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Martes, 19 de Noviembre de 2019

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La decadencia carcome al Sporting

Roto futbolísticamente, el equipo rojiblanco se hunde en la tabla tras tirar el partido ante el Alcorcón en una primera parte bochornosa que no presenció desde el palco el presidente Javier Fernández

El Sporting decae. En todos los sentidos. Destrozado deportiva, anímica e institucionalmente, el Sporting sigue arrastrando su escudo por el fango, tanto el clasificatorio, como el futbolístico y, desde luego, el de la imagen y el liderazgo. El equipo no reacciona, el entrenador tampoco y más arriba no hay nadie a los mandos. Esto último, literalmente.

Si la imagen en el césped ante el Alcorcón fue bochornosa, con un equipo desesperante al que en las próximas horas pueden dar caza los rivales que están en descenso, no menos triste lo fue la imagen de la primera fila del palco presidencial, casi vacía, ausente una vez más el dueño, presidente y única autoridad Javier Fernández, el presidente más caro y posiblemente el peor de la historia del Sporting. Solo un miembro del consejo, Fernando Losada, presenció en vivo la peor primera parte en muchos años en El Molinón. Al margen del director deportivo Miguel Torrecilla, el de los fracasos encadenados, el de las declaraciones delirantes que han caído como una bomba en el vestuario, el que hace tres días ratificaba a José Alberto López y ahora ya no sabe dónde meterse. Salía del campo sin hacer declaraciones; eso que gana el Sporting. Representatividad, criterio y liderazgo, cero. Una entidad a la deriva, que vive un momento trágico y muy peligroso, con riesgo real incluso de salir del fútbol profesional. ¿Por qué es imposible, con lo mal que se están haciendo las cosas? Hay margen para mejorarlo pero también para empeorarlo. Y es evidente que la entidad no está en las mejores manos posibles.

El ridículo ante el Alcorcón, el que imaginamos que el dueño vio por televisión, el que padecieron 17.560 espectadores en la grada, confirmó la sensación de que el Sporting es un equipo roto, impotente y superado por los acontecimientos. Igual que su entrenador, absolutamente desbordado y más discutido que nunca. Lo cambia todo para que no cambie nada. Al menos no a mejor. La reacción de la segunda mitad (qué menos) no engaña; es un argumento tramposo. Solo los muy ingenios lo comprarán y se irán aliviados a la cama. No vale empezar a competir cuando el rival ya da el partido por ganado, ya ha hecho los deberes y se limita a esperar su oportunidad o, sencillamente, a dejar pasar el tiempo. Claro que el Sporting fue mejor en la segunda mitad; peor era imposible. Pero no sirve de nada si en la primera parte el rival te arrolla, te mete tres goles y deja en evidencia todas tus carencias. Y tampoco sirve la reacción si tienes un ataque pésimo, que necesita decenas de ocasiones para marcar algún gol. Caro sale cada gol de Djurdjevic esta temporada. Del resto, tampoco se pueden esperar.

La primera mitad fue catástrofica, encajando tres goles a cual más ridículo. El desquicie es tal que ya no es que el equipo sea nulo en ataque, es que la defensa que otrora fuera seria se convirtió este sábado en una comedia. Pero sin gracia. 

En la segunda mitad José Alberto movió el banquillo y el Sporting al menos generó peligro. Marcó un gol Djurdjevic, cuando el encuentro ya agonizaba y buena parte del público ya se había ido a su casa. Lo hizo después de unas cuantas llegadas, en las que principalmente el serbio, pero también sus compañeros, demostraron su nulidad ofensiva. 

Es tal la mediocridad que los sportinguistas se pasarán el fin de semana cruzando los dedos para que los peores equipos de la categoría, los que están en descenso, no ganen sus partidos y no alcancen los once puntos que tiene el Sporting. Pero no valdrá con eso: o alguien reacciona ahí dentro o la amenaza del desastre pende sobre la entidad. A José Alberto López se le ha acabado el crédito para buena parte del sportinguismo. Dentro del club, aunque hoy no se tomara ninguna decisión, hay muchas dudas. La pregunta del millón es: ¿un cambio de entrenador arreglará este desastre?

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