocaba con cierto criterio y arriba Álvaro Vázquez parecía asociarse bien con Djurdjevic, mientras Carmona ponía un par de buenos centros desde la banda derecha. Pero no generaba peligro real, algo que sí hizo la Unión Deportiva en tres chispazos: primero un par de despejes orientados que habilitaron a Drole y Narváez para plantarse en el área de Mariño; el primero chutó alto, al segundo le quitó el remate de la bota un providencial Marc Valiente.

Antes de que se cumpliera la media hora de partido Las Palmas tuvo otra, la más clara: un precioso balón al espacio para Srnic, que desde dentro del área, ligeramente escorado hacia la derecha, superó con su disparo a un Diego Mariño que no estaba nada fino en las salidas. Babin tuvo que salvar a su equipo desviando la trayectoria de un balón que se iba hacia el interior de la portería rojiblanca. El partido ya era un asedio.

No puede tener queja esta vez elsportinguismo del VAR. El colegiado no quiso revisar una acción en la que Marc Valiente tocó claramente el balón en el área con el brazo, que tenía apoyado en el suelo. Tampoco se cebó con Babin, que se jugó la segunda amarilla en un manotazo junto a la línea de banda.

En la segunda mitad siguió la misma dinámica, hasta que llegó el gol canario. De La Bella fue mucho más listo que Unai Medina, le robó el balón al lateral rojiblanco y asistió a Pedri para que marcara un gran gol, ajustando su disparo al palo de la portería rojiblanca.

Solo en los últimos instantes, con balones largos y a la desesperada, el Sporting pudo meterse en el partido y tratar de salvar la papeleta. A Djurdjevic le anularon justamente un gol por fuera de juego, el serbio no supo picar un balón que había peinado Pablo Pérez y, en el minuto 93, un paradón de Josep Martínez evitó el gol de Aitor García.

El Sporting vuelve de Canarias con más dudas que certezas. Esta vez no habrá debate, como lo hubo tras el partido frente al Deportivo. De Las Palmas no hay nada que rescatar, más que la preocupación. El equipo necesita ganarle al Racing de Santander el domingo, porque la clasificación le ha puesto ahora mismo en el pelotón de equipos que ven el abismo del descenso con solo un punto de colchón. Hasta que se demuestre lo contrario, y mientras el equipo juegue así al fútbol, alejarse de ese peligro es el único objetivo.

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