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Martes, 12 de Noviembre de 2019

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"Decían: hasta que la mamá no se muera, no podemos tirar a Vicente"

Antonia, hermana de la víctima, achaca la deriva de las relaciones familiares a la manipulación de que eran objeto sus sobrinas. Las dos que han declarado lo rechazan pero admiten que había "espionaje" entre ellas y su hermano

Antonia Martínez, la hermana de Carmen Martínez, viuda del expresidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), Vicente Sala, a su entrada a declarar en los juzgados. /

En la cuarta sesión del juicio del caso Sala han declararado dos hijas de María del Carmen Martínez, la víctima, y su hermana, Antonia Martínez, la primera en testificar, y que ha descrito un ambiente familiar idílico hasta la muerte del padre.

Hacia 2014 las relaciones empeoraron tanto que eran frecuentes los comentarios entre las hijas deseando que su madre muriese para que el control del emporio no pasase al hermano. Al acusado, Miguel López, Antonia lo ha calificado como un "gran manipulador", impulsivo y aficionado a las armas.

Las dos hijas que han declarado han reconocido que en la familia se espiaban y que accedieron a documentos e hicieron un inventario de las joyas de su madre, siguiendo consejos de sus abogados.

Antonia Martínez ha arrancado su testimonio diciendo que para ella Mari Carmen, su hermana, era como su madre y estaban "muy unidas". Vivían compartiendo y "comprando todo a todos por igual" hasta que tras la muerte en 2011 de Vicente Sala, el expresidente de la CAM, todo empeoró al pretender traspasar Mari Carmen la acción de oro de Samar, a su hijo Vicente, "el único que sabía llevar la empresa", ha dicho, y "en bien de todos". Entonces, las relaciones empezaron a enrarecerse, las hijas levantaron "barreras" entre los chalets del propio terreno que compartían con su madre y les vetaron a ambas la entrada. Llegamos a "un callejón sin salida", ha dicho Antonia.

La tía achaca lo sucedido a sus tres sobrinas "habían sido manipuladas por unos maridos que no eran los adecuados". Y en este punto ha definido a Miguel López, el acusado, como una persona muy impulsiva, aficionado a las armas, "con un pronto malo y con soluciones para todo".

Ese carácter "desagradable", como lo ha definido, es la causa de que el día de autos, el 9 de diciembre de 2016, dejase a su hermana sola en el lavadero donde luego asesinada, tras ver que Miguel López, al que ella siempre evitaba, las saludaba de lejos. De haberse quedado, podría no haber pasado lo que sucedió, "o haber sido dos las víctimas", ha llegado a decir.

Fuensanta Eva, esposa de Miguel López, se ha acogido a su derecho a no declarar. Por su parte, María del Mar y Antonia Sala Martínez, las otras dos hijas, han reconocido que había bandos en la familia, al admitir que espiaban a su hermano; según Mar, lo hicieron asesoradas por sus abogados.

Eso sí, han negado que fueran influenciadas por el acusado en lo referente a la gestión empresarial y han quitado hierro a las tensiones familiares, como el Consejo en que su hermano Vicente acabó siendo cesado. Ambas han insistido en que, no obstante, no se le relevó como director general porque "lo hacía bien".

Los hijos del matrimonio han quedado también dispensados legalmente de declarar. Este viernes la sesión continuará con seis testimonios más, entre ellos el de un abogado, vecino de los Sala, Antonio Moreno Cánovas, quien a petición de la víctima intentó mediar en el conflicto familiar, con un acuerdo por escrito que luego no se llegó a aplicar.

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