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Viernes, 18 de Octubre de 2019

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Jugando bien, tampoco

La nulidad en ataque de Djurdjevic y un clamoroso fallo en defensa impiden al Sporting pasar del empate ante el Racing de Santander

Manual urgente de primero de arquitectura. Para construir un edificio, una vez elegido el terreno, se colocan los cimientos, se instalan los pilares que sustenten la edificación y ya posteriormente se mira hacia arriba para colocar las vigas, las viguetas, las bovedillas o el alforjado. Después se procede al cerramiento.

El proceso para construir un equipo de fútbol es análogo. Suele decirse, y suele ser verdad, que un equipo se empieza a construir por los cimientos que, traducido al lenguaje futbolístico, se refiere a organizar un buen engranaje defensivo. Y a partir de ahí, se siguen los siguientes pasos.

En la construcción de su Sporting, el arquitecto José Alberto López ha logrado poner los cimientos. Tiene una defensa solvente aunque ni mucho menos infalible: suele cometer un error clamoroso por partido que le penaliza con crueldad. Sucedió ante el Racing cuando, inexplicablemente, Yoda pudo recibir, controlar y chutar desde dentro del área, sin ninguna oposición, para marcar el gol del empate.

El Sporting tiene un pilar sobre el que construir todo lo demás. Se llama Manu García y es un jugador que marca la diferencia, sobre todo cuando juega donde tiene que jugar. Todo o casi todo lo hace bien. Y, además, bonito. Cuanto más tiene la pelota, más disfruta el sportinguismo y mejor juega su equipo. Los rivales le abrasan a patadas, pero a diferencia de otros futbolistas Manu las soporta con dignidad, resiste, protesta lo justo y sale de situaciones que parecen imposibles. Cuanto más cerca está del área contraria, más ocasiones de gol genera. Lo que no se le puede pedir a Manu García es que juegue de todo: que baje a recibir por delante de los defensas y se plante en el área rival para dar el pase de la muerte. Aunque si se pone...

El problema del arquitecto José Alberto es que cuando empieza a construir el tejado de la primera planta, la estructura se le viene abajo. Es difícil fallar más ocasiones claras en un partido que las que desperdició el Sporting ante el Racing de Santander. Fue una antología del despropósito, con un nombre propio: Uros Djurdjevic. El problema es que, ante la sequía de este futbolista, ¿hay alternativa en la plantilla?

El consejo de administración del Sporting se jactaba en verano de haber resistido a la tentación de vender al serbio por una supuesta oferta de cinco millones de euros. Como diría un célebre expresidente rojiblanco, ¿ustedes saben cuánto son cinco millones de euros? Pues bien: si la afirmación era mentira, es grave, porque mentir es pecado. Y si era verdad, quizás sea más grave. Nadie puede anticipar rendimientos futuros, pero las estadísticas de Djurdjevic son las que son, tanto esta temporada como la anterior. Sus fieles seguirán defendiendo que pelea, se faja y aprieta los dientes, que son afirmaciones innegables. Enfrente estarán los que replicarán que, dado su escasísimo olfato goleador, solo faltaba que al menos no peleara.

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Ante el Racing ya no vale la excusa de que juega solo arriba, de que es un islote o de que no le asisten. Hasta cuatro ocasiones de gol clarísimas desperdició el serbio en el partido. Pases que le dejaban mano a mano con el portero, situaciones que cualquier delantero desearía. Pero Djurdjevic estuvo absolutamente negado. Con suerte, chutaba flojo entre los tres palos. Otras veces, ni siquiera. Cuando perdonas de esa manera, se suele pagar caro.

Buena imagen, pese a las carencias

El Sporting realizó la mejor primera parte de toda la temporada. Y lo hizo con un equipo de circunstancias, dada la locura del calendario y los problemas logísticos del viaje de regreso de Las Palmas, que provocaron que el equipo tuviera que preparar el partido en una sola sesión de trabajo. Sentó José Alberto López a jugadores que en condiciones normales parecían intocables (Javi Fuego o Carmona). Recuperó a Borja López, alineó en los laterales a Molinero y Cordero (Damián Pérez y Unai Medina arrastraban molestias), apostó por dos extremos como Aitor García y Álvaro Traver y situó a Cristian Salvador como escudero de Nacho Méndez y Manu García en el centro del campo. Las circunstancias del calendario posiblemente facilitaron al entrenador la toma de algunas decisiones que, en otro escenario, hubieran sido más difíciles de tomar.

Y el Sporting fue muy superior al Racing de Santander durante muchos minutos. Tuvo intensidad, fluidez y llegada, mucha llegada al área contraria. El problema es que no le valía para mucho, porque desperdiciaba una ocasión tras otra. Por fin, a los 40 minutos, Nacho Méndez, al que la compañía de Manu García hizo creer exponencialmente, marcaba tras otra jugada fantástica del ex del Manchester City, que se internó por la derecha, el balón llegó Traver y este asistió al luanquín que con un disparo desde la frontal del área batió al portero por la escuadra.

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En la primera parte le costó mucho sudor y muchos minutos al Racing acercarse al área de Mariño, dando solo un par de sustos en acciones de pizarra.

Al Sporting solo le quedaba rematar la faena. Pero Djurdjevic no daba una, el resto del equipo tampoco, los recambios desde el banquillo no aportaron mucha más pólvora (Álvaro Vázquez sigue siendo una incógnita y las limitaciones de Neftali ya son perfectamente conocidas). Con la salida de Nacho Méndez, el Sporting perdió el control del mediocampo. Viéndose con vida, el Racing empezó a crecerse, a llegar, apareció la diferencia física por haber tenido 48 horas de preparación. Y en un fallo clamoroso de la defensa, Yoda marcó libre de marca con un gran chut ajustado al larguero.

Ya a la desesperada, el Sporting se volcó al ataque. Un centro de Manu García se envenenó y Luca lo paró con apuros. El portero racinguista frustró también un remate de cabeza de Pablo Pérez ajustado a la cepa del palo. Pero en el último minuto del añadido Diego Mariño salvó el 1-2 tras un gran lanzamiento de falta de Lombardo.

El Sporting jugó bien, pero sus limitaciones le siguen pesando. La falta de gol es un lastre enorme. El equipo sigue en el pelotón de los malos: solo un punto por encima del descenso. José Alberto López sigue al frente de la obra, que parecía monumental pero que empieza a parecer una obra menor. El problema es que, cuando no tienes materiales, cuando se acaba el cemento o no funciona la maquinaria, la construcción suele ser deficiente.

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