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Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

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Tres actrices, tres camaleones

La compañía gallega A Panadaría convence en el Falla con 'Elisa y Marcela'

Las tres actrices de Elisa y Marcela en un momento de la representación /

De Elisa y Marcela queda una foto. Un retrato en blanco y negro de dos mujeres posando para la cámara. Hay que mirar bien porque, aparentemente, en la imagen hay una mujer y un hombre. Una de ellas, Elisa, se tuvo que disfrazar de hombre para esconder su amor prohibido. La historia real de este matrimonio, la primera, aunque camuflada, boda entre lesbianas oficiada en España, es la base de la obra con la compañía gallega A Panadaría ha abierto el ciclo 'Espectáculos de piel' en el Teatro Falla de Cádiz.

La obra arranca con un escenario vacío. Una guía turística rompe la cuarta pared y presenta al público la iglesia de San Xurxo en A Coruña donde en 1901 Elisa y Marcela se casaron tras haberse conocido en el colegio. Marcela, vestida de mujer. Elisa, reconvertida en Mario, con un sucinto bigote y con traje de hombre. En el escenario no hay más que dos palos de madera colocados verticalmente y una tela blanca enrollable a modo de fondo. Y tres actrices camaleónicas que hablan, cantan (muy bien), bailan, se besan y se transforman con una pasmosa facilidad.

Al contrario que la versión que para Netflix hizo Isabel Coixet de la misma historia, el texto y dirección de A Panadaría y Gena Baamonde, huye de efectismos, dramas y poses oníricas. El texto está construido con retales de humor, que suavizan la tragedia interna de dos mujeres condenadas por amarse, que trasladan con ternura los baches y curvas de viajes forzados en diligencias o trenes para hacer más digerible la forzada huida de las protagonistas.

El texto y el talento de sus actrices llenan la acción sin apenas escenografía. De una iglesia a un tren. De una diligencia a un café portugués. De una cárcel a un barco. Todo funciona, todo es creíble. Hay mucha y buena música sin instrumentos: lírica, fado, un pseudo rap al macho y hasta una desternillante "españolada" bien resuelta por las intérpretes gallegas.

Estos espectáculos de piel que programa el Falla se desarrollan en el escenario, pero el público en vez de sentarse en el patio de butacas se dispone también sobre el escenario, de forma que el patio de butacas es el fondo de la escena. En general, permanece a oscuras , pero A Panadaría aprovecha la belleza del teatro para dibujar una de las escenas más emocionantes de la obra, cuando Elisa y Marcela huyen en barco a Argentina y las luces del patio de butacas del Falla se encienden a modo de noche estrellada. Los espectadores, que completaron el aforo, respondieron con risas y aplausos durante toda la obra, con ovación final.

El rastro de Elisa y Marcela se perdió en América, pero quedó esa foto en blanco y negro para recordar su atrevimiento, para convertirlas en símbolos de lucha. Es una obra que subraya con rotulador grueso, algunas veces con exceso, la reivindicación del amor libre y también el poder de las mujeres. Lo mejor, sin duda, son ellas. Areta Bolado, Noelia Castro y Ailén Kendelman sorprenden cambiando de personajes en un simple pestañeo, representando más de una treintena de hombres, mujeres y hasta objetos (maravillosos monólogos del puro, el documento y el mate) con una soltura impecable. En un ejercicio absoluto de generosidad interpretativa las tres actrices brillan por igual. Como si hubiesen pactado el reparto equitativo de talento.

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