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Domingo, 17 de Noviembre de 2019

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Cómo vivir con 128 euros al mes

Ponemos rostro a la pobreza en el Barrio del Guadalquivir, visitando el comedor social de la Fundación Don Bosco.

Grupo de vecinas del barrio del Guadalquivir en la 'Cocina Social' de la Fundación Don Bosco con Elena, su directora. /

En la sede de la Fundación Don Bosco en el Barrio del Guadalquivir han habilitado un comedor para las familias que necesitan ayuda para comer diariamente y son las propias familias las que acuden a preparar esa comida que luego distribuirán en sus hogares.

Allí conocemos a María del Carmen, canaria que lleva 19 años en Córdoba y que vive con su marido y su hija con una renta mensual de 128,8 euros. Su marido está parado de largo duración, su hija tiene 9 años y ella es camionera. Su marido está realizando cursos de cocinero buscando otro camino para salir adelante. “Ya va siendo hora, nos ahogamos”. “Si mi marido consigue un trabajo, con 600 euros sería capitán general y multimillonario en el barrio”, concluye.

Alfonsi tiene vivienda en propiedad en el barrio, pero tan solo ingresan 430 euros de ayuda social para los cinco que viven en su casa, el matrimonio y tres hijos de los que dos abandonaron los estudios. La esperanza es su otra hija, que sí sigue estudiando. Cuando le preguntan cómo se apañan responde con un muy gráfico “yo qué sé”.

Isabel lleva seis meses con el agua cortada en su casa. “No me llega para comer”, afirma, y detalla que cobra 280 euros y con ellos tiene que atender a sus nietas que viven con ella porque su hija está presa. Y cuenta cómo se organiza para buscar recursos: “Compro un juego de sábanas o un bote de aceite y lo rifo para sacar algo”.

En casa de Rafaela son cuatro, pero dos de ellos están presos. “Echas el salario y me los quitan porque están presos”. Cobran 430 euros de ayuda social, recientemente le han cortado el agua y no llega a pagar las facturas, “llevo sin pagar piso…”, asegura.

Todas quieren un trabajo digno y no vivir prácticamente sin aliento. Buscan oportunidades, sobre todo para las nuevas generaciones, pero no sienten que sean importantes para las administraciones. Y sufren meses de espera para ser atendidas en Servicios Sociales por su escasez de recursos, sobre todo humanos. Y más de un año para poder gestionar la renta mínima de inserción.

Eso sí, la cocina en la que participan les da fuerzas y les sirve de espacio de encuentro. Las empodera para seguir adelante. Aunque cada día, para estas familias, sea un reto de supervivencia.

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